La FIFA está muy lejos de ser una organización dedicada a la promoción del deporte. Se trata de un organismo internacional con influencia y poder político, económico y bélico. Los países anfitriones apenas alcanzan a beneficiarse un poco del negocio multimillonario de Gianni Infantino, presidente de la federación y sus aliados que se expande cada cuatro años.
A lo largo de las distintas ediciones de la Copa del Mundo, han quedado expuestas las crisis sociales y la falta de prioridades gubernamentales que suelen traducirse en manifestaciones y protestas en las inmediaciones de los estadios y en las principales avenidas de las ciudades sede.
Mientras en los alrededores del Estadio Ciudad de México, en el sur de la ciudad, las protestas fueron reprimidas, recibidas con gases, encapsulamientos y una preocupante falta de empatía institucional. Al mismo tiempo, la jefa de gobierno y la presidenta celebraban los goles en el deportivo Hermanos Galeana en la alcaldía Gustavo A. Madero, en el extremo norte de la ciudad y Harfuch felicitaba a los cuerpos policiales por su actuar con “temple y valentía”.
Lo cierto es que no sorprendió la respuesta de la 4T. La represión de la protesta social evocó episodios similares ocurridos en 1970 y 1986.
Aunque los FIFAS prefieren recordar las hazañas de Pelé y Maradona, Gustavo Díaz Ordaz y Miguel de la Madrid también dejaron su propia huella en la historia de esos torneos: una marca de autoritarismo y rechazo social. En el primero destacó el descontento por la represión contra estudiantes en Tlatelolco en 1968, el segundo por la gestión gubernamental tras el sismo de 1985. Ambos abucheados en el Estadio Azteca.
Este año, lejos de los posibles abucheos en el estadio, la presidenta recibió el mundial en una crisis de violencia expresada en más de 130 mil personas desaparecidas, entre ellas, 19 niñas cada día y 14 casos de feminicidio diarios donde las mujeres son las principales buscadoras de justicia. La protesta social ha sido recibida con indolencia y con represión.
Para las y los periodistas la cobertura no fue sencilla y tampoco libre de sexismo. La periodista Ámbar Ruiz y su colega Axel Hernández fueron detenidos ilegalmente, mientras la reportera deportiva Monserrat Gómez fue víctima de violencia sexual por parte de un aficionado quien la tocó sin su consentimiento. La violencia no es natural, no son “gajes del oficio”, mucho menos en la cobertura deportiva, un espacio históricamente masculinizado.
En el marco de este evento futbolístico, sucedió el asesinato del periodista Luis López Valdez, en Poza Rica, misma entidad donde fue desaparecida la periodista Roxana Guzmán Ramírez, directora del portal Pulso Informativo del Sureste en Nanchital, en Veracruz y a 13 días de estos hechos aún no se conoce su paradero.
Las autoridades deben actuar con la máxima diligencia y transparencia hasta dar con el paradero de la periodista y trabajar para que el ejercicio periodístico sea seguro en todos los estados.
Rechazamos el sexismo y la violencia cometida contra las reporteras en la cobertura del mundial. Falta todavía un mes de partidos antes de conocer al ganador de la copa mundial 2026. Un mes de manifestaciones y de euforia futbolera, veremos cómo se desarrolla la jornada.
Por cierto, fueron 60 días sin titular en la Secretaría de las Mujeres hasta la designación de hoy, la actual senadora Laura Itzel Castillo Juárez.
