El encuentro busca reconocer el trabajo de las mujeres dentro del movimiento sonidero.
Las mujeres volverán a ocupar el centro de la pista de baile. El próximo sábado18 de julio se realizará la novena edición de Musafest, un encuentro que reunirá a más de 50 sonideras en el histórico Salón Los Ángeles, con el objetivo de reconocer su aportación a una de las expresiones más representativas de la cultura popular mexicana y demostrar que el movimiento sonidero también tiene voz femenina.
Durante décadas, el ambiente sonidero estuvo dominado casi exclusivamente por hombres. Sin embargo, en los últimos años las mujeres han ganado presencia detrás de las tornamesas, como locutoras, organizadoras y promotoras culturales, abriendo camino para nuevas generaciones interesadas en este género musical.
De acuerdo con las organizadoras, Musafest nació precisamente para visibilizar el trabajo de las mujeres dentro de esta escena, crear redes entre ellas y fortalecer un movimiento que continúa creciendo en distintas alcaldías de la Ciudad de México y otros estados del país.
El festival reunirá a exponentes con amplia trayectoria y a jóvenes talentos que compartirán una misma pista, en un intercambio generacional que refleja la evolución del movimiento sonidero y la creciente participación femenina en la preservación y difusión de este patrimonio musical.
La celebración comenzará a las 18:00 horas del 18 de julio en el Salón Los Ángeles, ubicado en la colonia Guerrero, alcaldía Cuauhtémoc. Los boletos tienen un costo de 300 pesos en preventa y 350 pesos el día del evento.
Un espacio para romper estereotipos
Más allá del baile, Musafest busca cuestionar la idea de que el sonidero es un espacio exclusivo para los hombres. Las mujeres participantes no sólo seleccionan y mezclan música; también construyen comunidad, recuperan la memoria de este movimiento popular y promueven la participación de más mujeres en una escena donde históricamente enfrentaron barreras y estereotipos.
La diversidad de estilos y generaciones que confluyen en el festival evidencia cómo las mujeres han contribuido a renovar la cultura sonidera sin perder su esencia, consolidando un espacio donde la música también funciona como herramienta de identidad, resistencia y convivencia comunitaria.
