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Leona Vicario

Por Erika Cervantes

Pocas son las mujeres que en la historia de México son nombradas, entre ellas, la más conocida es doña Josefa Ortiz de Domínguez, que a la par de los llamados padres de la patria contribuyó a la independencia de México, pero no menos relevante es la lucha que Leona Vicario da en el mismo periodo para que la soberanía del pueblo mexicano fuera una realidad.

Igual que la clase criolla ilustrada Leona Vicario no justificaba el yugo español para el pueblo mexicano; como parte de una familia adinerada, tuvo acceso a la educación, un privilegio que aun en el México del siglo XXI no es realidad para muchas mujeres.

Al morir sus padres, Gaspar Martín Vicario, de origen español, y Camila Fernández de Salvador, mexicana, Leona, de 18 años de edad, queda bajo la tutela de su tío y padrino, el abogado Agustín Pomposo Fernández de Salvador.

En el despacho de su tío conoce al joven Andrés Quintana Roo, pasante de Derecho, con quien comparte sus ideas de libertad y justicia, además de identificarse en sus ideales.

Andrés Quintana Roo pide su mano a don Agustín y éste se la niega, argumentando que el joven es pobre, lo que influye en la decisión de Leona Vicario para unirse a los insurgentes, con quienes lucha bajo las órdenes de Ignacio López Rayón.

Por iniciativa propia Leona Vicario ayuda al movimiento libertario como informante, acción que descubre su tío y la confina a su casa bajo vigilancia.

Vicario, de espíritu rebelde, se escapa y huye al pueblo de San Juanico, Tacuba, donde reúne a varias mujeres, entre ellas su ama de llaves, con el propósito de unirse a la causa insurgente.

Don Agustín, al percatarse de la ausencia de Leona, llama a las fuerzas reales para buscar a la joven insurgente; esto hace que descubran su iniciativa rebelde en el Pueblo de Tacuba, por lo que es procesada el 13 de marzo de 1813 y sentenciada a permanecer en el Convento de Belém de las Mochas, en la ciudad de México.

El 22 de abril de 1813 seis hombres disfrazados de fuerzas reales la rescatan y sacan de la ciudad con rumbo a Oaxaca; tres años más tarde, en 1816, en la ciudad de Oaxaca, contrae matrimonio con Andrés Quintana Roo.

Como mujer casada Leona Vicario puede disponer de la fortuna heredada a su familia y dispone que sea invertida en la causa insurgente. Su lucha como insurgente no sólo la daba en los salones de té, de donde sacaba información, o bajo sus enaguas, trasportando mensajes de una población a otra para los líderes insurgentes. Ella también tomó las armas y secundó a su marido en el campo de batalla.

Tras la muerte de José María Morelos, que comandaba las fuerzas del batallón al que pertenecían doña Leona y don Andrés, ésta tuvo que buscar refugio en el pueblo de Tlacocuzpa, en la sierra de Tlatlaya (Estado de México), donde el 3 de enero de 1817 nace Genoveva, su primogénita, de la que fue padrino Ignacio López Rayón.

El realista Vicente Vargas, al mando de 20 soldados de las fuerzas reales, sorprende el 14 de marzo de 1818, en su refugio del pueblo de Tlacocuzpa, a Leona Vicario y a su pequeñita, a quienes conduce a Temascaltepec, donde se encuentran con la buena nueva de que se les había concedido el indulto solicitado por el mismo Quintana Roo un año antes para su familia, aunque éste deberían cumplirlo en España.

El indulto fue concedido pero el exilio no llegó, la familia se trasladó a la ciudad de México donde, al triunfo de la independencia, Iturbide nombró a Quintana Roo subsecretario de Estado y del despacho de Relaciones Interiores y Exteriores, pero ante las ambiciones imperialistas del primero, Quintana Roo renuncia y se traslada a Toluca.

La familia de Leona Vicario vivió con grandes privaciones hasta que en 1823 solicitó al Congreso Constituyente que le fueran devueltas las propiedades que el virreinato le había confiscado, cuando se fue a la insurgencia; el congreso accedió a ello, con lo que pudieron vivir con menos penurias.

En 1830, durante la presidencia don Anastasio Bustamante, Andrés Quintana Roo es aprehendido por los ataque que contra el mandatario había publicado en el periódico que fundara en Toluca; en estas circunstancias, Leona pide hablar con Bustamante para solicitarle garantías por la vida de su esposo, recordándole que él fue parte de los realistas que lucharon contra la causa insurgente. Bustamante deja en libertad a Quintana Roo.

El 24 de enero de 1842, a las 21:00 horas, a los 54 años de edad, en la casa de Santo Domingo, fallece doña Leona Vicario de Quintana Roo. Nueve años le sobrevivió su amante esposo y compañero de incontables aventuras libertarias, Andrés Quintana Roo.

El 28 de mayo de 1900 sus restos fueron trasladados a la Rotonda de los Hombres Ilustres y, en 1925, al monumento del Ángel de la Independencia, donde reposa al lado de los demás caudillos de la guerra de independencia.

El nombre de Leona Vicario se encuentra escrito con letras de oro en la Cámara de diputados del Congreso de la Unión; además, existe una placa colocada en la esquina de las calles de los Sepulcros de Santo Domingo (hoy República de Chile, esquina con Colombia), en el centro histórico de la ciudad de México, cuya leyenda reza: “a los contemporáneos de la muerte de tan admirable y admirada [sic] mujer mexicana, la que sin titubeos, oportuna, sacrificó su fortuna para que fuera cierta la libertad de México”.

Leona Vicario es una mujer que nos hereda su ejemplo de luchar desde todos los frentes por la libertad y soberanía de los pueblos.

09/EC/LG

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