Inicio Nariz y pulmones marcan nuestro ritmo para “Dar y recibir”

Nariz y pulmones marcan nuestro ritmo para “Dar y recibir”

Por Carolina Velásquez

La nariz es puerta de entrada del oxígeno que junto con los pulmones forma en unidad nuestro aparato respiratorio. Su función en combinación con este órgano es tomar aire para mantenernos con vida además de ser el medio que nos permite olfatear, recibir infinidad de olores que mueven la memoria trayendo al presente uno y mil recuerdos.

Inhalar aire nos da vida, es nuestra primera función al nacer y su falta, nos lleva a la muerte. Pero además, la capacidad de respirar, de manera profunda o superficial, se relaciona con otra capacidad indispensable: estar en armonía con la vida.

Una respiración profunda expresa la vitalidad y fuerza de nuestras emociones, mientras que una respiración superficial será una señal de temor o resistencia a vivir en momentos en que hay ansiedad o miedo.

La respiración refleja también nuestro ritmo para inhalar y exhalar, recibir y dar, contraer y expandir. Las dificultades respiratorias, sostiene Debbie Shapiro en “Cuerpo mente. La conexión curativa” (1991), “pueden indicar una resistencia a dar, a compartir, a entrar; o bien un miedo a tomar, absorber y asimilar. Es un aferramiento a uno/a mismo/a y una resistencia a soltarse, entregarse a la totalidad”.

La nariz y el aparato respiratorio están relacionados con nuestra capacidad de deshecho, por tanto, tiene que ver con el buen funcionamiento de otro órgano vital: el intestino grueso.

Una de las bases de la medicina oriental son los meridianos –canales de energía que circulan por todo el cuerpo. Algunos pasan por la cabeza, tal es el caso de los relacionados con vejiga, vesícula biliar, estómago, intestinos grueso y delgado. Según este concepto, el meridiano de intestino grueso comienza en la punta del dedo índice y termina en la punta de la nariz –uno a cada lado del cuerpo– al interior de la ventanilla.

Dice Wataru Ohashi, autor del manual de “Diagnosis Oriental” (1995): “Cuando el intestino grueso no puede eliminar adecuadamente, la energía sube por el meridiano hasta la nariz y los senos nasales. Esto tiene por consecuencia la formación de moco y la congestión de los senos, provocando moqueo, dolores de cabeza y otras molestias”.

Esto es importante cuando nos resfriamos. Un médico oriental no tratará sus síntomas de manera aislada, sino con relación al intestino grueso, liberar la “energía estancada” ahí permitirá que los senos de la nariz se abran y los pulmones comiencen a limpiarse.

*Periodista mexicana

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2004/CV/MR

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