El año pasado, cuando CIMAC escribíamos el último informe sobre violencia contra mujeres periodistas Las formas del asedio, reconocíamos dos realidades: 1. La Conferencia Matutina que se presentó como una oportunidad para acercarnos a la figura política más importante del país: la presidencia y; 2. La violencia que se encara de frente del primer mandatario.
Esta violencia requiere mayor atención pues se trata de una voz con eco nacional e internacional por la magnitud de la audiencia y que rápidamente impacta en la ciudadanía que se ve autorizada para descalificar a la prensa.
El testimonio de las periodistas nos permitió afirmar que la narrativa de López Obrador consistió en mostrar al gremio en general como enemigo de su gobierno, para contrarrestar el trabajo periodístico.
El segundo mandato presidencial del impresentable Trump, ha rebasado por mucho la realidad crítica de la denostación de la labor periodística en más de una ocasión.
El 12 de junio de 2025, la vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, respondió a la pregunta de una periodista, quien cuestionó si el presidente Donald Trump apoyaría protestas pacíficas. Ella contestó:
-“Por supuesto que el presidente apoya las protestas pacíficas. Qué estúpida pregunta”. Luego el mismo Trump diría que quien saliera a protestar se enfrentaría a “una fuerza brutal”.
Reporteros Sin Fronteras ha calificado a Trump “como uno de los peores depredadores de la libertad de prensa en el mundo” por implementar acciones como la eliminación de la verificación de datos de Meta, el desmantelamiento de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID); o las agresiones de los agentes de ICE en las redadas en contra de personas inmigrantes en Estados Unidos.
El 14 de noviembre de 2025, Trump llamó “cerdita” a una reportera que lo cuestionó sobre los archivos del caso Jeffrey Epstein.
En diciembre pasado, el presidente llamo “estúpida” a la reportera que cuestionó sobre el atacante de 2001.
Ahí está la marca de género en la violencia. Aunque Trump ha atacado a mujeres y hombres periodistas, las agresiones contra ellas muestran sexismo y misoginia, las cuales incluyen comentarios sobre su aspecto físico.
En el informe Las formas del Asedio, Ana San Vicente Juambelz señala que “una de las formas en que se genera y reproduce la violencia contra las mujeres periodistas es mediante el lenguaje… lo que se dice y cómo se dice no son solamente opiniones; son actos discursivos con consecuencias reales sobre la vida y la seguridad de las personas”.
Las formas del asedio de Trump agudizan las agresiones contra la prensa. No solo señalan a las y los periodistas que se atreven a cuestionar si no que atacan directamente para minimizar, criminalizar y violentar a las periodistas que, en medio de un mundo en amenaza, intentan levantar la voz por las víctimas de la xenofobia.
Desde CIMAC sostenemos que sin periodistas no hay democracia, y sin mujeres periodistas libres, protegidas y reconocidas, no hay justicia ni un camino posible hacia la erradicación del patriarcado.




