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Madres estudiantes podrían contar con servicios de cuidado infantil en universidades

Por Wendy Rayón Garay

Ciudad de México.- Desde la bancada de Movimiento Ciudadano, la diputada Ivonne Aracelly Ortega Pacheco propuso una iniciativa para que las autoridades educativas promuevan programas, apoyos y convenios que faciliten servicios de cuidado infantil para las estudiantes universitarias y de posgrado quienes son madres con la finalidad de evitar la deserción escolar y que puedan continuar con su formación.

La iniciativa pretende agregar la fracción XIV al artículo 9 de la Ley General de Educación, así como adicionar un artículo 37° BIS a la Ley General de Educación Superior. Con ello a las autoridades educativas y las instituciones de educación superior se les podrá solicitar que promuevan acciones de flexibilidad académica para que las madres estudiantes puedan equilibrar sus responsabilidades con sus actividades escolares hasta concluir sus estudios.

De acuerdo con la diputada Ivonne Ortega, es el Estado quien debe garantizar el derecho a la educación en condiciones de igualdad y eliminar barreras que dificulten la formación académica, sobre todo en grupos sociales como las mujeres quienes en ocasiones se enfrentan a condiciones de vulnerabilidad.

La diputada de MC señala que la maternidad no debe ser un impedimento para que una mujer pueda concluir sus estudios universitarios o de posgrado; sin embargo, enfatizó que, en México, muchas de ellas no cuentan con una red de apoyo, políticas o mecanismos institucionales que les permita seguir estudiando en estas condiciones o hacerlo de forma digna.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México existen 56 millones de mujeres de las cuales se estima que el 67% son madres. La Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica del 2023 especifica que hay 21 millones 211 mil 500 mujeres entre 15 a 49 años con al menos una hija o hijo nacido vivo.

No obstante, los datos del INEGI muestran que las mujeres comienzan a convertirse en madres a edades muy jóvenes: 7.7% de las madres registradas son adolescentes entre 15 a 17 años, 36.2% son jóvenes de 20 a 24 años y 62.6% son mujeres de 25 a 29 años. Dichas edades coinciden con la vida escolar de las mujeres, ya que se encuentran entre la preparatoria y la universidad.

Crédito: Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI)

El acceso a la educación es una herramienta vital para que las mujeres puedan alcanzar la igualdad de género porque les permite desafiar y definir los roles y estereotipos ya establecidos en sociedades patriarcales, no obstante, aunque cada vez más mujeres van ganando espacios en los niveles educativos es una realidad que el promedio de su educación es de apenas 9.6 años comparados con los hombres cuyo promedio asciende a 9.8 años.

Aun así, las estadísticas muestran que esta brecha poco a poco se va revirtiendo, pues las mujeres conforman la mayoría de las matrículas en bachillerato, universidad y posgrado. Entre 2017 a 2018 por cada 100 hombres matriculados en todos los niveles educativos, desde la primaria hasta la educación superior, había 101.2 mujeres inscritas. Para el ciclo escolar 2022 a 2023, por cada 100 hombres hubo 114.6 mujeres.

Aun así, las estadísticas de abandono escolar documentadas por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) señalan que entre 2019 y 2022 medio millón de mujeres de todas las edades abandonaron la escuela y que 2 de cada 5 de ellas lo hizo ante la falta de recursos, el matrimonio o embarazos que limitaron sus oportunidades para seguir estudiando.

De acuerdo con la diputada Ivonne Ortega, la maternidad temprana es un factor determinante en la deserción escolar de las mujeres. Se estima que seis de cada diez estudiantes que se embarazan abandonan la escuela, mientras que 12 por ciento de ellas interrumpe sus estudios en el bachillerato por el embarazo o nacimiento de su hija o hijo.

«Tenemos la necesidad de contar con políticas de conciliación entre estudios y maternidad, pues esas responsabilidades inciden significativamente en la continuidad de las trayectorias académicas femeninas» -Ivonne Ortega.

La realidad de ser madre y estudiante

En sociedades patriarcales, cuando una mujer se convierte en madre muchas veces debe interrumpir su proyecto de vida como los estudios profesionales para poder atender una tarea que históricamente recae en las mujeres: el cuidado de su hija o hijo. En 2025, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH) reconoció esta actividad como un derecho que se interrelaciona con otros.

De esta manera, el cuidado se describe como una necesidad básica, ineludible y universal que ayuda a la existencia de la vida humana y el funcionamiento de la sociedad. Es así que el cuidado es un conjunto de acciones que preservan el bienestar humano, como la asistencia, a quienes dependen de otra persona o requieren apoyo de forma temporal, permanente, así que se trata de una actividad necesaria para asegurar condiciones dignas de vida.

De acuerdo con la investigación «Ser madre y estudiante. Una exploración de las características de las universitarias con hijos» en México, las diferencias del paso de la juventud a la adultez se acentúan según algunas características como el sexo, el nivel socioeconómico, el grado educativo, la zona geográfica. Ante esto, son las mujeres quienes experimentan transiciones más notorias.

En ellas recae el peso de la familia como parte de sus responsabilidades, es decir, que quedan a cargo del cuidado de las hijas e hijos, así como el matrimonio o la maternidad. Aquellas que pertenecen a sectores con menos económica suelen iniciar su vida sexual, conyugal y reproductiva a edades más jóvenes, una situación que se refleja en las estudiantes.

Dentro de ese estudio, al que se encuestaron a madres universitarias, se observa que cuando deciden retomar sus estudios enfrentan diversos retos para poder ejercer la maternidad y seguir estudiando como tener que ingresar a las modalidades abiertas o realizar un examen único de conocimientos mediante el acuerdo 286 de la Secretaría de Educación Pública (SEP).

Para tomar esta decisión suelen cumplir con una serie de condiciones como «la disposición de tiempo para acomodar sus horarios en función del cuidado de los hijos, tener la solvencia económica para pagar sus gastos y adecuarse a los itinerarios escolares luego de haber tenido largos periodos de interrupciones», según detalla la investigación.

Antes de ello, ya realizaron pausas largas o concluyeron el periodo de crianza, algunas de ellas ingresaron a la par de sus hijas e hijos a la universidad. También se caracterizan por ser madres autónomas, es decir, que de forma independiente se encargan de la crianza y el sostenimiento económico de sus hijas e hijos sin el apoyo del padre.

Por esta razón, algunas de ellas deben cubrir jornadas laborales, escolares o domésticas distribuyendo su tiempo en diversas actividades lo que afecta su rendimiento académico o deben dejar a sus hijas e hijos al cuidado de terceras personas, aceptar trabajos de medio tiempo sin buena remuneración económica, o suspender sus estudios.

La investigación refiere que, tras el nacimiento del primogénito, las mujeres buscan actividades económicas o empleos formales para tener ingresos desde el comercio informal, en la misma universidad y en sus ratos libres, por lo que, los ingresos obtenidos se destinan al sustento de sus hijas e hijos o en el apoyo al gasto familiar.

Ante este panorama, se vuelve urgente que los espacios universitarios cuenten con políticas y medidas para facilitar el cuidado infantil y que las madres estudiantes no tengan que interrumpir su proyecto de vida.


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