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“Nadie nos vio partir”, un retrato de la violencia vicaria en la década de los 60

Por Paola Piña

Ciudad de México.- Ambientada en el México de la década de 1960, Nadie nos vio partir, miniserie dirigida por Lucía Puenzo, Nicolás Puenzo y Samuel Kishi Leopo, basada en la novela autobiográfica de Tamara Trottner, retrata con crudeza la violencia vicaria, un mecanismo de castigo y control hacia las mujeres que persiste hasta la actualidad.

Relatada en seis capítulos, la historia sigue a Vanessa, interpretada por Tessa Ía González, quien, al regresar a su hogar tras un viaje, descubre que sus hijos Tamara e Isaac, de 5 y 9 años, han desaparecido. Pronto se entera de que su propio esposo, Carlos, interpretado por Emiliano Zurita, es el autor del secuestro y, en complicidad con su padre, trasladó a los niños a Francia, como una herramienta de venganza en contra de ella.

La serie nos sitúa en un México donde la violencia vicaria ni siquiera tenía nombre, pues en la década de los 60 el concepto no existía, permanecía totalmente invisibilizada ante la sociedad, no estaba tipificada y permitía que los agresores actuaran con total y mayor impunidad, mientras las madres quedaban desamparadas y sin respaldo legal.

Actualmente, gracias a la lucha de mujeres, se logró en marzo del 2023, un decreto que reforma y adiciona diversas disposiciones de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (LGAMVLV), en materia de violencia vicaria aprobado por la Cámara de Diputados, en el cual se establece que: 

“La violencia vicaria es la acción u omisión cometida en contra de una mujer, por la persona con la que tenga o haya tenido una relación de matrimonio, concubinato o relación de hecho, con la intención de causarle cualquier tipo de daño o sufrimiento, separarla de sus hijas e hijos y causar desapego en el vínculo materno-filial, utilizando la violencia” -LGAMVLV.

Diferencias entre Violencia Familiar, Alienación Parental y Violencia Vicaria. Claves del caso Mafer Turrent – cimacnoticias.com.mx

Antes de la existencia de este marco legal, mujeres como Vanessa quedaban prácticamente desprotegidas ante este tipo de violencia. En su caso, pese a provenir de una familia adinerada y lograr contratar a un agente de búsquedas para localizar a sus hijos, la información obtenida era insuficiente para determinar su paradero, por lo que, día tras día, la incertidumbre por recuperar a Tamara e Isaac alimentaba su desesperación y la sumía en episodios de depresión.

Aunque el dinero fue un factor clave para la búsqueda de sus hijos, también se convirtió en un obstáculo. Tras iniciar la investigación, Vanessa logró dar con el primer paradero de Tamara e Isaac en París, Francia; no obstante, Carlos, al descubrir que habían averiguado su ubicación, se trasladó a Italia y más tarde los movería a otros países, contando nuevamente con el apoyo económico de su propio padre, quien no solo lo respaldaba, sino que además lo instaba a no desistir del secuestro.

Fotograma «Nadie nos vio partir» (2025)

Violencia vicaria: un daño colateral hacia las infancias

Aunque la violencia vicaria se ejerce principalmente para dañar a la madre, este tipo de agresiones también afecta profundamente a las hijas e hijos. La serie refleja esta realidad al mostrar que las acciones de Carlos no solo impactaban a Vanessa, sino también a sus niños, quienes, llenos de miedo e incertidumbre por no saber el paradero de su madre, eran sometidos a engaños constantes y manipulaciones que los despojaban de su seguridad y estabilidad.

De acuerdo al artículo: Violencia vicaria en México: configuración, regulación y desafíos, las niñas, niños y adolescentes (nnya) son víctimas indirectas, así como otros familiares. En el primero de los casos, debemos recordar que los infantes son titulares de derechos, entre estos, el derecho a formar parte de una familia y a una vida libre de violencia; dado a ello, no están exentos de sufrir las consecuencias de la exposición a la violencia por parte de sus cuidadores.

Ello se debe a que las acciones de las personas adultas que conviven en un mismo núcleo familiar tienen una influencia primordial en el crecimiento de los infantes. De ahí que, cuando se ejerce violencia contra las mujeres en el hogar, las personas menores de edad sufran afectaciones en sus propias visiones sobre el género y puedan demostrar normalización de la violencia o, en su defecto, desarrollar una indefensión aprendida.

Además, el artículo advierte que, las niñas, niños y adolescentes pueden experimentar problemas a salud mental y física como alteraciones del sueño, miedos no específicos, síntomas depresivos, cambios repentinos de humor, ansiedad, estrés, problemas para socializar, e incluso, en algunos casos, la muerte.

Crédito: Fotografía del cartel de la serie tomada de las redes sociales de Netflix.

¿Hemos avanzado?

Nadie nos vio partir es un claro reflejo de cómo la violencia vicaria genera daños a corto, mediano y largo plazo, no solo para la madre, sino también para los infantes y quienes los rodean; sin embargo a 56 años de la historia de Vanessa, Tamara e Isaac, y pese a los avances legales en México, este tipo de violencia continúa ejercerse con total impunidad.

Actualmente, la violencia vicaria está reconocida en 29 estados dentro de la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, y en 22 estados está incluida en el Código Penal. 

Mapa creado por FNVV

Sin embargo, pese a su tipificación, el Frente Nacional contra Violencia Vicaria (FNVV) ha atendido más de 4 mil 802 casos a nivel nacional, ayudando a 10 mil 85 niñas, niños y adolescentes. La Ciudad de México ocupa el primer lugar en casos de violencia familiar, seguida por el Estado de México y Nuevo León, según la Encuesta Nacional sobre Violencia Vicaria en México (2022).

La misma encuesta revela que, en el 80% de los casos analizados, las víctimas fueron separadas de sus hijos de forma inesperada, con amenazas previas y sin contacto posterior. Además, en 9 de cada 10 casos los agresores contaban con mecanismos para bloquear procesos legales de manera ilegal, principalmente mediante tráfico de influencias, recursos económicos y sobornos.

En Cimacnoticias se documentaron múltiples casos de violencia vicaria, de los cuales tres han logrado trascender ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH): Blanca Paredes, Gabriela Pablos Sucedo y Elisa María. Aunque siguen enfrentando abandono institucional y falta de apoyo, incluso con la existencia de la Secretaría de Mujeres.

Acusan a Secretaría de las Mujeres, ignorar casos de violencia vicaria, llevados ante CIDH

Casos como los de Vanessa, Blanca, Gabriela y Elisa se replican a lo largo del territorio mexicano, donde la falta de garantías para las mujeres y sus hijase  hijos mantiene vigentes las graves consecuencias de la violencia vicaria, un tipo de agresión que aún sigue siendo poco reconocido y escasamente sancionado.


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