Este lunes comienza en la sede de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York, Estados Unidos la sesión número 70 de la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer, CSW por sus siglas en inglés (CSW70) cuyo tema central es el acceso a la justicia para las mujeres y las niñas.
Desde el 9 y hasta el 19 de marzo los países partes presentarán sus informes sobre las acciones emprendidas para “garantizar y reforzar el acceso a la justicia para todas las mujeres y niñas, entre otras cosas promoviendo sistemas jurídicos inclusivos y equitativos, eliminando las leyes, políticas y prácticas discriminatorias y abordando las barreras estructurales.
De acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública de enero 2025 a enero 2026 en México sucedieron 779 casos de feminicidio en todo el país. Sinaloa, Ciudad de México, estado de México y Tamaulipas concentran el 38.9 por ciento de los casos. Culiacán, Juárez, Reynosa y la alcaldía Venusiano Carranza se posicionan como las localidades de mayor incidencia.
Sin embargo en el mismo periodo, la misma fuente reporta 2 mil 73 casos de mujeres víctimas de homicidio doloso en los que Guanajuato sube al primer lugar, seguido de Guerrero, Baja California y Michoacán y unas 3 mil 207 mujeres víctimas de homicidio culposo en las que encabezan Michoacán, Jalisco, Veracruz, Chiapas y Quintana Roo.
Medio país con altas cifras de violencia feminicida y homicidio de mujeres a los que se suman 20 mil 282 casos de violación, 831 mujeres víctimas de trata, 266 mil 765 casos de violencia en el ámbito familiar.
Se estima que 7 de cada 10 mujeres vive violencia a lo largo de su vida (ENDIREH, INEGI, 2021), datos que nos invitan a pensar en las razones para que ayer miles de mujeres salieran a marchar y que no se presentarán de esta manera en la evaluación de la CSW70.
Las cifras y los testimonios de las mujeres hablan de la impartición de la justicia desde un enfoque patriarcal qué aleja a las mujeres de su ejercicio de derechos, de víctimas de feminicidio sin reparación del daño, obstáculos para la obtención de las custodias de las hijas e hijos, revictimización, criminalización del aborto, entre muchas otras qué reproducen la permisividad de la violencia y ello. afecta no solo a las mujeres sino a la sociedad.
A la impunidad del Estado que no actúa para que las mujeres accedan a la justicia, se suma la impunidad social que naturaliza la violencia contra las mujeres.
En este contexto, la movilización de cada 8 de marzo es muy importante porque llama la atención de la sociedad para hacer visibles las violencias que vivimos las mujeres, porque nos negamos a aceptar la desigualdad como un mandato y porque exigimos políticas públicas integrales para el ejercicio pleno de nuestros derechos.
La marea de mujeres que inundaron la ciudad de México y otras ciudades convive con el discurso feminista absorbido por las instituciones. Las mismas que decoran la ciudad con rostros de mujeres pero que no han logrado implementar estrategias efectivas para atender, investigar y erradicar la violencia contra las mujeres.
Qué lejos de escuchar y recibir a las víctimas está el Gobierno de México, conmemoró el 8 de marzo en un cuartel militar. La antítesis Feminista.
La movilización nos recuerda la potencia de las mujeres en exigencia de nuestros derechos. La diversidad de contingentes es igual a todos los ámbitos en los que participamos y que siguen presentando desigualdades y violencias.
Nuestros cuerpos en acción y en marcha, son un grito de resistencia y digna rabia.
