Ciudad de México.- Tras entonar una de las coplas del himno nacional: «¡mexicanos al grito de guerra!», para cerrar la sesión permanente en la cámara de senadores, la tarde de ayer se suscitó un enfrentamiento entre el presidente del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Alejandro Moreno y el presidente de la Mesa Directiva de dicho recinto, Gerardo Fernández Noroña, de Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), quienes protagonizaron una trifulca frente a la audiencia en la que evidenciaron su llamado a la masculinidad violenta.
Este llamado fue evidenciada todo el día durante la sesión en ambos legisladores. Fernández Noroña en el debate utilizó términos homófobos para referirse al diputado Federico Doring al decirle: «macho calado», incluso desde la Mesa que dirige, lo invitó a un reto posterior cuando termine su cargo, además, los gritos fueron una constante durante su moderación.
Por su parte, Alejandro Moreno generó violencia a lo largo del día que terminó con empujones, gritos, imposición, manotazos y encaramientos, junto con un cerco que llevó hacia al senador presidente del Senado para agredirlo. Esto desató la trifulca en la que otras personas también resultaron agredidas como la diputada Dolores Padierna.
En este punto es necesario citar a la filósofa feminista Rita Segato quien señala en Contrapedagogías de la crueldad, que «existe violencia de género intra-género, y la primera víctima del mandato de masculinidad son los hombres: obligados a curvarse al pacto corporativo y a obedecer sus reglas y jerarquías desde que ingresan a la vida en sociedad». Afirma que es la familia la que los prepara para esto. «La iniciación a la masculinidad es un tránsito violentísimo. Esa violencia va más tarde a reverter al mundo».
Segato también afirma que el mandato de masculinidad «exige a los hombres probarse hombres todo el tiempo; porque la masculinidad, a diferencia de la femineidad, es un estatus, una jerarquía de prestigio, se adquiere como un titulo y se debe renovar y comprobar su vigencia como tal».
Posterior a los hechos, Fernández Noroña hizo uso de los medios de comunicación informativos para proyectarse como víctima de Moreno. Con las periodistas Carmen Aristegui como Gabriela Warketin durante su entrevista, se equiparó con las mujeres que son violentadas sexualmente en México, lo que desató la indignación de defensoras.
En este punto es necesario señalar que de acuerdo con el Balance Anual de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), en 2023 se registraron 9 mil 802 casos de personas de 1 a 17 años atendidas en hospitales por violencia sexual, de las cuales el 92.3% correspondían a mujeres.
La violencia sexual ejercida contra niñas, niños y adolescentes es una problemática que pone en vulnerabilidad sus derechos humanos, pues afecta su integridad física, psicológica, y desarrollo integral.
Cabe señalar que ambos senadores, Moreno y Fernández, ninguno se exime de haber enfrentado durante su carrera política acusaciones por violencia contra las mujeres. Más allá de quién lanzó el primer golpe o de a qué fracción política pertenezcan, los dos personajes involucrados en el encontronazo tienen denuncias de legisladoras.
Alejandro de Moreno, fue denunciado en enero del 2024 por la diputada federal del PRI, Montserrat Arcos Velázquez ante el Instituto Nacional Electoral (INE) , quien tambien denunció al presidente del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRI, incluido Hugo Eduardo Gutiérrez Arroyo, secretario de Finanzas; por violencia política de género tras negarse a «un esquema de corrupción y desvío de recursos por 32 millones de pesos destinados a la capacitación de mujeres del Organismo Nacional de Mujeres Priístas»; situación que le ha derivado en violencia por parte de la dirigencia del partido.
Alito, acusado de violencia política y «pedir moches» del Organismo de Mujeres Priístas
Para el 10 de octubre del 2024 la senadora Gina Geraldina Campuzano Gutiérrez, del Grupo Parlamentario de PAN (PAN) presentó ante el Instituto Nacional Electoral (INE) una denuncia en contra del presidente de la Mesa Directiva, Gerardo Fernández Noroña, por violencia política en razón de género.
Así lo informó la coordinadora de la bancada panista, Guadalupe Murguía Gutiérrez, acompañada de la senadora Gina Campuzano, quienes condenaron las burlas y expresiones sexistas de Fernández Noroña con relación a los hechos ocurridos en la sesión del 12 de septiembre en Xicoténcatl, cuando de manera involuntaria se abrió la blusa de la senadora.
Señaló que en un video publicado en su canal de Youtube, el presidente de la Mesa Directiva hacía referencia el hecho mediante burlas misóginas y ofensivas.
“Las expresiones que utiliza el senador Noroña para referirse al suceso, constituyen de suyo un ejemplo típico de violencia política en razón de género”, afirmó Murguía Gutiérrez.
El machismo mata
Este hecho violento no solo fue entre dos funcionarios de primer nivel del gobierno mexicano, sino que derivó en el involucramiento de al menos 12 hombres más, quienes se enrolaron en el bucle de violencia respondiendo de forma machista y desde el pensamiento feminista se ha hecho hincapié en que «el machismo mata».
De acuerdo con la periodista Lucía Lagunes Huerta, en su columna «El machismo mata» señala que
«Cuando desde el movimiento feminista se creó la frase “el machismo mata”, no sólo se refiere a la acción directa, sino a todo un sistema que genera, alimenta y construye las condiciones para que esto ocurra»
La periodista Lagunes Huerta, menciona en su texto que «el machismo mata y lo hace a la luz de sociedades, gobiernos, instituciones, religiones, medios de comunicación y escuelas, ante el mundo entero. Mata dentro y fuera de casa, mata con manos masculinas y con las negligencias institucionales».
De acuerdo con la última Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021, al menos 39.9% de las mujeres que tienen o tuvieron una relación de pareja, experimentaron alguna situación de violencia. Asimismo, datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública entre 2015 y 2021, registraron un millón 450 mil 876 casos de violencia familiar en México.
Por otro lado, la Red Nacional de Refugios (RNR) informó que los primeros 4 meses del 2025 hubo un aumento de violencia contra las mujeres en donde tuvieron que dar acompañamiento a 5 mil 720 mujeres y mil 19 infancias, siendo este un aumento del 18% con respecto al año anterior. Por grupos de edad, la RNR identificó que son las mujeres de entre 15 y 25 años, seguido de un grupo de mujeres entre 26 y 35 años y finalmente de 36 a 50 años.
De la misma manera, 1 de cada 10 mujeres ingresaron solas debido a que sus hijas e hijos le fueron arrebatados por su agresor. También se identificó que el principal agresor de las infancias y de las mujeres son las exparejas hombres, en el 83.7% de los casos, las infancias reconocen a su papá como su principal violentador.
Los mexicanos al grito de guerra
La respuesta machista de Moreno y Fernández, no es ajena al resto de la población que crece y se desarrolla en sociedades patriarcales donde se naturaliza que los hombres griten, empujen, pateen, es decir, lastimen el cuerpo, dignidad e integridad de otra persona para imponerse.
Por ejemplo, las declaraciones de Alejandro Moreno, uno de los involucrados, lo confirma cuando a través de su red social X afirmó en una publicación: “Pero conmigo se equivocan. Yo no me doblo, no me rajo y no me dejo (…) yo siempre voy a responder de frente, con carácter y sin miedo”.
Hasta el momento la sociedad ha sido permeada y adoctrinada con este modelo educativo, pues bajo chistes, frases, acciones u omisiones, la violencia se vuelve el medio por el que se demuestra la valía del género masculino “ser un hombre de verdad”.
Entonces entendemos que la violencia que parece desbordarse hoy en día en México y que cobra la vida de las mujeres, es solo la punta del iceberg de todo lo que se construye en sociedad, donde todos somos espectadores de enfrentamientos y riñas, como parte de nuestra cotidianidad.
La confrontación ejemplifica la masculinidad hegemónica que se traduce en actos violentos, pues esta estructura moldea a los hombres bajo la idea de que la violencia es un requisito indispensable para competir, demostrar fuerza, imponerse y dominar a quien se le ponga enfrente.
No se trata de una condición biológica, sino de una construcción social aprendida y reproducida por el sistema patriarcal. Desde temprana edad, los varones son educados para creer que ser hombre implica ejercer control mediante la agresividad. Esa lógica se filtra en todos los ámbitos sin distinción de cultura, clase social o estado civil, consolidando la violencia como una forma aceptada y, en muchos casos, esperada.
Lo que sucedió en el Senado responde a esta lógica y visibiliza la importancia de deconstruir estereotipos patriarcales que perpetúan y normalizan violencias.