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El gran escándalo

Por Marta Guerrero González

Es absolutamente inadmisible que el 60 por ciento de nuestros niños (debajo de 18 años) sean pobres. Así nos lo dijo la representante del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), Yoriko Yasukawa.

Casi el 33.3 por ciento de la población es menor de 18 años. Según el último dato del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), tenemos 32. 6 millones de niños y niñas. Esto porque el crecimiento de la población ha disminuido de siete hijos a 2.16 en la actualidad.

Estamos hablando que 19 millones 570 mil niños y niñas viven en la pobreza. Es tanto como decir que todos los habitantes de la gran metrópoli del Distrito Federal fueran pobres. Eso sí significaría un complot en contra de cualquier proyecto político de cualquier partido y de cualquier entidad.

Pues precisamente es lo que tenemos en nuestro territorio nacional.

La pobreza arde en la conciencia y reseca el ánimo. La pobreza también es un modo de violencia. Nuestra infancia está expuesta al maltrato, a la discriminación, abandono y al abuso. A pesar de las reformas al Código Civil y Penal en cuanto a determinar como delito la violencia familiar y aunque se persiga de oficio, la realidad dista mucho.

Probar el delito es tanto como exponer a un menor a palizas lo suficientemente fuertes como para dejar lesiones por más de quince días. Resulta indignante que un golpeador permanezca libre y sea capaz de saña brutal en contra de su pareja o de sus hijos. La violencia física generalmente se acompaña de ruido; de gritos del que pega o de llanto de los que reciben. Las marcas también hacen escándalo, los vecinos lo saben, los amigos, la familia.

Sin embargo, nadie se atreve a denunciar y en el mejor de los casos, lo hace cuando ya ha pasado demasiado tiempo. Es increíble como el factor de la evidencia ciega fatalmente a la madre o al padre, quien permite o consiente el maltrato por evitar el abandono o algún problema. Eso cuando es evidente, aún es peor cuando se trata de violación de un menor o de violencia sicológica.

Nuestros niños y niñas son vulnerables a la vista de gobiernos y sociedad y muy poco se hace para su protección.

Impera el criterio de tolerar legalmente la violencia doméstica como un asunto tutelar y educativo “en el ejercicio del derecho de corregir” mientras no pongan en peligro la vida, esto sucede con la anuencia de once entidades federativas, por más difícil de creer que nos parezca.

Los pequeños son quemados por sus padres, amarrados, quebrados y finalmente asesinados. Sólo entonces los culpables van a dar a la cárcel.

Patricia Berumen nos estremece en su libro Violencia Intrafamiliar, editado por Aldía Autoayuda; nos cuenta lo fácil que es caer en la trampa del drama cotidiano y lo extremadamente difícil que es salir de ello, pero no imposible.

Nos informa, con dirección y forma, los lugares que brindan protección, lo que hay que hacer y cómo hacerlo. Debemos difundir su lectura, porque es sencilla y alecciona. Saber sirve para enfrentar, para no estar solo, para cambiar y atreverse. Para optar por el respeto y una vida digna. Para un hogar cordial y sin violencia.

Chiapas ya puso en marcha el programa “Todas las niñas y Todos los niños a la Escuela”. En la semana de festejos del día del niño cabe esperar no más discriminación (religión, clase social, enfermedades), No más abandono, abuso, explotación, violación, violencia, miedo… hambre. Que vivan los niños y que sean felices.

* Periodista y escritora mexicana

2004/BJ/SM

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