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Las maestras rurales, la fuerza vital del proyecto educativo local

Por Wendy Rayón Garay

Ciudad de México.- De acuerdo con el Gobierno de México, en el país existen 96 mil 267 escuelas que son multigrado, es decir, atienden a grupos con estudiantes de distintas edades a través de prácticas pedagógicas flexibles y vinculadas al territorio; situación que atraviesa el ejercicio de la docencia de las maestras rurales.

Es importante resaltar que México tiene 1.2 millones de personas docente en educación básica, de los cuales 878 mil son maestras y 378 mil son maestros, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocuapación y Empleo (ENOE) 2020. La disparidad entre ambos géneros no es un hecho aislado, sino una consecuencia de la feminización de ésta labor debido a los roles y estereotipos de género que recaen en las mujeres.

Datos del Observatorio Laboral del Servicio Nacional de Empleo evidencian la tendencia a la subrepresentación de maestras en la docencia. Por ejemplo, son mujeres el 97.4% de los profesionistas en educación básica y nivel primaria, así como el 67% de aquellos dedicados a educación básica y nivel secundaria. En otras áreas de formación relacionados con la docencia, también son ellas quienes acaparan las estadísticas.

Su alta presencia en los espacios educativos responde a la idea arraigada y desde una perspectiva machista de que las mujeres deben hacerse cargo del cuidado, la crianza, y la atención emocional, mientras que a los hombres se les ha vinculado con la fuerza, racionalidad o trabajos considerados masculinos. Dichos pensamientos llevaron a que la enseñanza sea vista como una extensión de las tareas no remuneradas asignadas tradicionalmente a las mujeres.

El artículo «Acerca de la feminización de profesiones. Caso: la docencia en preescolar en la Cuidad de México» explica que el reforzamiento de la sociedad sobre la creencia de que las mujeres poseen una «capacidad natural» para educar y cuidad a las niñas y niños ocasiona que la división sexual del trabajo y las expectativas de género consoliden la docencia como una profesión mayoritariamente femenina.

Aunque el magisterio mexicano está conformado mayoritariamente por mujeres, ellas no han alcanzado las cúpulas del poder sindical y educativo. Sin embargo, son las que sostienen gran parte del proyecto educativo en el ámbito local y comunitario, y por ello son reconocidas como sujetas del saber pedagógico, tejedoras del conocimiento y actrices movilizadoras, de acuerdo con la investigación El aula multigrado en tensión. Una aproximación desde el saber pedagógico de maestras rurales.

El informe «Educación rural. Entre el olvido y la reivindicación» indica que el mundo necesita 44 millones de docentes para alcanzar las metas educativas de desarrollo sostenible en 2030. Además, señala que en América Latina la práctica docente es más importante en la educación rural, puesto que, de su trabajo depende las oportunidades educativas de la comunidad.

Sin embargo, el trabajo de estas maestras implica transformar su vida, dejar a sus propias familias y mudarse a las comunidades rurales, ubicadas en zonas serranas, montañosas y apartadas, donde las condiciones materiales son precarias y el acceso implica largos traslados. Es así que su labor no solo es impartir clases, sino adaptarse a contextos de marginación y aislamiento, así como construir vínculos con poblaciones que enfrentan pobreza, falta de servicios y dificultades para acceder a la educación.

En muchas de estas comunidades, las docentes trabajan en escuelas multigrado, donde una sola persona debe atender simultáneamente a niñas, niños y adolescentes de distintas edades y niveles educativos. Es decir, que en el mismo salón pueden convivir estudiantes que apenas aprenden a leer con otros que ya realizan operaciones matemáticas complejas o cursan contenidos más avanzados, lo que las obliga a desarrollar estrategias pedagógicas múltiples y sostener el proceso educativo de varias generaciones al mismo tiempo.

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En México, la educación multigrado está reconocida en el Artículo 43° de la Ley General de Educación, la cual determina que el Estado debe ofrecer este tipo de educación en centros educativos ubicados en zonas altas, indígenas y de marginación. A su vez, asegurarse que se cuente con personal docente capacitado, ofrecer un modelo educativo y promover condiciones pedagógicas, administrativas, de recursos didácticos, seguridad e infraestructura.

La educación multigrado también se focaliza en que los saberes locales, las lenguas originarias y los vínculos comunitarios para que sean parte esencial del proceso educativo, según afirma el Gobierno de México.

Este sistema se ha mantenido desde el 2022, datos del informe «Principales Cifras del Sistema Educativo Nacional 2024-2025″ de la Secretaría de Educación Pública señalan que en 2025 hubo 12 millones 838 mil 201 alumnas y alumnos bajo este sistema tan solo en educación primaria.

Gráfico de Secretaría de Educación Pública

La investigación “El aula multigrado en tensión. Una aproximación desde el saber pedagógico de maestras rurales” señala que la organización de estudiantes de diferentes grados en una sola aula nace a partir de factores económicos y administrativos en un alto número de países de África, Asia y América Latina, como una alternativa pedagógica.

En donde las maestras no solo se encargan de la docencia, sino que asumen otros roles como la gestión escolar de cada plantel educativo, llevar a cabo proyectos transversales comunitarios, o aspectos pedagógicos y didácticos con cada grupo multigrado.

Constantemente, las maestras deben sostener simultáneamente procesos de aprendizaje en distintos niveles, incluyendo preescolar y primaria, lo que implica una atención constante o diferenciada. El artículo apunta que la heterogeneidad no solo incrementa la carga de trabajo, sino que recae en mujeres que, por su posición de género en el sistema educativo, suelen asumir mayor responsabilidad en tareas de cuidado y acompañamiento individualizado dentro del aula.

En el ámbito administrativo, el principal desafío es el desconocimiento estructural del multigrado por parte de las autoridades educativas y directivos escolares. Las políticas y guías pedagógicas están diseñadas por escuelas homogéneas, lo que obliga a las maestras a adaptar continuamente lineamientos que no corresponden a su realidad. Esta falta de reconocimiento institucional sobrecarga a las docentes con responsabilidad de «resolver» la adaptación del sistema a la realidad rural sin apoyo suficiente.

A ello se suma una sobrecarga laboral debido a que deben atender la gestión operática que interrumpen su trabajo en el aula, atender visitas, inventarios, gestión de materiales y múltiples requerimientos institucionales, lo que incrementa el estrés y la carga de trabajo invisible. En un sistema donde el cuidado y la organización recaen en las mujeres, esas tareas se naturalizan como parte de su sol sin reconocimiento o redistribución institucional.

Asimismo, el artículo indica que existe una transformación en las dinámicas familiares que reduce el compromiso con la escuela y traslada a las maestras las responsabilidades ampliadas de cuidado y formación. Esto refuerza la expectativa de que las maestras, como mujeres, asuman simultáneamente roles de enseñanza, contención y cuidado e incrementa la carga emocional y laboral, al tiempo que invisibiliza el carácter colectivo del proceso educativo.

Existen otros casos donde las maestras no cuentan con formación inicial contextualizada para el multigrado rural, lo que las obliga a construir su saber pedagógico desde la experiencia cotidiana.

Los programas de capacitación están diseñados para docentes de un solo grado lo que evidencia un desconocimiento institucional de su realidad laboral. Esta brecha formativa reproduce desigualdades de género, al exigir a las mujeres compensar con trabajo adicional la ausencia de preparación adecuada.


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