El Consejo de Derechos Humanos de la ONU aprobó una resolución histórica que incorpora por primera vez el concepto de violencia reproductiva como una forma específica de violencia de género.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) dio un paso histórico en el reconocimiento de los derechos de las mujeres al aprobar, por primera vez, una resolución que identifica de manera explícita la violencia reproductiva como una forma específica de violencia de género.
La resolución, adoptada por consenso el pasado 14 de julio durante el 62º periodo de sesiones del Consejo de Derechos Humanos, incorpora este concepto en un documento oficial negociado por los Estados miembros, lo que representa un precedente para fortalecer la protección de los derechos humanos de mujeres y niñas, especialmente en contextos de crisis humanitarias.
La resolución titulada «Promoción, protección y respeto del pleno disfrute de los derechos humanos de las mujeres y las niñas en situaciones humanitarias» (A/HRC/62/L.21/Rev.1) reconoce que la violencia reproductiva constituye una manifestación diferenciada de la violencia basada en género, un fenómeno que hasta ahora no había sido nombrado de forma expresa dentro de un documento final negociado del sistema de Naciones Unidas.
¿Qué es la violencia reproductiva?
Aunque distintas organizaciones feministas y de derechos humanos han documentado esta problemática durante años, el reconocimiento de la ONU le otorga un nuevo peso jurídico y político.
La violencia reproductiva comprende acciones u omisiones que vulneran la autonomía de las personas para decidir sobre su reproducción y su salud sexual. Incluye prácticas como la esterilización forzada, la anticoncepción o el embarazo impuestos, la negación del acceso a servicios de salud sexual y reproductiva, la violencia obstétrica, la criminalización de decisiones reproductivas y cualquier intervención que limite el derecho a decidir libremente sobre el propio cuerpo.
Un avance para los derechos de las mujeres
Diversas organizaciones internacionales celebraron la aprobación de la resolución al considerar que nombrar esta forma de violencia permite visibilizar violaciones que durante décadas permanecieron invisibles o fueron tratadas únicamente como problemas sanitarios.
La Federación Internacional de Planificación de la Familia (IPPF) señaló que este reconocimiento fortalece los estándares internacionales de derechos humanos y brinda mayores herramientas para prevenir estas violencias, proteger a las sobrevivientes y exigir la rendición de cuentas de los Estados responsables.
Además, el reconocimiento adquiere especial relevancia en contextos humanitarios, donde mujeres y niñas enfrentan mayores riesgos de violencia sexual, embarazos forzados, falta de atención médica y restricciones para acceder a servicios esenciales de salud reproductiva.
Un concepto que aún genera resistencia
La incorporación del término también evidenció las diferencias entre algunos Estados respecto al reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos.
Durante la discusión de la resolución, el gobierno de Costa Rica manifestó reservas sobre el uso del concepto «violencia reproductiva», al argumentar que no forma parte de tratados internacionales jurídicamente vinculantes y que su inclusión podría ampliar obligaciones para los Estados.
Pese a estas objeciones, el texto fue aprobado por consenso, consolidando un nuevo referente para futuras políticas públicas, litigios internacionales y mecanismos de protección de los derechos humanos de mujeres y niñas.
México: una de cada tres mujeres ha vivido violencia obstétrica
Aunque el concepto de violencia reproductiva apenas fue reconocido por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en México algunas de sus manifestaciones ya han sido documentadas, particularmente la violencia obstétrica, considerada una violación a los derechos humanos de las mujeres y personas con capacidad de gestar.
De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021, retomada por el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), 30.9 por ciento de las mujeres de entre 15 y 49 años que tuvieron un parto en los cinco años previos reportó haber vivido al menos una situación de violencia obstétrica durante el nacimiento de su último hijo o hija. En 2016 la cifra fue de 33.4 por ciento, lo que evidencia que el problema se ha mantenido prácticamente sin cambios: una de cada tres mujeres continúa enfrentando este tipo de violencia durante el embarazo, parto o puerperio.
Entre las prácticas identificadas se encuentran la realización de procedimientos médicos sin consentimiento informado, la negación de información sobre el parto, el uso de métodos innecesarios o invasivos, humillaciones, regaños, retrasos injustificados en la atención y la imposición de decisiones sobre el cuerpo y la reproducción de las mujeres. Estas conductas son consideradas expresiones de violencia reproductiva porque limitan la autonomía para decidir sobre los procesos reproductivos.
