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Arely y la cercanía de la violencia

Por Cirenia Celestino Ortega

Soy de raíz zacatecana, específicamente de El Chique, en el municipio de Tabasco, Zacatecas. Zacatecos y caxcanes fueron los principales pueblos chichimecas que habitaron esta región. 

Hoy Zacatecas también está marcado por otra historia. El gobierno morenista de David Monreal Ávila, en Zacatecas, la violencia feminicida y los delitos cometidos por grupos criminales permanecen silenciados. Para las y los zacatecanos esta realidad se pierde en la cotidianidad. Las comunidades se acostumbran al ir y venir de camionetas sospechosas, halcones y hombres armados en las fiestas patronales que ya son parte del paisaje.

El Chique, así como otros ranchos cercanos se caracterizan por la migración temporal de los hombres jóvenes y adultos con visa de trabajo para viajar a Estados Unidos a la pisca de fresa, arándanos, pepino y otros cultivos.

Así, los poblados quedan custodiados por hombres mayores, niñas, niños y mujeres jóvenes y adultas que esperan las fiestas patronales para la visita de todos esos que vienen del norte. Muchos no vuelven.

La ausencia masculina termina por formar parte de la vida cotidiana. Generaciones enteras de niñas y niños crecen entre despedidas, mientras las mujeres sostienen los hogares y las comunidades. La movilidad laboral y la presencia del crimen organizado han transformado profundamente el tejido social de esta región, hasta el punto de que aquello que antes habría provocado indignación hoy parece pasar inadvertido.

La complejidad de la movilidad en esta región y la presencia del crimen organizado han dejado de llamar la atención.

Recientemente, Zacatecas fue noticia. Arely, una niña de 10 años, fue víctima de violación y violencia física por parte de un adolescente de 13 años. Sobreviviente de violencia feminicida, debido a la gravedad de sus lesiones, Arely requirió traslado de emergencia, apoyo ventilatorio mecánico, cirugía maxilofacial y cuidados intensivos.

El de Arely no es un hecho aislado. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH, 2021), 7 de cada 10 mujeres viven violencia a lo largo de su vida, particularmente 3 de cada 10 zacatecanas viven violencia antes de cumplir los 15 años, principalmente violencia física, psicológica y sexual.

Es el espacio privado, donde las mujeres deberíamos vivir seguras, donde suceden la mayoría de las agresiones. Los agresores de las niñas son sus primos, tíos o algún conocido.

Su caso también obliga a formular preguntas incómodas. ¿Cómo aprenden los niños a ejercer la violencia? ¿Qué experiencias, discursos y modelos permiten que un adolescente de trece años agreda con tal brutalidad a una niña? ¿Qué ocurre dentro de su hogar? ¿Qué referentes construyen su idea de masculinidad? ¿Qué consumen en redes sociales, en la televisión o en los videojuegos? ¿Qué papel desempeñan la familia, la escuela, la comunidad y el Estado en la formación de esas conductas?

La justicia para Arely es indispensable, pero no será suficiente si su historia se convierte únicamente en un expediente judicial. Ninguna sentencia, por ejemplar que sea, reparará el daño ni evitará que otra niña viva el mismo horror. La prevención comienza mucho antes de que intervengan las fiscalías: empieza en escuelas que eduquen en la igualdad, en comunidades que no guarden silencio y en instituciones capaces de proteger a las niñas antes de que sean víctimas.

La violencia contra las niñas no nace de un día para otro. Se aprende, se tolera y se reproduce cuando el machismo, la impunidad y el abandono institucional encuentran terreno fértil. Por eso, prevenirla exige mucho más que castigar: implica transformar la cultura que sigue enseñando a los hombres que pueden ejercer poder sobre los cuerpos de las mujeres y las niñas.

Arely nació en la misma tierra que vio nacer a mi madre y a mis ancestras. Es una niña de mi pueblo, pero también es una niña de México. Mientras existan niñas que no puedan crecer libres de miedo, ninguna comunidad podrá decir que vive en paz. La verdadera deuda del Estado no termina cuando un agresor es procesado; comienza cuando garantiza que ninguna otra niña tenga que sobrevivir para que el país vuelva a mirar hacia ellas.

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