Barcelona.- A las cinco de la tarde comenzaron a formarse las primeras asistentes. Bajo una lluvia persistente, decenas de personas aguardaban para escuchar a la mujer que sin proponérselo se ha convertido en una de las voces más potentes contra la violencia sexual: Gisèle Pelicot, quien presenta su libro Un himno a la vida (Lumen).
Una hora después, a las 18 horas, cientos de personas —en su mayoría mujeres— comenzaron a ingresar a la Biblioteca Sarrià – J.V. Foix. Pacientemente esperaron para ocupar un lugar en el Auditorio Carmen Serrallonga i Calafell. Querían escuchar de viva voz a la mujer que decidió abrir su juicio como un acto de dignidad personal y colectiva: para ella y para todas las víctimas de violencia sexual.
Cuando Pelicot apareció en el escenario, el auditorio —completamente lleno— se puso de pie. No era sólo una bienvenida; era un reconocimiento a la valentía de una mujer que hoy, como ella misma dice, intenta “reconstruirse desde las ruinas” que dejó la violencia sexual que padeció durante años.
Durante ese tiempo, su entonces marido, Dominique Pelicot, la drogaba para que decenas de hombres la violaran mientras ella permanecía completamente inconsciente.
Pelicot habla despacio. Su tono es suave y sereno durante toda la conversación con la periodista Neus Tomàs, quien conduce el diálogo ante un público que escucha en absoluto silencio.
—¿Por qué el título del libro: Un himno a la vida? —pregunta Tomàs, directora adjunta de eldiario.es.
—Quería dar esperanza —responde Pelicot—. Mostrar que existe la resiliencia.
Explica que, después de la tormenta, vuelve a salir el sol. Y aprovechó para dirigirse a las mujeres que han vivido violencia sexual: no deben callar ni sentirse culpables. Porque no lo son.
Por esa razón decidió que el juicio contra su marido y los más de cincuenta hombres que participaron en las agresiones sexuales fuera público. Su intención era clara: avergonzarlos socialmente.
“La vergüenza —dice— no debe estar del lado de las víctimas. Tiene que cambiar de lugar”.
Pelicot reconoció que su caso no es el habitual. En su proceso existían pruebas contundentes que identificaban a los agresores. Sabe que, en muchos casos, cuando una mujer denuncia sin pruebas suficientes, termina siendo cuestionada o señalada como responsable.
Por eso creyó necesario que la sociedad escuchara el juicio.
Para sus agresores habría sido mucho más conveniente que se celebrara a puerta cerrada. Así habrían evitado ser expuestos públicamente como los hombres que la violaron y utilizaron mientras ella estaba inconsciente.
Pero Pelicot quería exactamente lo contrario: que la sociedad lo viera.
Tomar esa decisión le llevó cuatro años.

Y esa decisión es la que terminó convirtiéndola en el símbolo que hoy representa. Una mujer que no busca compasión; que desde niña ha enfrentado la adversidad; que no suele llorar en público ni exhibir sus emociones. Para procesar lo que la policía le reveló, caminaba durante horas —tres, cuatro cada día— intentando ordenar las piezas del rompecabezas que había destruido la vida que creía tener: la de una familia feliz.
El libro, escrito en primera persona, narra con agilidad lo que ocurrió después de la detención de su marido, arrestado inicialmente por grabar bajo la falda de mujeres en un supermercado.
Lo que la policía francesa le reveló el 2 de noviembre de 2020 rompió por completo su mundo familiar.
Hoy, dice, está en un proceso de reconstrucción. Está enamorada. Se siente más fuerte. Y reconoce que caminó acompañada de muchas mujeres que le dieron la fuerza necesaria para enfrentar el juicio.
La violencia sexual —explica— no sólo la dañó a ella, sino a toda su familia.
“Hemos intentado ver qué hacer con todo el fango que nos ha caído encima”.
Tras la publicación del libro, sus hijos —Florian, David y Caroline— han podido empezar a comprender la vorágine que atravesaron. De hecho, este domingo Gisèle y su hija marcharán en París con motivo del Día Internacional de la Mujer.
La bienvenida al acto estuvo a cargo de la teniente de alcalde del distrito de Sarrià-Sant Gervasi, Maria Eugènia Gay.
Al finalizar la conversación, el auditorio volvió a ponerse de pie. El aplauso fue largo, sostenido.
A la salida de la biblioteca, un grupo de feministas catalanas despedía a las asistentes con una manta en la que agradecían la valentía de Pelicot e invitaban a sumarse a la marcha que con motivo del Día Internacional de la Mujer, realizarán este domingo.






