Laura Velázquez Florencio falleció en un accidente de tránsito. Durante casi una década acompañó a su madre, Lidia Florencio, en la exigencia de justicia por el feminicidio de su hermana Diana, un caso emblemático documentado por CIMAC.
Laura Velázquez Florencio, hermana de Diana Velázquez Florencio, víctima de feminicidio cuyo caso se convirtió en un referente de la lucha contra la impunidad en el Estado de México, falleció el pasado 7 de julio tras un accidente vial mientras circulaba en bicicleta sobre el Circuito Exterior Mexiquense. Su muerte ha generado indignación entre colectivas y organizaciones, que exigen una investigación diligente y sin las omisiones que la familia enfrentó durante años para obtener justicia por Diana.
Su fallecimiento provocó una profunda conmoción entre colectivas feministas, organizaciones civiles y familias de víctimas de feminicidio, quienes durante años caminaron junto a ella y a su madre, Lidia Florencio en la búsqueda de verdad y justicia.
En un pronunciamiento difundido por personas cercanas y organizaciones que acompañaron su lucha, se recordó que Laura fue «hermana, hija, amiga, compañera, defensora, buscadora de justicia, ciclista, cuidadora y creadora», una mujer que transformó el dolor en acompañamiento para otras víctimas.
De exigir justicia para Diana a acompañar a otras familias
La historia de Laura quedó marcada desde el feminicidio de su hermana Diana Velázquez Florencio, ocurrido el 2 junio de 2017 en Chimalhuacán, Estado de México.
El caso evidenció graves omisiones de la entonces Procuraduría mexiquense. Diana permaneció horas sin ser identificada debido a errores de las autoridades, mientras su familia la buscaba desesperadamente. Durante años, Lidia Florencio y Laura denunciaron negligencias, revictimización y obstáculos institucionales para esclarecer el crimen.
Tras una larga lucha, en enero de 2022 el feminicida, Jesús Alejandro Montes Moreno fue sentenciado a 93 años y 3 meses de prisión, convirtiéndose en un caso emblemático sobre las fallas en el acceso a la justicia para las mujeres y la persistencia de las familias que enfrentan la impunidad.
El 2 de junio de 2017, la joven Diana Velázquez Florencio fue privada de su libertad, violentada sexualmente y asesinada; su cuerpo fue abandonado en un terreno baldío en Chimalhuacán, Estado de México.
Diana tenía 24 años de edad, salió de su casa por la mañana y ya no regresó. Hoy se sabe que también cursaba un incipiente embarazo. Su familia la halló cinco días después en un Servicio Médico Forense (Semefo) de Nezahualcóyotl, un municipio contiguo, al que ya habían ido a buscarla. Las autoridades mexiquenses habrían encontrado su cuerpo con signos de violencia sexual, el mismo día que desapareció; sin embargo, la autoridad municipal no informó oportunamente a su familia porque registró el cadáver como masculino.
Una vez identificado el cuerpo de Diana, la autoridad del Edomex tardó muchos meses para entregar a Lidia, la madre de Diana, una valoración de ADN que confirmara la violencia sexual a la que fue sometida, también le impuso obstáculos por trámites burocráticos para hacer una exhumación oportuna del cuerpo para obtener más pruebas, y se perdió la ropa que llevaba la joven el día de su asesinato. Por estas omisiones, la madre de Diana batalló años para conseguir que su caso fuera investigado por la Fiscalía Especializada de Feminicidio.
Sin embargo, para Laura la sentencia nunca significó el final de su activismo. Continuó acompañando a madres buscadoras, familias de víctimas de feminicidio y mujeres que enfrentaban procesos judiciales marcados por la violencia institucional.
La bicicleta como una forma de resistencia
El pronunciamiento difundido tras su muerte recuerda que Laura no sólo ocupaba las calles con su labor de acompañamiento.
También eligió la bicicleta como una forma de reclamar el espacio público y ejercer su derecho a transitar libremente.
«Eligió la bicicleta como una forma poderosa de transitar, de luchar y de reclamar el espacio público. Salir a rodar para ella era fuerza, vida y energía. Sabemos que en este país, esa elección no está exenta de vulnerabilidad y peligro debido a la violencia vial», señala el texto.
Laura y su madre utilizaban con frecuencia la bicicleta durante sus recorridos, protestas y actividades de visibilización del caso de Diana, convirtiéndola en un símbolo de resistencia y de ocupación de un espacio público históricamente hostil para las mujeres.
Piden investigación sin omisiones ni revictimización
Las personas firmantes del posicionamiento hicieron un llamado a las autoridades del Estado de México para que la investigación sobre la muerte de Laura se realice con diligencia y sin repetir las irregularidades que marcaron el caso de Diana.
«A las instancias de justicia del Estado de México, que no repitan las omisiones y violencias a las que la familia Velázquez Florencio se ha enfrentado en estos años de búsqueda de justicia por Diana», señala el documento.
