Ciudad de México.– El sharenting es la práctica mediante la cual madres y padres comparten de manera pública y constante fotografías, videos y detalles íntimos de la vida de sus hijas e hijos en redes sociales; sin embargo, lejos de ser un acto inofensivo, esta exposición puede tener consecuencias graves al poner en riesgo a las infancias frente a la violencia sexual digital, afectar su derecho a la privacidad y a vivir libres de violencia.
El concepto de sharenting proviene de dos palabras en inglés: share (compartir) y parenting (parentalidad). Esta práctica ha ganado mayor terreno en la actualidad, pues de acuerdo con la investigación “Sharenting, ética digital, privacidad y educación familiar”, se estima que alrededor del 75% de las y los progenitores usuarios de redes sociales publican información que podría afectar a sus hijas e hijos.
Ante ello, las consecuencias esta práctica son inminentes. Según la colectiva feminista La Juntaza, exponer a las niñas en internet implica colocar su cuerpo, su rostro y su vida en un espacio que no comprenden, que no pueden controlar y del cual no pueden defenderse. Esto porque internet no solo es un lugar de circulación de imágenes, sino también “un archivo permanente y un territorio donde la violencia sexual encuentra terreno fértil”.
Como lo señala la colectiva, publicar de forma constante videos y fotografías de niñas implica exponerlas a pederastas que se encuentran inmersos en redes sociales y se apropian del contenido publicado sobre las infancias. Es importante recordar que, en diciembre de 2025, fue denunciado un grupo de hombres pedófilos que compartían imágenes de niñas y adolescentes con fines sexuales a través de Facebook.
Detectan página de pederastia en Facebook. Redes de pedófilos siguen activas
Los agresores sexuales no se limitan a una red social, pues plataformas como WhatsApp y Telegram también son utilizadas para distribuir contenido sin restricciones, ni controles efectivos.
De acuerdo con el Observatorio de Ciberseguridad, Telegram, en particular, fue identificada como una de las plataformas más peligrosas. Sus funciones como chats secretos, mensajes que se autodestruyen, búsqueda por nombre de usuario y grupos privados sin moderación, facilitan el intercambio clandestino de material y representan un riesgo para infancias y adolescencias.
Recientemente el colectivo DLR documentó un caso que involucra a esta red social, pues se identificó a un grupo de más de 300 integrantes en Telegram donde se compartían imágenes de niñas. Gracias al análisis de las publicaciones, se determinó que varios de los participantes radicaban en Oaxaca.
Además del riesgo de violencia sexual digital, la forma en que están diseñadas las plataformas da pie a otros tipos de violencia. Retomando la investigación citada, la gran cantidad de información almacenada en Facebook incrementa el riesgo de crear una huella digital que afecta la identidad de las y los menores.
Plataformas como YouTube y TikTok presentan dilemas éticos, con una protección insuficiente de la privacidad infantil. Por su parte, X (antes Twitter) delega en la comunidad la responsabilidad de hacer un uso adecuado de la información, mientras que Instagram permite que las imágenes publicadas puedan ser robadas y reutilizadas sin consentimiento.
Por ello, exponer contenido de infantes no solo implica un riesgo, sino que también se agrava cuando se permite que niñas y niños tengan redes sociales a temprana edad. Existen casos como el capping, que consiste en el uso de la manipulación para que un agresor obligue a realizar actos sexuales en vivo a niñas, niños y adolescentes, los cuales son grabados y posteriormente difundidos en línea a un público más amplio, incluso en sitios bloqueados a los que se puede acceder mediante pago.
Alertan del»capping»; manipulan a infancias en la web para explotación sexual en vivo
Sin embargo, la detección de este delito se ha vuelto cada vez más compleja, pues los moderadores de las plataformas digitales, encargados de supervisar el contenido, enfrentan importantes limitaciones para revisar los volúmenes masivos de información e interacciones que circulan diariamente.
Plataformas digitales sin responsabilidad
De acuerdo con la investigación, estas prácticas son frecuentes porque muchas familias tienen una falsa sensación de seguridad creada por las ambiguas configuraciones de privacidad que ofrecen las redes sociales; no obstante, las plataformas suelen omitir que, una vez publicada, la información en internet deja de estar bajo su control.
Además, en los casos mencionados se encontró que las plataformas digitales no han logrado sancionar adecuadamente a las personas involucradas. Incluso cuando se cierran los espacios donde se perpetúan los delitos, estos vuelven a abrirse. Para ONU Mujeres, existe una débil regulación del sector tecnológico, ausencia de responsabilidad por parte de las plataformas y anonimato de los agresores, factores que dificultan la obtención de justicia.
Hasta el momento, la mayoría de los Estados no ha buscado frenar de manera efectiva los riesgos que implica la presencia de infancias en la web. Solo Australia ha implementado, a partir de diciembre de 2025, una ley que prohíbe a menores de 16 años tener cuentas en redes sociales como Instagram, TikTok, Facebook, X y YouTube, obligando a las plataformas a bloquear o eliminar perfiles por debajo de esa edad para protegerles.
Ante estos vacíos legales por parte de las redes sociales y los Estados, las familias pueden contribuir a reducir los riesgos derivados de la exposición de las infancias en plataformas digitales. Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), un primer paso es revisar lo que ya se ha publicado en el pasado y eliminar todo lo posible. Asimismo, algunas plataformas permiten enviar solicitudes para la eliminación de imágenes cuando estas no pueden borrarse directamente.
UNICEF también recomienda reflexionar sobre el público con el que se comparte la información (revisar configuraciones de privacidad, conocer a las personas agregadas como amigas o seguidoras), el volumen de datos compartidos (como ubicaciones o elementos identificables, por ejemplo, el logotipo de la escuela) y valorar si la información pudiera resultar embarazosa o perjudicial para sus hijas e hijos ahora o en el futuro.




