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Marcela Lagarde llama a fortalecer la pluralidad del feminismo

Por Georgina Monroy Vázquez

Durante una reflexión sobre las claves feministas para ejercer el poder, Marcela Lagarde sostuvo que el movimiento debe fortalecer su capacidad de negociación desde la pluralidad política e ideológica para transformar las estructuras patriarcales.

La antropóloga, feminista e investigadora mexicana Marcela Lagarde y de los Ríos afirmó que uno de los principales retos del movimiento feminista es fortalecer su capacidad de negociación en los espacios de poder sin renunciar a su diversidad política e ideológica. Durante la Master Class Claves feministas para la negociación en los espacios de poder, sostuvo que el feminismo no responde a un pensamiento único, sino que encuentra su fortaleza precisamente en la pluralidad de voces, agendas y formas de acción.

Al reflexionar sobre los desafíos que enfrentan las mujeres en la toma de decisiones, Lagarde explicó que es necesario distinguir el poder entendido como dominación —que históricamente ha subordinado a mujeres y niñas— de un poder democrático y transformador, capaz de impulsar la igualdad y la justicia.

«La cuestión es resolver de frente la opresión», planteó, al señalar que las feministas deben generar herramientas y recursos que permitan estructurar una política con perspectiva feminista capaz de disputar las relaciones de poder.

La académica sostuvo que el feminismo ha construido, durante décadas, una visión histórica propia que ha permitido reconocer la condición de las mujeres y diseñar agendas específicas para enfrentar las desigualdades.

La pluralidad, una fortaleza del feminismo

Lagarde enfatizó que las mujeres participan en distintos ámbitos y organizaciones, por lo que resulta imposible hablar de una sola voz dentro del movimiento.

«El feminismo es un pensamiento basado en la pluralidad política, ideológica y de acción», afirmó.

Desde esa diversidad, explicó, cada mujer reivindica distintas causas y formas de participación, mientras el reconocimiento de las diferencias se convierte en la base para construir acuerdos y fortalecer la negociación política.

Para Lagarde, reconocer a las otras mujeres como sujetas políticas, con capacidad de diálogo e intercambio, permite generar consensos antes incluso de establecer negociaciones con otros actores políticos.

Asimismo, señaló que una de las claves para disputar los espacios de poder consiste en que las propias feministas asuman la responsabilidad democrática de identificar y erradicar las causas que sostienen la dominación patriarcal, al tiempo que construyen alternativas para sustituir ese modelo.

«La pregunta no sólo es reconocer la dominación, sino imaginar cómo sería una sociedad sin ella y qué proponemos como alternativa», reflexionó.

¿Qué sigue para la agenda feminista?

Lagarde sostuvo que uno de los debates centrales para el movimiento consiste en definir la agenda de los próximos años. Afirmó que el feminismo constituye una visión del mundo y de la vida, por lo que la participación política de las mujeres debe entenderse como una acción legítima y transformadora, no como una concesión otorgada por otros actores.

«La negociación no pretende que alguien nos otorgue derechos, sino participar en la política con una visión abierta, democrática y firme», sostuvo.

Reconoce la agenda impulsada por Claudia Sheinbaum

Durante su participación, Marcela Lagarde también destacó la relevancia histórica de que México tenga por primera vez una presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo.

Consideró que la mandataria ha ido construyendo una agenda pública que incorpora diversos temas impulsados históricamente por el movimiento feminista y afirmó que ello refleja décadas de innovación política y de construcción colectiva de las mujeres.

En ese contexto, subrayó que los derechos sexuales y reproductivos siguen siendo indispensables para garantizar la libertad de las mujeres y ampliar sus posibilidades de decidir sobre sus proyectos de vida.

Transformar el orden patriarcal

Finalmente, Lagarde sostuvo que el objetivo del feminismo no debe limitarse a defender a las mujeres frente a las expresiones conservadoras, sino avanzar hacia una transformación profunda del orden social.

Afirmó que el movimiento busca constituir a las mujeres como sujetas plenas de derechos, libertades y participación democrática, mediante la construcción de un poder moderno que sustituya las estructuras patriarcales.

Recordó que el feminismo es una expresión de la modernidad y que su fuerza radica en la capacidad de cuestionar críticamente la experiencia de las mujeres, bajo la premisa de que «lo personal es político», principio que, dijo, ha permitido transformar tanto las vidas individuales como las estructuras sociales.

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