Inicio AgendaMenstruar sin vergüenza y decidir sin culpas: el desafío de la autonomía corporal

Menstruar sin vergüenza y decidir sin culpas: el desafío de la autonomía corporal

Por Georgina Monroy Vázquez

En el Día Mundial de la Población, planteamos que el verdadero avance no debería medirse únicamente por las tasas de fecundidad, sino por la capacidad de niñas y jóvenes para ejercer su autonomía corporal mediante educación sexual integral, gestión menstrual digna y decisiones libres sobre su cuerpo.

Cada 11 de julio, el Día Mundial de la Población abre el debate sobre indicadores como el crecimiento demográfico, las tasas de fecundidad o el embarazo adolescente. Sin embargo, detrás de esas cifras permanece una pregunta que pocas veces forma parte de las políticas públicas: ¿Qué tan libres son las adolescentes y mujeres jóvenes para ejercer su autonomía corporal?

Ocultar una toalla sanitaria al caminar hacia el baño, preguntar con preocupación si la ropa está manchada o crecer creyendo que la sexualidad femenina debe vivirse desde el miedo siguen siendo experiencias comunes para miles de adolescentes y jóvenes. Lejos de ser situaciones aisladas, forman parte de una educación que históricamente ha enseñado a las mujeres a administrar los riesgos de su cuerpo, pero no a conocerlo.

Para Anahí Rodríguez Martínez, vocera de Menstruación Digna México, la educación sexual continúa reduciendo la sexualidad a la prevención del embarazo y de las infecciones de transmisión sexual, dejando fuera aspectos fundamentales como el autoconocimiento, la menstruación, el consentimiento y el placer.

«Cuando la educación sexual solamente se centra en prevenir embarazos o infecciones, convierte la sexualidad en un riesgo. Se dejó prácticamente fuera todo lo que tiene que ver con habitar y entender tu propio cuerpo», señala en entrevista con CIMACnoticias.

La educación sexual enseñó a prevenir, pero no a conocer el cuerpo

Aunque durante años la educación sexual ha privilegiado mensajes de prevención, pocas veces explica cómo funciona el cuerpo, cómo reconocer los cambios del ciclo menstrual o por qué es importante aprender a escucharlo.

Rodríguez Martínez considera que esta ausencia ha provocado que generaciones enteras aprendan a sobrevivir la menstruación, pero no a comprenderla.

«Nos enseñan que la menstruación funciona para términos reproductivos y se olvidan de enseñarte a escuchar y entender tu propio cuerpo. Hay muchísima información sobre cómo prevenir embarazos, pero se habla muy poco sobre el placer, sobre conocer, disfrutar y decidir».

A su juicio, el problema no es únicamente la falta de información, sino el enfoque desde el que históricamente se ha impartido la educación sexual, donde el cuerpo femenino aparece asociado al riesgo y no al ejercicio de derechos.

La menstruación sigue rodeada de silencio y vergüenza

Los tabúes comienzan desde la primera menstruación. Para muchas niñas, el primer acercamiento consiste en recibir una toalla sanitaria sin mayores explicaciones sobre los cambios físicos y emocionales que experimentarán.

«Cuando llega la primera menstruación, muchas veces lo primero que te dan es una toalla. Ni siquiera te explican qué está pasando, cuánto puede durar o cómo vivir ese proceso. Es como decirte: ‘toma esta toalla, póntela y olvídate porque para eso sirve'».

La activista explica que, con el paso del tiempo, los productos menstruales terminaron presentándose como una solución a un supuesto problema, cuando en realidad la menstruación es un proceso fisiológico natural.

Ese mismo silencio, afirma, continúa reproduciéndose en la vida cotidiana.

«Lo que se espera es que nadie se dé cuenta de que estás menstruando. Que no menciones la palabra menstruación, que escondas la toalla cuando vas camino al baño y que casi tengas que disculparte por estar sangrando».

A su parecer, esta lógica es similar a la que rodea la sexualidad femenina, donde el desconocimiento del propio cuerpo y la culpa limitan la capacidad de tomar decisiones libres e informadas.

La autonomía corporal también debería medirse

En el marco del Día Mundial de la Población, Rodríguez Martínez considera que las políticas públicas siguen evaluando el bienestar de las juventudes principalmente a partir de indicadores demográficos como la fecundidad o el embarazo adolescente, sin medir otros aspectos esenciales para el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos.

«Una adolescente puede no estar embarazada y, aun así, vivir sin información, sin acceso a productos menstruales y sin poder decidir sobre su propio cuerpo. Esa falta no se ve reflejada en las estadísticas».

Por ello Anahí Rodríguez, propone incorporar indicadores que permitan conocer el grado de autonomía corporal de niñas y jóvenes, entre ellos el acceso a educación sexual integral, la gestión menstrual digna, la disponibilidad de agua, jabón e insumos en las escuelas, el ausentismo escolar relacionado con la menstruación y el nivel de conocimiento sobre el propio ciclo menstrual.

Como ejemplo, recuerda los resultados de la Segunda Encuesta Nacional de Gestión Menstrual, donde una de las fases del ciclo más identificadas por las personas encuestadas fue la ovulación, incluso por encima de la menstruación.

«Eso habla de que se piensa primero en la reproducción. Si solamente contabilizamos embarazos, dejamos fuera muchas necesidades que también deberían orientar las políticas públicas».

Romper el silencio es el primer paso hacia la autonomía

Para la vocera de Menstruación Digna México, la educación sexual integral basada en evidencia científica y en derechos humanos no incentiva el inicio temprano de la vida sexual, como aún sostienen algunos sectores, sino que brinda herramientas para ejercerla de manera libre, informada y segura.

«La evidencia demuestra que la educación sexual integral no adelanta la vida sexual; al contrario, la hace más segura y más libre».

Finalmente, sostiene que el principal cambio debe comenzar por romper con generaciones de silencio y vergüenza alrededor de la menstruación.

«Lo principal es dejar de heredar ese silencio, esa vergüenza y la desinformación. El silencio nunca ha protegido a nadie; al contrario, nos ha privado de participar plenamente en la vida comunitaria. Es momento de que las niñas puedan nombrar lo que les pasa, aprender a escuchar su cuerpo y hablar de menstruación sin culpa».

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