Organizaciones mesoamericanas advierten aumento de riesgos para mujeres en movilidad y exigen políticas migratorias con perspectiva de género
Chiapas, México.–En la frontera sur de México, las mujeres migrantes continúan enfrentando violencia institucional, precariedad y riesgos diferenciados mientras sostienen redes de cuidado y supervivencia en contextos marcados por la militarización y las políticas de contención migratoria.
Frente a este escenario, la Red Mesoamericana Mujer, Salud y Migración ha consolidado durante los últimos años una agenda regional enfocada en visibilizar las violencias específicas que atraviesan las mujeres en movilidad y en defender el derecho al libre tránsito desde una perspectiva de género y derechos humanos.
La organización regional advirtió recientemente que, pese a que México cuenta con tratados internacionales y marcos jurídicos amplios para la protección de mujeres, personas refugiadas y población migrante, persiste una brecha significativa entre la legislación y su aplicación efectiva en territorios fronterizos.
El informe Análisis de políticas públicas sobre prevención, atención y erradicación de la violencia basada en género contra mujeres en contextos de movilidad humana en México, documenta que las mujeres migrantes continúan enfrentando obstáculos estructurales como revictimización institucional, barreras de acceso a justicia, discriminación y falta de atención integral.
“La movilidad humana en la región mesoamericana no ocurre en condiciones neutrales”, señala el análisis impulsado por la Red. Muchas mujeres migran huyendo del feminicidio, violencia doméstica, persecución criminal, pobreza extrema o desplazamiento territorial, pero al llegar a México encuentran nuevas formas de vulnerabilidad relacionadas con la burocracia migratoria, la violencia institucional y la precarización cotidiana.
En estados fronterizos como Chiapas, estas condiciones se profundizan debido a la saturación de servicios, el aumento de operativos migratorios y la prolongación de los tiempos de espera para regularización o solicitudes de asilo.
La Red Mesoamericana sostiene que las políticas de contención migratoria implementadas en la región han incrementado los riesgos para mujeres y niñas en tránsito, particularmente en materia de violencia sexual, explotación laboral y acceso limitado a servicios de salud sexual y reproductiva.
Uno de los hallazgos más preocupantes del informe es el subregistro sistemático de mujeres migrantes víctimas de violencia. De acuerdo con el documento, muchos sistemas institucionales no incorporan adecuadamente la condición migratoria dentro de sus mecanismos de registro, lo que dificulta dimensionar el impacto real de la violencia basada en género en contextos de movilidad humana.
La organización también alertó sobre la creciente feminización de la migración regional. Entre 2019 y 2025, las mujeres representaron el 30 por ciento de la población migrante irregular, frente al 22 por ciento registrado en años anteriores. Además, en 2025 constituyeron el 45 por ciento de las nuevas solicitudes de asilo en México.
Para defensoras y organizaciones territoriales, estos datos evidencian que las mujeres ya no ocupan un lugar secundario dentro de los procesos migratorios regionales, sino que forman parte central de una movilidad atravesada por desigualdad, violencia y estrategias de supervivencia.
Ante este panorama, la Red Mesoamericana Mujer, Salud y Migración ha impulsado redes de acompañamiento comunitario, asesoría jurídica y atención psicosocial en distintos puntos de la región mesoamericana, además de acciones de incidencia enfocadas en libre tránsito, acceso a salud, protección internacional y derechos de mujeres migrantes.
Las recomendaciones presentadas por el informe incluyen fortalecer vías migratorias seguras, incorporar perspectiva de género en procesos judiciales y mejorar los sistemas de registro institucional para reconocer adecuadamente la condición migratoria de las víctimas.
Sin embargo, para organizaciones y defensoras, el debate va más allá de las reformas técnicas.
En un contexto donde la frontera sur se piensa cada vez más desde la seguridad y la contención, las organizaciones insisten en recordar que las mujeres migrantes no son únicamente población vulnerable, sino sujetas de derechos.
Desde México, Guatemala, Honduras, El Salvador; donde convergen movilidad humana, militarización y desigualdad territorial, las redes comunitarias continúan sosteniendo espacios de acompañamiento y resistencia frente a una crisis humanitaria prolongada.




