Inicio AgendaLas mujeres tienen derecho a un parto respetado y humanizado. En la práctica, se atenta contra sus decisiones

Las mujeres tienen derecho a un parto respetado y humanizado. En la práctica, se atenta contra sus decisiones

Por Wendy Rayón Garay

Ciudad de México.- Cada 7 de junio se celebra el Día Mundial de los Derechos del Nacimiento y el Parto Respetado para hacer un llamado a garantizar que el proceso de alumbramiento sea seguro, digno y respetuoso para las mujeres, Esto no solo mejora la experiencia del nacimiento, sino que es fundamental para reducir la muerte materna, la cual es una problemática global, especialmente en zonas de atención deficiente o abusos durante el parto.

De acuerdo con Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF por sus siglas en ingles), el «parto respetado» o «parto humanizado» se refiere a proporcionar atención digna y respetuosa por parte del personal de salud, dando prioridad a los derechos humanos, sexuales y reproductivos de las mujeres y respetando el proceso fisiológico del parto y las necesidades preferenciales de cada persona, sin ejercer violencia o discriminación.

Históricamente el cuerpo de las mujeres ha sido un terreno de diputa donde el patriarcado ha impuesto normas, limitaciones y prácticas de control que niegan el derecho a decidir sobre su propio cuerpo, por ello, en este día se visibiliza la necesidad de poner en el centro a las mujeres como protagonistas, para que tomen decisiones y elijan en qué condiciones quieren parir.

Para ello se necesita recibir atención personalizada por parte del personal médico que acompaña a la mujer en el embarazo, parto y postparto; recibir información con lenguaje claro y comprensible sobre los beneficios, riesgos o efectos de distintas intervenciones; seguir un ritmo preciso para el parto evitando presiones o intervenciones innecesarias; participar en la toma de decisiones sobre el manejo del dolor; y mantener libertad de movimiento, así como decidir sobre la forma de postura con más comodidad.

Asimismo, no estar sometida a ningún procedimiento médico, examen o intervención con fines de investigación; solicitar la placenta si lo desea y según sus creencias; tener contacto inmediato piel a piel con el recién nacido; recibir asistencia psicosocial cuando se requiera o desee; obtener información sobre los beneficios de la lactancia materna y asesoría para amamantar; y contar con información sobre métodos anticonceptivos acordes a su condición clínica.

Cuando no se respetan los derechos de las mujeres durante su parto, puede ser considerada una violencia obstétrica denominada así por ejercer cualquier práctica, comportamiento y actitud del personal de salud que afecte de forma física, psicológica o emocionalmente a la mujer durante su embarazo, parto y postparto, así como poner en peligro su derecho a la vida, salud, integridad, intimidad y autonomía, según la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Entre algunas formas de violencia obstétrica se encuentran negar o demorar la atención médica oportuna, así como dejar a una mujer sola durante periodos largos de tiempo; realizar cesarías fuera de una situación de peligro y sin consentimiento; uso de técnicas que alternan el proceso natural del parto sin consentimiento; burlas, criticas o comentarios humillantes; suministro injustificado de medicamentos y maniobras; tactos o exploraciones vaginales invasivas o innecesarias.

Así como impedimentos de ingreso a un acompañante al proceso de parto sin condiciones de salud que lo permiten; impedir la salida del centro de salud por incapacidad de pago; obligar a una mujer a dar a luz en una posición que le resulta incomoda; separar al bebe de su madre sin causa médica justificada; negativa de suministrar medicación para el dolor cuando la mujer lo solicita.

La medicalización extrema, la violencia obstétrica, la negación de información y la ausencia de consentimiento son manifestaciones claras de un sistema que, en lugar de empoderar a las mujeres, las subordina y despoja. De esta manera, el parto respetado es una de las luchas de las mujeres para transformar la manera en la que se entiende y atiende el nacimiento y reconocido que las mujeres no son simples receptoras de un procedimiento médico, sino sujetas de derecho.

Por otro lado, hablar del parto respetado no es solamente un enfoque médico, sino una reivindicación de derechos, de justicia social y de autonomía para las mujeres. Es hablar, también de la posibilidad concreta de evitar muertes maternas, las cuales ocurre durante el embarazo, parto o puerperio por cualquier causa relacionada a estos, excluyendo causas accidentales. Además, su carácter estructural prevenible, convierte a la muerte materna en una violación a los derechos humanos y una responsabilidad del Estado.

Esta relación también se refleja en los contextos de mayor vulnerabilidad, por ejemplo, en comunidades rurales e indígenas que apuestan por el respeto a la partería tradicional y a la integración cultural de los servicios de salud como parte esenciales para garantizar que las mujeres accedan a la atención segura y sin violencia; por lo que, reconocer las diversas formas de parir es también parte del respeto al parto.

El parto respetado no solo es una cuestión de vida o muerte, sino también de justicia, de derechos y de libertad. Es una lucha política y un acto de resistencia frente a siglos de control sobre los cuerpos femeninos como los sistemas de salud que violentan a las mujeres, por lo que el Día Mundial de los Derechos del Nacimiento y el Parto Respetado implica reconocer que se trata de un derecho y su ausencia pude costar vidas.

Postura para parir, una decisión exclusiva de mujeres

Al parir, las mujeres deben ser el centro de la toma de decisiones, pero esto casi nunca ocurre así. Muchas de ellas son obligadas a llevar a cabo la labor de parto de manera horizontal, es decir, acostadas, aún cuando esta técnica representa dificultad y un dolor mayor del que supondría parir en cuclillas o sentada. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) destaca que cada año, 140 millones de mujeres tienen un parto. Y aunque la mayoría de estos se llevan a cabo sin complicaciones, en los últimos 20 años este proceso se ha tratado más como un “problema médico, que como un proceso natural”, destaca el organismo. 

Las madres deben decidir cómo parir 

Se dice que el rey Luis XIV de Francia fue el responsable de que las mujeres comenzaran a parir acostadas, ya que él tenía una “fascinación” -importante que la reconozcamos como violencia– por observar a mujeres mientras se encontraban en labor de parto

“Él se frustró por la visión oscura del nacimiento cuando se realizaba en un taburete de parto, por lo que promovió una nueva posición. También insistió en que médicos hombres asistieran los nacimientos. Aunque se desconoce la influencia de la política del rey, el comportamiento de la realeza debe haber afectado a la población hasta cierto punto”, destaca la investigación The Evolution of Maternal Birthing Position, publicado en American Public Health Association (APHA). 

Esta posición se ha convertido en la favorita de los médicos, para quienes resulta más cómodo atender partos mientras las mujeres se encuentran acostadas, señala la colectiva Medicina sin violencia.

Fotografía: Flickr

Pero ¿y las madres? En 2018 la OMS publicó una serie de recomendaciones para atención de embarazos partos, entre las que destaca la siguiente: 

“Que la mujer decida las posiciones para dar a luz y cuándo empujar durante el parto”. 

Aquí se hace especial énfasis en que cada parto es único, pero la constante debe ser el poder de decisión de las madres, ya que en los últimos años se ha podido observar que son los médicos quienes toman el control del parto sin consultar a las mujeres

En ese sentido entra en juego las dudas respecto a qué posición es la adecuada tanto para la madre como para el bebé. Pero organismos como la OMS destacan que posiciones diferentes a la de permanecer acostada no representan ningún riesgo para la salud y bienestar. 

“Durante años las mujeres han tenido que tumbarse de espaldas, pero la OMS dice que hacerlo en otra postura no tiene ningún impacto negativo y por eso recomienda que se deje elegir a las mujeres si quieren parir en cuclillas, sentadas o en otra postura que les resulte confortable”, señala la Organización de las Naciones Unidas (ONU) Mujeres. 

La partería como resistencia

En México, de las mujeres de 15 a 49 años que tuvieron un parto cesárea entre 2016 y 2021, 33.4 por ciento experimentaron maltrato en la atención obstétrica durante la cesárea y 29.6 por ciento en el parto, reveló la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh) 2021

La violencia obstétrica se manifiesta por medio de gritos o regaños, cesárea sin autorización, negación de anestesia, amenazas, jaloneos o falta de información. Ante este tipo de agresiones, las mujeres llamaron a defender sus cuerpos y los de las otras desde la partería, de la mano de un acompañamiento humanizado. 

Aquí la figura de las parteras ha cobrado mayor relevancia, mujeres que contribuyen a evitar aproximadamente dos tercios de las muertes maternas y neonatales, señala ONU Mujeres.

“Hay evidencia que demuestra que en los lugares donde tenemos la presencia de una partera competente desciende la mortalidad materna, ya que la partera hace un acompañamiento, provee atención de calidad de todo el proceso reproductivo normal y detecta complicaciones”, asegura Alma Virginia Camacho, asesora regional del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) para América Latina y el Caribe. 

En México hay más de 20 mil parteras tradicionales, 100 parteras profesionales egresadas y 16 mil 684 licenciadas en enfermería obstetricia, de acuerdo con información de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHCM)



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