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Periodismo, comunicación comunitaria y feminista frente a la violencia

Por Cirenia Celestino Ortega

La semana pasada, Nazaret Cortés Velasco, presidenta del Comisariado Ejidal del municipio de San Pedro Totolápam, Oaxaca, defensora del territorio y de los derechos agrarios de las mujeres, fue asesinada en un ataque armado directo en el que también fue herida su hija.

Este feminicidio no es aislado, la organización Consorcio Oaxaca denunció que en el gobierno estatal oaxaqueño de Salvador Jara Cruz se han asesinado a 9 mujeres en cargos públicos a manos de sujetos armados, “la violencia deja familias y comunidades marcadas”.

A pesar de la cifra alarmante de violencia contra las mujeres, solo algunos medios alternativos lo retomaron, muestra de la baja presencia de la defensa del medio ambiente en la agenda mediática, del poco interés en la violencia que viven las mujeres y de la falta de pluralidad informativa.

Así lo demuestra la medición realizada por el Proyecto de Monitoreo Global de Medios (GMMP, 2025), cuyos resultados determinaron que las mujeres aparecen en apenas 25 de 100 noticias en las que son referidas como víctimas mientras los hombres están colocados como expertos.

Esta medición del GMMP, arrojó información: de cada 100 noticias solo 2 abordan la violencia contra las mujeres a pesar de que se estima que al menos 19 mil 254 casos de feminicidio se han registrado en los últimos cinco años en América Latina y el Caribe, se trata de 11 mujeres asesinadas cada día (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, 2025).

Se aprecia un sesgo más amplio en la presencia mediática de mujeres indígenas, afrodescedientes, rurales, marginalizadas, campesinas, con discapacidad, en situación migratoria y empobrecidas para quienes el espacio mediático es casi nulo. Mientras ganan presencia los grupos conservadores que pretenden instaurar discursos de retroceso de los derechos de las mujeres.

Son los medios alternativos los que seguimos demostrando ser aliados de la defensa de los derechos humanos.

Además, es necesario apuntar que la recién concluida sesión 70 de la Comisión sobre la Comisión Social y Jurídica de las Mujeres (CSW70) los medios de comunicación no fueron un tema de interés, aunque el marco normativo internacional identifica a los medios como instrumentos esenciales para alcanzar la igualdad.

Frente a la hegemonía mediática, parte de un sistema de exclusión de las mujeres, la comunicación comunitaria, alternativa y feminista es una resistencia.

La semana pasada se llevó a cabo en Quito, Ecuador, el Tercer Festival “JUNTANZA, por la comunicación desde nuestra América”.

Si en el ámbito internacional no es una prioridad la comunicación, en América Latina y el Caribe, más de 300 comunicadoras y comunicadores confirmaron su compromiso con la construcción de otras formas no hegemónicas para ejercer el derecho a la comunicación y a la libertad de expresión.

Convocadas por Gisela Dávila, directora del Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (CIESPAL), el foro regional buscó debatir la urgencia de construir procesos de comunicación para la integración a largo plazo de narrativas de paz, esperanzadoras, incluyentes y propositivas.

A las políticas migratorias militaristas y de persecución, así como las guerras y exterminios en diferentes países como Palestina, Sudán o el Congo, la instauración de gobiernos conservadores en todo el mundo, se suman las narrativas criminalizadoras en la labor de defensa de derechos humanos y la labor periodística que buscan frenar la difusión de información, la transparencia y alentar la desinformación, particularmente para defensoras y defensores de la naturaleza.

La comunicación también se enfrenta a la alta difusión de contenidos digitales a través de personas influenciadoras que se posicionan rápidamente a través de redes sociales y plataformas digitales en una región con graves desigualdades que van desde la exclusión, la brecha digital y de género, además de la falla de servicios básicos como la luz y el limitado acceso a internet.

Quienes participamos, problematizamos la comunicación como un elemento integrador de comunidades, como un medio para lograr una base organizativa y social y para potenciar el reconocimiento de los derechos humanos y de quienes los defienden.

La democratización de las tecnologías y sumar a las comunidades en las producciones comunicativas permitirá instaurar narrativas de contrapesos, en las que exigencias sociales, las problemáticas comunitarias, los enlaces a través de las radios, la difusión de información a través de la edu-comunicación y las radios escolares, y el fortalecimiento de las habilidades de comunicación para todas y todos, son la única esperanza.

Para las todas las voces excluidas, los medios alternativos, independientes y feministas somos un megáfono.

Parafraseo la Declaración de Bangkok que en 1994 definió: “La comunicación como fuente de poder para las mujeres”, también es fuente de poder para las comunidades.


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