Inicio AgendaSin financiamiento, no se detendrá la mutilación genital femenina antes de 2030

Sin financiamiento, no se detendrá la mutilación genital femenina antes de 2030

Por Wendy Rayón Garay

Ciudad de México.- A cuatro años de alcanzar el plazo límite para erradicar la mutilación genital femenina (MGF) en 2030, el mundo enfrenta un momento decisivo ante la falta de financiamiento e inversión que podrían revertir los avances logrados en la última década, según advirtieron el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).

Este 6 de febrero se conmemora el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina (MGF) como una forma de visibilizar que persisten violaciones de los derechos humanos fundamentales de las niñas y las mujeres en el mundo.

Actualmente, se tiene registrado que existen más de 230 millones de mujeres quienes fueron sometidas a esta práctica y se estima que para 2030 se sumarán 22.7 millones de mujeres más a las estadísticas.

Información proporcionada por UNFPA indican que cada año, cuatro millones de niñas son sometidas a una MGF y al menos dos millones de ellas tenían menos de cinco años. Además, en las últimas tres décadas se ha registrado una disminución en el número de casos logrando que solo 1 de cada 3 niñas atraviesen esta experiencia, pero tendrían que aumentar 27 veces para erradicar la práctica antes del 2030.

Debido a los cambios geopolíticos en el mundo, la falta se presenta como una constante cuando se trata de un recurso vital para proteger los logros alcanzados, mantener el impulso y garantizar que actores nacionales y comunitarios sigan trabajando para la erradicación de la MGF, según describen UNICEF y UNFPA.

Los datos de las organizaciones muestran que por cada dólar invertido se obtiene un rendimiento de diez dólares. Cuando no se actúa para la erradicación del MGF el tratamiento para atender las complicaciones de salud derivadas de la práctica ronda entre los mil 400 millones de dólares al año en los sistemas sanitarios.

Por ello, las organizaciones hicieron un llamado a la inversión para integrar la prevención de la MGF en los programas educativos, sanitarios y económicos; ampliar la financiación para reforzar la movilización de recursos nacionales y la participación del sector privado; invertir en sistemas nacionales de datos para realizar seguimientos y diseñar políticas basadas en la información.

Una práctica violatoria a derechos humanos de las mujeres

Al día de hoy en algunos países del mundo, nacer mujer conlleva vivir la extirpación parcial o total de sus genitales externos, aunque también involucra todo tipo de lesiones causadas en esta área. Los motivos no son médicos. Se trata de una violación a derechos humanos impulsado por creencias culturales y sociales en donde impera la mirada machista y patriarcal sobre las cuerpas. 

Amnistía Internacional indica en su texto ‘La mutilación genital femenina y los derechos humanos’ que cada año 2 millones de niñas, adolescentes y mujeres corren el riesgo de que les realicen una MGF, lo que se traduce en 6 mil casos al día. La población más propensa son las mujeres africanas, pero hay rastro en comunidades inmigrantes de zonas como Asia, Pacifico, América del Norte, Latinoamérica y Europa.

De manera inmediata hay una afectación física. En el momento en el que se hace la MGF, pueden presentarse dolores, conmoción, hemorragias y daños en los órganos que rodean al clítoris y los labios. Después puede haber retención de la orina y en algunas situaciones, infecciones graves debido a diversos factores como la utilización del mismo instrumental en varias mujeres. 

El primer acto sexual sólo puede realizarse después de la dilatación gradual y dolorosa de la apertura que ha quedado. Además, esta puede ser dolorosa o peligrosa. También hay que señalar que llegar a la satisfacción sexual es complicado debido a que durante la mutilación se extrae una parte o totalidad del clítoris.  

Si hablamos del parto, el tejido donde queda la cicatriz se desgarra. Y cuando surge un problema médico, se le atribuye a una supuesta “promiscuidad” de las mujeres, invisibilizando lo que ha tenido que enfrentar por esta práctica violatoria a derechos humanos.

Los estragos psicológicos son más profundos. Los relatos revelan que las mujeres han sentido ansiedad, terror, humillación y traición. A pesar de los traumas presentados su mayor temor es la aceptación por la sociedad.

Entre otras problemáticas que pueden desarrollar las mujeres se encuentran: urinarios como micción dolorosa e infecciones del tracto urinario; vaginales entre las que están leucorrea, prurito, vaginosis bacteriana y otras infecciones; menstruales desde dolor; sexuales como coito doloroso y menor o nula satisfacción; mayor riesgo de complicaciones en el parto (parto difícil, hemorragia, cesárea, necesidad de reanimación del bebé); intervenciones quirúrgicas; y trastornos psicológicos como depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático y escasa autoestima.

Un sistema patriarcal, raíz de la mutilación femenina

Existen diferentes creencias sobre las razones de la MGF como la identidad cultural, sexual, salud, higiene, estética y religión, pero todas apuntan a un sistema patriarcal que dictamina cómo debemos de comportarnos, pensar, sentir, hacer y lucir.

Desde la identidad cultural la mutilación define quién pertenece a un grupo o comunidad y marca el inicio de la etapa adulta, incluso si siguen siendo niñas. En el ámbito sexual, se estima que la MGF es un control para mitigar el deseo sexual de las mujeres antes del matrimonio ya que se pone en duda su capacidad de no sostener relaciones sexuales por su voluntad.

Dentro de otras creencias que se mantienen vigentes en nuestros días, pero que carecen de sustento se resumen en pensar que la MGF es sinónimo de limpieza e higiene; que los genitales femeninos pueden crecer hasta ser incómodos para ellas; que el clítoris es peligroso para el pene o que, si la cabeza de un recién nacido toca este órgano, entonces morirá.

Para la médica general María José Díaz Alonso, activista en derechos sexuales y reproductivos, desde el mundo de la estética, las labioplastias se han colocado como una forma de mutilación genital.

El procedimiento quirúrgico consiste en remover una porción de labios menores hipertróficos (cuando son más grandes de lo normal), la cual cada año aumenta el número de mujeres que lo realizan bajo la promesa de verse mejores.

Resistencias desde el activismo


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