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El muralismo en clave de mujeres

Por Ximena Adalí Valdes Vargas
Emily González, maestra de muralismo. Foto recuperada de su cuenta personal de Instagram @infante_ubs

Ciudad de México.- Emily González, es una profesora de Muralismo y Arte urbano, tiene 25 años y en sus clases trata de implementar la perspectiva de género, porque el muralismo mexicano también está en clave de mujeres.

Emily además de participar en festivales de grafiti donde desarrolla sus habilidades en el muralismo, está estudiando la licenciatura de Diseño digital y Animación, lo que representa doble esfuerzo porque debe combinarlo con las clases que imparte de muralismo las cuales imparte en un proyecto de Puntos de Innovación, Libertad, Arte, Educación y Saberes, mejor conocido como PILARES.

El muralismo, un movimiento artístico alcanzó su máximo esplendor en México al terminar la revolución, como forma de expresión cultural y promoción de educación social entre los años 1920 y 1970. Sin embargo, la historia se ha encargado de tergiversar y excluir de la línea del tiempo a las mujeres que fueron participes de este movimiento, presentando como máximos exponentes a hombres como Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros o José Clemente Orozco, pero lo cierto es que ellas también han hecho muralismo.

Emily es un claro ejemplo que el muralismo también ha sido emprendido por mujeres en el país.

Un caso emblemático es el de Aurora Reyes, reconocida como la primera mujer muralista de México. Nació en Chihuahua en 1908 y posteriormente migró a la Ciudad de México, donde cursó sus estudios en la Academia de San Carlos. Sus pinturas se enfocaron en reflejar la historia de las mujeres en su lucha social en México y desarrolló su estilo en el retrato, mostrando predilección por los rostros femeninos. 

El primer mural que pintó Aurora Reyes se encuentra en el Centro Escolar Revolución y es titulado Atentado a las maestras rurales (1936), en el que reflejaban algunas de las preocupaciones de Reyes, como la educación y la lucha por mejorar las condiciones laborales de las mujeres trabajadoras.

Atentado a las maestras rurales. 1936

Casi a la par de Aurora Reyes, sobresalió Elena Huerta, nacida también en 1908 y originaria de Saltillo; autora del que es considerado el mural más grande hecho por una mujer en México, se trata de un trabajo de 450 metros cuadrados ubicado en Saltillo, Coahuila, estado en el que se encuentra la mayor parte de su obra. Trabajó desde joven como maestra de primaria y así pudo inscribirse en la Academia de Arte de Saltillo.

En un país donde las brechas de género siguen presentes, las voces de las docentes reflejan la necesidad de construir entornos educativos más justos, seguros y equitativos para quienes dedican su vida a la enseñanza.

«Lo que yo trato de implementar es un espacio donde todas las y los alumnos se sientan pertenecientes de un lugar, seguros, escuchados, queridos, que sientan que lo que dicen importa. Pero sobre todo que sepan que el arte no es un privilegio.» -Emily González

El acercamiento de Emily hacia el muralismo fue a través del rotulismo, lo que la llevó a experimentar y llegar al muralismo.

Narra que comenzó a impartir clases a los 21 años, lo cual fue un factor para que los demás profesores la demeritaran e incluso dudaran de sus capacidades. Pero eso no fue impedimento para que continuara con su trabajo. Su participación en el taller dentro del programa PILARES fue bien aceptado por el público, ya que ha tenido alumnos desde los 5 años de edad hasta personas adultas de 60 años.

Principalmente Emily pinta mujeres, como símbolo de empoderamiento
Emily suele hacer murales de mujeres con un estilo realista y otras veces anime, pero siempre expresando el empoderamiento. Instagram: @infante_ubs

En su trayectoria, esta maestra muralista también se enfrentó al desprestigio que intentaron inferirle algunos alumnos hombres mayores a ella que la cuestionaban como docente, dudando de sus conocimientos y que jamás regresaron a la clase. Pero eso tampoco desmotivó a Emily para que impartiera sus conocimientos en dibujo y muralismo; pues cuenta con experiencia y participación en distintos festivales de grafiti, como «juntas hacemos más», un evento que brinda un espacio a mujeres dentro del arte urbano para crear y expresarse.

No falto porque sé que es un espacio en el que mis alumnos vienen a distraerse y a aprender algo que les interesa. Siento una gran responsabilidad con ellos.»

La docencia en México es una labor que muchas veces no es bien reconocida ni bien remunerada; a pesar de que es el principal pilar de la educación y futuro del país. Aun así, persisten desigualdades de género que limitan el reconocimiento y las oportunidades laborales de muchas maestras dentro del ámbito educativo, y que incluso obstaculizan el desempeño de trabajo de las maestras.

Ella señala que su labor educativa no termina al salir de las aulas. Gran parte del trabajo continúa en casa con la planeación de clases, elaboración de material didáctico y atención a distintas problemáticas escolares. Esta carga laboral, sumada a las responsabilidades de estudio le resultó complicado al inicio de su docencia, sin embargo, afirma que ha podido sobrellevarlo.

Ser mujer y docente en un país patriarcal

En cuanto a la técnica para la implementación para la enseñanza de perspectiva de género, la maestra Emily comenta que al inicio de su docencia trató de hacerlo mediante el arte, sin embargo, había dos caminos; los que se ponían de forma tajante y los que sí dialogaban para informarse más, lo cual la llevó a solo implementar esta enseñanza cada 8 de marzo.

Sin embargo, en cada clase trata de impartir la empatía, el humanismo y la igualdad mediante el arte y el dibujo, con actividades que apoyan el desarrollo de sus alumnos.

A pesar de las dificultades que trae consigo ser docente y mujer en un país donde mayormente los hombres forman parte de la autoridad, Emily generó cambios en el PILARES donde laboró inicialmente, del cual tuvo que irse por diferencias.

“En una ocasión, un hombre de unos 27 años venía a mi clase, pero yo me di cuenta de que tenía conductas extrañas con una niña menor de edad, lo cual no me pareció y quise externarlo con mi supervisor para que hiciéramos algo al respecto.

Después de una junta general, algunos compañeros docentes también concordaron en que ya se le había visto tener conductas cuestionables, pero nadie denunció nada. Aun así, se pusieron en mi contra los supervisores, algunos maestros y 2 maestras.

Los directores del PILARES me dijeron que no podían hacer nada porque nadie se quejó del tipo, no podían negarle la entrada porque «era un espacio para la comunidad», a pesar de que en su mayoría son niñas y niños los que asisten a PILARES.

Hasta que afortunadamente cambió la dirección y llegó una mujer que me apoyó y pusimos medidas de seguridad, medidas que no existían y que los otros directivos no pudieron hacer. ”

Emily señala que en PILARES no existe un protocolo específico para atender denuncias por violencia de género, aunque sí se realizan capacitaciones dirigidas a informar y sensibilizar a la comunidad, sin embargo, estas capacitaciones no ocurren constantemente. De hecho, los espacios no cuentan con cámaras de seguridad.

«Me he dado cuenta de que mi clase es un espacio para que mis alumnos se desahoguen y es lo que trato de hacer, que se sientan seguros, que se desenvuelvan y que encuentren en el arte un camino, en vez de que se desvíen y se la pasen en la calle.»

La maestra Emily en su espacio de trabajo dentro del PILARES Pensil.

«Trabajar para el gobierno es muy mediocre»

El área de trabajo de Emily es muy reducida; solo cuenta con una mesa y unas sillas en donde puede transmitir sus conocimientos. Asegura que PILARES no le ha dado un salón especialmente para su clase desde que entró a trabajar, en ninguna de las sedes donde ha impartido clases, y eso resulta un poco incómodo para ella y sus alumnos.

Incluso comenta que no cuenta con prestaciones laborales, ni seguro médico, su contrato de trabajo se renueva cada año y los materiales que ocupa para dar su clase los tiene que proporcionar ella de su propio salario o pedírselo a sus alumnado. Así como el deterioro de las instalaciones que cuentan con goteras, falta de mantenimiento en la iluminación y falta de espacio.

A pesar de eso, Emily tiene su objetivo claro; hacer que las personas tengan acceso al arte, educación de calidad y un lugar en donde sus alumnos se sientan seguros, escuchados y parte de una comunidad. Y lo ha logrado en estos casi 4 años, pues tiene alumnos constantes que incluso ha ayudado personalmente en situaciones difíciles, cuando ella se ha dado cuenta.

Emily González. Instagram: @infante_ubs

«Lo que a mí me motiva a seguir en la docencia es seguir con estas prácticas, educando a cualquier persona que tenga ese interés por aprender. Pero sobre todo que se sienta capaz de desarrollar sus habilidades.» -Emily González.

Emily representa cómo la combinación de talento y vocación docente puede sembrar valores, inspirar nuevas generaciones y contribuir al desarrollo de una sociedad más sólida.


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