Ciudad de México.- En los últimos años emerge entre las y los jóvenes una nueva forma de violencia que implica perpetrar y divulgar agresiones físicas, verbales o sexuales en redes sociales. Esta práctica, denominada happy slapping, convierte la humillación de una víctima en un recurso para generar impacto y reconocimiento en los espacios web.
Cabe poner bajo la mira que la violencia digital cada vez va a la alza principalmente contra las mujeres. Tan solo en México, ONU mujeres registró que más de 10 millones de mujeres y niñas mayores de 12 años que utilizaron Internet en 2024 fueron víctimas de ciberacoso en los últimos 12 meses.
De acuerdo con la organización Save the Children (STC), el término happy slapping, también denominado “bofetada feliz”, surgió en el Reino Unido. Aunque su nombre podría sugerir algo inofensivo, en realidad se refiere a un acto delictivo que se difunde a través de internet, en el cual se graban y comparten diversos tipos de agresiones con el propósito de entretener y obtener popularidad digital.
Cuando se ejerce este tipo de violencia, el STC advierte que, en la mayoría de los casos, tanto quien agrede como quien graba las imágenes actúan con la intención previa de difundir el contenido. Además, señala que estas agresiones suelen cometerse principalmente entre “amigos y compañeros” de clases.
Esta problemática, señala Save The Children, tiende a comenzar con acoso escolar, lo que después puede derivar en ciberbullying y si el primero es grabado y publicado en internet, se define happy slapping.
Fases del Happy slapping
Asimismo, aunque el happy slapping no sigue normas estrictas, suele presentar un patrón con fases comunes. La primera es el acuerdo previo, en el que normalmente dos o más personas se ponen de acuerdo sobre cómo y cuándo llevar a cabo una agresión contra otro compañero o compañera, ya que la víctima suele ser alguien que ya está sufriendo acoso o ciberacoso.
La segunda fase es el pretexto, pues los agresores buscan una excusa para aislar a la niña o niño que será acosado y prefieren lugares donde no puedan ser interrumpidos y donde no haya adultos que puedan detener la agresión.
A continuación ocurre la agresión, de modo que cuando esta comienza suele haber una o más personas preparadas para grabar la escena mientras otros agreden a la víctima, aunque en otras ocasiones la grabación surge de manera espontánea cuando un compañero decide filmar lo que está ocurriendo.
Por último, llega la difusión de las imágenes, ya que en el happy slapping la agresión, que puede ser verbal, física y sexual, constituye solo la primera fase mientras que la segunda consiste en compartir ese contenido violento en canales digitales, lo cual provoca un daño constante a la víctima, que ve cómo su agresión se reproduce una y otra vez.
Caso Norma Lizbeth
En 2023, en el estado de México, la Escuela Secundaria Oficial 518 “Los Jaguares” fue escenario de un hecho que demuestra las serias consecuencias del acoso escolar, el ciberbullying y el happy slapping. A la salida de clases, y ya en el exterior del plantel, varios estudiantes se reunieron para observar, grabar y animar una agresión en la que una alumna atacó físicamente a otra estudiante, Norma Lizbeth, sin que nadie interviniera para detener la violencia.
Tras la violenta agresión que sufrió Norma Lizbeth, en los días siguientes comenzó a presentar serias complicaciones de salud. Paralelamente, el video en el que se registró la golpiza fue difundido por varios de sus compañeros, hasta viralizarse en redes sociales. Poco después, el 13 de marzo, la adolescente perdió la vida a causa de un traumatismo craneoencefálico, según el informe médico oficial.
La adolescente responsable de la agresión fue privada de su libertad por dos años; sin embargo, los compañeros que actuaron como cómplices y difundieron el video de la violencia ejercida contra Norma en redes sociales no recibieron consecuencia alguna, a pesar de haber contribuido a que las agresiones trascendieran al ámbito digital.
Caso Ainara Suárez
En 2018, la adolescente mexicana Ainara Suárez, quien ya sufría hostigamiento y acoso por parte de varios compañeros de su entorno, fue agredida sexualmente en una fiesta por cuatro jóvenes menores de edad, mientras la agresión era grabada. El video fue posteriormente difundido en diversas plataformas digitales, ampliando el impacto del ataque y la vulnerabilidad de la joven.
La violencia contra la adolescente se intensificó después de que el video de su agresión fuera compartido con la influencer Yoselin Hoffman, quien, a través de un video en YouTube, la agredió verbalmente, revictimizándola y describiendo la agresión sexual, lo que incrementó el ciberbullying que sufría.
Tanto los adolescentes que cometieron la agresión como la influencer fueron sentenciados por los actos cometidos; sin embargo, la adolescente Ainara Suárez, aun habiendo transcurrido siete años desde el suceso, sigue sufriendo las consecuencias en su vida, ya que las agresiones y señalamientos en el espacio mediático continúan.
Esta situación coincide con lo que señala Save the Children, que advierte que, después de sufrir una agresión, la difusión de las imágenes hace que el daño persista. Al ser humilladas públicamente, las víctimas se vuelven fácilmente identificables, lo que las expone a ser ridiculizadas también por los internautas.




