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Erradicación del embarazo en niñas, el gran reto del Estado mexicano a 2030

Por Lourdes Godínez Leal
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Ciudad de México.- México tiene cuatro años para cumplir una de las metas más ambiciosas de la Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo en Adolescentes (ENAPEA): erradicar los nacimientos en niñas de 10 a 14 años y reducir en 50 por ciento la Tasa Específica de Fecundidad en Adolescentes (TEFA) de 15 a 19 años para 2030.

Estos objetivos están alineados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas y con el Consenso de Montevideo, compromisos internacionales suscritos por el Estado mexicano.

De acuerdo con estimaciones del Consejo Nacional de Población (Conapo), durante 2025 se registraron 7 mil 877 nacimientos en niñas de entre 10 y 14 años de edad, lo que equivale a un promedio de 22 nacimientos diarios en el país.

Conapo define la fecundidad forzada en niñas de 10 a 14 años de edad cuando una niña se convierte en madre, casi siempre, por situaciones de abuso, y esto representa un problema muy serio de salud y de transgresión de derechos.

El propio gobierno federal reconoce que los embarazos en niñas de 10 a 14 años están estrechamente relacionados con distintas formas de violencia sexual ejercidas, principalmente, por personas del entorno familiar o cercano. Estas agresiones pueden manifestarse mediante amenazas, abuso de poder, presión psicológica o relaciones forzadas.

Las consecuencias son especialmente graves. Las niñas que se convierten en madres en este rango de edad tienen cuatro veces más probabilidades de morir por causas maternas que las mujeres de 20 a 24 años. Además, enfrentan mayores riesgos de complicaciones físicas, emocionales y sociales.

Si bien entre 2018 y 2025, el número anual de nacimientos en niñas de 10 a 14 años disminuyó 24.9 por ciento, las diferencias geográficas marcan diferencias.

Por ejemplo, mientras la tasa nacional de fecundidad forzada fue de 2.39 nacimientos por cada mil niñas de 10 a 14 años en 2025, entidades como Chiapas (5.30), Oaxaca (4.45) y Guerrero (3.41) registraron niveles considerablemente superiores al promedio nacional.

Otro dato que llama la atención es la situación conyugal reportada para este grupo de edad. En 2018, 2.2 por ciento de las niñas que fueron madres aparecían registradas como casadas; para 2024 la proporción disminuyó a 1.1 por ciento. No obstante, la mayoría fue reportada en unión libre, condición que concentró 59.1 por ciento de los casos.

Respecto a la edad de los responsables de estos embarazos, los registros de 2024 muestran importantes vacíos de información: en 33 por ciento de los casos no se especificó la edad del padre. Entre los casos identificados, el grupo más frecuente fue el de hombres de 15 a 19 años (38.2 por ciento), seguido por quienes tenían entre 20 y 24 años (19.1 por ciento), entre 25 y 29 años (4.9 por ciento) y entre 30 y 34 años (2.0 por ciento).

Embarazo adolescente: avances insuficientes

De acuerdo con la Conciliación Demográfica de México 1950-2015 y las Proyecciones de la Población de México y de las Entidades Federativas 2016-2050, el promedio de hijos por mujer pasó de 6.6 en 1970 a 2.05 en 2020.

En el caso de las adolescentes de 15 a 19 años, la reducción ha sido más lenta. Entre 1970 y 1990 la tasa de fecundidad en este grupo descendió 36 por ciento; sin embargo, posteriormente se estancó. Entre 2005 y 2014 apenas pasó de 75.8 a 75.6 nacimientos por cada mil adolescentes.

Ante este escenario, en 2015 el Gobierno de México puso en marcha la enapea. Desde entonces, la Tasa Específica de Fecundidad en Adolescentes (TEFA), indicador que mide el número de nacimientos por cada mil mujeres de 15 a 19 años, pasó de 72.38 en 2015 a 59.46 en 2024.

Para alcanzar la meta comprometida para 2030, el país deberá reducir la TEFA hasta 32.6 nacimientos por cada mil adolescentes.

A lo largo de una década, la estrategia ha transitado por tres etapas de implementación. Sin embargo, los avances no han sido homogéneos: entre 2014 y 2018, la tasa de fecundidad adolescente disminuyó 8.4 por ciento en las zonas urbanas y 7.7 por ciento en las rurales.

La situación es aún más preocupante entre las adolescentes indígenas, donde el indicador no sólo no disminuyó, sino que aumentó. En ese mismo periodo pasó de 84.7 a 87.1 nacimientos por cada mil adolescentes.


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