Ciudad de México.- El Día de las Madres celebrado cada 10 de mayo se acerca y las madres buscadoras han sido claras en decir que «no hay nada que celebrar», en medio de la incertidumbre y el dolor que supone buscar a una hija o hijo desaparecido se encuentra la indolencia de un Estado que se niega a reconocer las desapariciones forzadas como un problema generalizado y su papel como defensoras de derechos humanos.
Si un día desaparecieras sin dejar rastro probablemente la primera persona que te buscaría en cada rincón del país sería tu madre o al menos así lo indican las estadísticas de Amnistía Internacional en su informe «Desaparecer otra vez. Violencias y afectaciones que enfrentan las mujeres buscadoras en México» donde el 65% de las mujeres que entrevistaron refirieron buscar a sus hijas e hijos.
Primero, tu madre contactaría a tus seres queridos o círculo social para saber tu paradero. De no encontrarte, seguirían preguntando en centros de detención, de atención psiquiátrica, estaciones migratorias, hospitales, centros para adicciones, albergues públicos y privados, recorrerían las calles de tu ciudad o indagarían entre personas en situación de calle como suelen hacer estas mujeres en las primeras horas y días de una desaparición.
Interpondría denuncias ante las fiscalías y los ministerios públicos. Se enfrentaría a violencias institucionales que les piden esperar 72 horas para iniciar la búsqueda perdiendo así horas vitales. Colocaría tu fotografía o ficha de búsqueda en sus redes sociales o en las avenidas principales, incluso podrían cerrar vialidades para hacer mediático tu caso para que el Gobierno de México y la sociedad les presten atención.
Si es que sigues sin aparecer, entonces se enfrentaría a una realidad: que su hija o hijo se suma a las 133 mil 680 personas desaparecidas y no localizadas en México, de las cuales 29 mil son mujeres de acuerdo con datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNLO). Probablemente su única opción sea unirse a las jornadas de búsqueda y convertirse en una madre buscadora.
El papel de estas mujeres se remonta a las secuelas de la Guerra Sucia, fueron ellas las primeras en configurar todo un movimiento para denunciar las desapariciones forzadas. Pronto se formaron grupos como el Comité Pro-Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos de México (Comité Eureka) fundado por la madre buscadora Rosario Ibarra en 1975 quien buscaba a su hijo Jesús Piedra Ibarra.
De acuerdo con Amnistía Internacional, en el segundo periodo de desapariciones forzadas masivas en la llamada «guerra contra el narcotráfico» fue donde, de nueva cuenta, mujeres se organizaron en colectivas de búsqueda con la única motivación de encontrar a sus desaparecidas y desaparecidos.
Al día de hoy, se estima que existen 234 colectivas de familias buscadoras, de las cuales el 90% se conforma por mujeres. Además de madres, se unen hermanas, parejas, hijas y amigas. Amnistía Internacional indica que su liderazgo es «una extensión del rol y labores de cuidados que se les suele asignar a ellas en el marco de las tradiciones, cultura y costumbres latinoamericanas y mexicanas».

Sin embargo, para las madres buscar también implica hacerlo bajo el supuesto de que su hija o hijo este muerto y en esos casos las búsquedas se focalizan en indagar entre los más de 72 mil 100 restos humanos o adentrarse en las más de 5 mil 696 fosas clandestinas repartidas en todo el territorio mexicano como reporta Amnistía Internacional, con el tiempo y experiencia se vuelven capaces de distinguir los restos óseos de una persona con los de un animal.
A esto se suma el clima de desprestigio que el Estado mexicano emprende constantemente en su contra. Desde señalamientos por «formar parte de movimientos de oposición o partidos políticos», así como acusaciones de «golpeteo político» cuando salen a evidenciar la ausencia de las autoridades para encontrar a sus hijas e hijos desaparecidos.
Así lo hizo el expresidente Andrés Manuel López Obrador en 2024 cuando la madre buscadora Cecilia Flores, originaria de Sonora, encontró una fosa clandestina en Iztapalapa durante su visita a la Ciudad de México. La confrontación de esta mujer, quien también dejó su propia pala en las puertas de Palacio Nacional, misma con la que buscó a Marco Antonio y Jesús Adrián, hizo enfurecer a todo un Gobierno.
Es así que las madres buscadoras son consideradas como figuras incómodas, ya que señalan a gobiernos y partidos, sin importar su color o ideología, y responsabilizan a grupos criminales del narcotráfico. Mujeres buscadoras como Yoltzin Martínez se reconocen a sí mismas como un desafío que «evidencia la omisión, la negligencia y la indolencia de un gobierno que nos ha hundido».
Madres buscadoras, las más incómodas para el gobierno mexicano – cimacnoticias.com.mx
Como resultado de alzar la voz son reprimidas con violencia, al menos el 97% de un total de 521 mujeres buscadoras encuestadas por Amnistía Internacional en su informe experimentaron un episodio de violencia. Por ello en 2025 se consideró que su labor es una actividad de «alto riesgo» sobre todo en entidades como Aguascalientes, Baja California Sur, Chihuahua, Colima, Durango, Guerrero, Oaxaca, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí, Sonora, Tamaulipas, Tlaxcala y Yucatán.
Entre las afectaciones reportadas por estas mujeres se encuentran violaciones a diversos derechos como la vida (amenazas); a la integridad (secuestros, ataques físicos), a la circulación y residencia (desplazamiento interno); a la igualdad y no discriminación; así como a derechos económicos, sociales y culturales (problemas de salud y empobrecimiento).
Entre febrero de 2011 y mayo de 2025 se detectaron un total de 30 asesinatos de personas buscadoras, de las cuales 16 fueron mujeres quienes reportaron amenazas ya sea por medios públicos o con las autoridades, el hallazgo de fosas, o la identificación de probables responsables.

En cuando a la discriminación, las mujeres buscadoras se enfrentan a barreras estructurales que obstaculizan su labor como el racismo, el patriarcado y la discriminación. lo cual genera otros tipos de violencia por razón de género. De esta manera, el 239 de las encuestadas reportó haber sido discriminadas y 225 de ellas cree que el motivo fue su género.
Durante las labores de búsqueda, mujeres señalaron estar expuestas a condiciones meteorológicas y geográficas adversas, lo que las pone en riesgo de adquirir o agravar enfermedades por la exposición al sol, caminan en terrenos insalubres donde tienen la posibilidad de adquirir hongos, tienen el riesgo de caerse o resbalarse en los terrenos en donde se hacen las búsquedas.
Las mujeres también se enfrentan al empobrecimiento: 433 buscadoras perdieron recursos económicos; 146 se quedaron sin trabajo tras la desaparición; 412 trabajan en el autoempleo u opciones flexibles como el comercio, 42 preparan comida en restaurantes o puestos de comida, 32 son trabajadoras del hogar; 18 mencionaron que tiene dos o más trabajos; y 151 perdieron su vivienda.
«Primero, son víctimas de la desaparición, lo que las coloca en riesgo de sufrir violencia institucional y afectaciones ulteriores. Segundo, son personas defensoras de derechos humanos, por lo que se ven expuestas a riesgos particulares, tanto a manos de agentes estatales como no estatales. Tercero, son mujeres, por lo que pueden sufrir violencia en razón de género y barreras diferenciadas en el ejercicio de sus derechos. Cuarto, pueden confluir otras condiciones que aumentan su situación de vulnerabilidad, como la raza, la situación migratoria, la etnia, tener alguna discapacidad, vivir en zonas periféricas o rurales, entre otras.» -Amnistía Internacional.
Cuando la víctima es una mujer en muchos escenarios supone un caso de feminicidio y buscar justicia y verdad se vuelve un segundo objetivo para las madres buscadoras como lo fue con Norma Andrade cuando su hija Lilia Alejandra de 17 años desapareció el 14 de febrero de 2001 en Ciudad Juárez, Chihuahua, y fue hallada hasta el 21 de febrero sin vida y con signos de tortura y violencia sexual.
Maternar después del feminicidio de su hija, la historia de Norma Andrade – cimacnoticias.com.mx

Desde su documentación por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) en 2015 hasta la actualidad, México registra 9 mil 310 mujeres asesinadas por violencia feminicida; sin embargo, muchos casos comienzan con la desaparición de estas mujeres como lo fue con Debanhi Escobar en 2022, Fátima Virinia Quintana en 2015 o el reciente caso de Edith Guadalupe por mencionar algunos nombres de mujeres que dejaron huella en el país.
Este fin de semana, 133 mil 680 hogares no destejarán el Día de las Madres de la misma manera. Algunas de madres asistirán a la Velada organizada en el Monumento a la Madre el 9 de mayo en punto de las 5 de la tarde y otras caminarán varios kilómetros exigiendo justicia en la Marcha por nuestros desaparecidos el 10 de mayo en punto de las 10 de la mañana y otras seguirán su búsqueda.




