Ciudad de México.- Hoy 30 de abril, se celebra el Día de la Niña y Niño; sin embargo, datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reportaron que existen 35.7 millones de niñas, niños y adolescentes en México, de ese total, 667 mil son niñas que viven con alguna discapacidad o enfermedad, por lo cual, necesitan cuidados de una persona residente en el hogar ante la ausencia del Estado mexicano que vulnera sus derechos humanos.
En México, el Día de la Niña y Niño nació en 1916, pero fue hasta el 30 de abril de 1924 cuando se acordó celebrar de manera oficial a las niñas, niños y adolescentes del país, por eso es fundamental que en el marco de esta festividad se recuerde que el país tiene una deuda pendiente con las niñas, niños y adolescentes que viven con una discapacidad, sobre todo las niñas quienes enfrentan desigualdad y discriminación múltiple e interseccional.
De acuerdo con la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHCM), entre los obstáculos que viven las mujeres con discapacidad se encuentran enfrentarse a un sistema de cuidado que recae en sus familias, es feminizado, precarizado y sin el apoyo del Estado, así como el cuidadismo o cuidadofobia que son las actitudes discriminantes hacia quienes cuidan personas con discapacidad.
A esto se suma la falta de acceso a cuidados especializados que requieren personal profesional, presupuesto y personal médico; un sistema de cuidados; la falta de legislación y políticas que les permitan contar con autonomía; barreras estructurales para estudiar, trabajar, o salir de casa; así como ausencia de tiempo y herramientas para ejercer el autocuidado, otro de los ejes del derecho al cuidado.
Actualmente, el Gobierno de México cuenta con el programa Pensión para el Bienestar de las Personas con Discapacidad, el cual proporciona un total de 3 mil 300 pesos bimestrales y atiende a la población desde los 0 hasta los 64 años de edad en 24 entidades del país y en los 8 restantes se proporciona una pensión solo a las niñas, niños, adolescentes y mujeres entre los 0 a 29 años, pero esto no es suficiente para garantizar el derecho al cuidado.
Cuando se trata de niñas y adolescentes con discapacidad, ONU Mujeres apunta que pueden enfrentarse a riesgos de violencia de género perpetuada por instituciones residenciales o personas cuidadoras de las instituciones o de su círculo familiar como «maltrato físico, psicológico y emocional, abusos sexuales, acoso, coacción, privación arbitraria de la libertad, internación, infanticidio de niñas, trata, descuido, prácticas nocivas como el matrimonio infantil y forzado, mutilación genital femenina, esterilización forzada o tratamientos forzados invasivos e irreversibles».
Cabe recordar que, las niñas y adolescentes con discapacidad tienen derecho al cuidado, el cual se define de acuerdo con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) como la garantía para que persona pueda contar con el tiempo, espacio y recursos necesarios para brindar, recibir o procurarse acciones que permitan el desarrollo libremente de sus proyectos de vida y que este acorde con sus capacidades y etapa vital.
Entre las tres dimensiones del cuidado se encuentran: ser cuidado, implica que las personas puedan recibir atenciones para vivir con dignidad; cuidar, brindar cuidados en condiciones dignas ya sea de manera remunerada o no remunerada; y el autocuidado, procurar el propio bienestar y atender sus necesidades físicas, mentales, emocionales, espirituales y culturales.
La CIDH advirtió que las personas que requieren cuidado de forma intensa enfrentan barreras para ejercer ese derecho en condiciones de igualdad y sin discriminación. Por ello, precisó que las infancias y adolescencias deben contar con un marco jurídico que asegure su derecho cuando sus familias no puedan proveerlos. En el caso de las personas mayores o con discapacidad, se debe proporcionar el cuidado respetando su autónoma, independencia, seguridad y vida libre de violencia.
Las estadísticas del INEGI muestran que en México las infancias con discapacidad entre los 5 a los 17 años se encuentran albergadas en al menos 708 mil hogares.
Entre los principales tipos de cuidado proporcionados están: vigilancia presencial; jugar, leer, escuchar, orientar y consolar; así como proporcionar alimentos.

La proporción en el uso de su tiempo se destaca que la mayoría de ellas dedicaron en promedio de 7.4 horas a las actividades como juegos de mesa, azar, videojuegos, aficiones o pasatiempos dentro de sus hogares. Esto contrasta con las actividades de menor tiempo que fueron asistir al cine, museo teatro y sitios culturales las cuales implica salir de los hogares.
Respecto a las actividades de convivencia familiar, en promedio destinan 4.4 horas diarias a platicar de sus actividades diarias y 4.1 horas para conversar o reunirse con familiares, amistades o asistir a fiestas. Por el contrario, el tiempo dedicado a actividades digitales como comunicaciones masivas o redes sociales alcanzaron las 8.4 horas semanales
Frente a las desigualdades que viven las niñas y adolescentes con discapacidad, la CDHCM recomienda brindar poyos como pilar de los cuidados para que puedan acceder a derechos como la autonomía y capacidad jurídica, reconocerlas domo sujetas de derecho y no solo como receptoras de cuidado, así como promover el cuidado colectivo.




