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Guatemala: niñez indígena con trabajos esclavizantes

Por Alba Trejo

Sus manos contribuyen a que Guatemala ocupe el primer lugar en el mundo en la exportación de arveja (guisante), aportan para que este país se ubique en el quinto de exportación de azúcar y son elemento esencial para que esta nación tenga la octava posición internacional en la exportación de café.

Son las manos ajadas y callosas de la niñez indígena, la que desde los cinco años de edad trabaja largas jornadas junto a su familia en las fincas de producción, a veces por 12 horas diarias.

Para la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el cultivo y corte de caña y café son las peores formas de explotación laboral a las que están sometidas niñas, niños y adolescentes indígenas.

Ocurre en la costa y el occidente del país, en 12 de los 22 departamentos que conforman Guatemala y donde habita la mayor parte de la población indígena perteneciente a las 21 etnias de esta nación centroamericana.

SUEÑOS LIMITADOS

Rosa es un ejemplo de esa explotación infantil. Es una niña maya kiché que trabaja en una finca cafetalera en las temporadas que su familia emigra en tiempos de cosecha. A sus 13 años, dice no tener otro sueño más que ahorrar dinero y casarse a los 15. Está desesperada porque desde los 10 hace tortillas en las plantaciones y sirve la comida a los trabajadores de la finca.

No sabe leer ni escribir y habla el español con dificultad. Ella cuenta que su jornada comienza a las once de la noche, cuando prepara los alimentos y tortillas para los trabajadores, y termina por la tarde del siguiente día. La niña gana 47 dólares al mes y duerme en un rincón de la cocina, de la cual no sale.

La historia de Rosa no es única. Como ella, hay 484 mil 292 niñas, niños y adolescentes mayas más en similar o peor situación. La última Encuesta Nacional sobre Condiciones de Vida estableció que, en el país, 937 mil 530 niñas, niños y adolescentes, trabajan en comercio, agricultura y fábricas. De ese total, 52.3 pertenece al grupo maya.

La más reciente investigación de la Organización Internacional del Trabajo en Guatemala (OIT), denominada Trabajo Infantil y Pueblos Indígenas, a la cual SEMlac tuvo acceso, revela que la niñez étnica, aunque en menor escala, también labora en la siembra y corte de plantas como la amapola y marihuana, porque sus familias reciben un mejor pago por parte de los traficantes de droga.

El estudio de la OIT apunta que, tras la caída de la producción de los productos agrícolas, las familias mayas accedieron a cultivar estos productos ilícitos porque les pagan, al contado, 2.6 dólares por cada arbusto.

Sin embargo, es en el corte de café y la caña de azúcar donde persiste la explotación laboral indígena, lo cual afecta los estudios y la salud porque las familias tienen que emigrar a las grandes fincas donde permanecen hacinadas.

El ciclo escolar en Guatemala se inicia en enero y finaliza en octubre. En los cañaverales se corta entre noviembre y mayo, mientras que el café es un cultivo de por lo menos ocho meses.

El gubernamental Instituto Nacional de Estadística refleja, en su última encuesta de 2002, que un 29.6 por ciento de los emigrantes del altiplano que buscan trabajo en las fincas suelen ser niñas y niños.

La OIT señala que las niñas mayas son utilizadas en los trabajos domésticos, de tortillería, despunte de arveja, selección de suchini (un vegetal parecido al pepinillo) y empaque de flores. Mientras los niños fumigan, pican hule, talan árboles, cortan caña y limpian botas.

Las diferencias de sexos dejan de serlo cuando trabajan en fertilización, cosecha de café, picado de piedra, pirotecnia, limpieza de terrenos, cultivos y cosecha de hortalizas, en los cuales se exponen a los químicos de la fumigación y el uso de instrumentos cortantes.

Miriam de Celada, representante de la OIT para Guatemala, dice que esas formas de explotación tienen al borde de la muerte a gran parte de la niñez y adolescencia del país.

En la industria pirotécnica, 3 mil 700 niños y niñas, con edades que oscilan entre los cinco y 14 años, hacen cohetes y juegos artificiales, por lo cual se exponen a los tóxicos y explosiones de la pólvora. De acuerdo al documento Entendiendo el Trabajo Infantil en Guatemala, también de la OIT, su pago se reduce a la alimentación, ropa y calzado.

POBREZA, NO TRADICIÓN

El coordinador subregional del Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil para América Central, Haití, México y República Dominicana de la OIT, Guillermo Dema, señala que, contrariamente al pensamiento tradicional de que los indígenas involucran a la niñez en labores de adultos, se ha determinado que son la pobreza estructural, la exclusión social, la falta de acceso a la salud y la discriminación los causantes de tal situación.

Organizaciones mayas coinciden en desmitificar la creencia de que el trabajo de niñas y niños indígenas es por tradición, y lo atribuyen al despojo de tierras y la imposibilidad de recuperarlas. A eso se añade que más de la mitad de la población de esas comunidades es analfabeta o posee bajos niveles de preparación.

La Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) señala que el promedio de asistencia a las aulas de este grupo de guatemaltecos es de 3.7 años, mientras el de los ladinos (no indígenas) es de 6.5 años.

Niñas y niños entrevistados por los especialistas señalan que cultivan y forman parte del personal de limpieza y elaboración de comida, pero no devengan salario. Sus padres reciben 93 dólares al mes por el trabajo realizado por ellos y sus hijos. De ahí se les descuenta la galera donde viven durante la temporada. La OIT precisa que los contratos son verbales, por lo que no es posible reclamar derechos.

Las condiciones de vida y trabajo dejan mucho que desear: duermen en el piso y sufren la filtración de los techos cuando llueve; padecen de lesiones cuando se les obliga a subir a las ramas altas de los árboles para cortar los granos de café y sufren quemaduras al cocinar en fogones.

Entidades indígenas, como la Coordinadora Nacional de Organizaciones Indígenas y el Consejo de Organizaciones Mayas de Guatemala, se refieren a la explotación sexual comercial y al uso de las y los niños como esclavos para descargar camiones donde se transportan quintales de polvo de yeso para la construcción.

La no gubernamental Casa Alianza, dedicada a la protección de la niñez vulnerable, da cuenta de 15 mil niñas, niños y adolescentes en situación de explotación sexual comercial. Una parte son indígenas contratadas para pornografía, especialmente donde predomina la etnia Kakchiquel.

ÍNDICES DE REALIDAD

No hay forma más clara de reflejar la precaria situación de salud de la población indígena que sus índices. El Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social advierte que la tasa de mortalidad infantil en los mayas es de 69, frente a 54 de los no indígenas, mientras el Programa Mundial de Alimentos indica que 69.5 de cada 100 infantes de esa etnia están mal alimentados.

Guatemala firmó y ratificó el Convenio 182 de la OIT, que define las peores formas de trabajo infantil y su inmediata eliminación, entre las que se incluye la utilización de niños en trabajos que, por su naturaleza, dañan su salud, seguridad y moralidad.

07/AT/GG

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