Inicio Agenda¿Por qué algunas mujeres quieren renunciar a su derecho al voto? El movimiento tradwife revive discursos antifeministas

¿Por qué algunas mujeres quieren renunciar a su derecho al voto? El movimiento tradwife revive discursos antifeministas

Por Georgina Monroy Vázquez

La discusión surgida en una cumbre conservadora en Estados Unidos vuelve a colocar bajo los reflectores al movimiento «tradwife», una tendencia que romantiza la subordinación femenina.

Lo que durante años parecía una postura marginal en redes sociales comenzó a trasladarse al debate político en Estados Unidos. Durante la Women’s Leadership Summit 2026, organizada por la organización conservadora Turning Point USA en San Antonio, Texas, algunas asistentes afirmaron que estarían dispuestas a renunciar a su derecho al voto o que preferirían que fuera su esposo quien votara en representación de toda la familia.

Las declaraciones reavivaron el debate sobre el llamado «household voting» o «voto por hogar», una propuesta impulsada por sectores ultraconservadores que plantea que elvoto del jefe de familia represente al conjunto del hogar, una idea que organizaciones feministas consideran un retroceso para la autonomía política de las mujeres.

Aunque esta propuesta no forma parte de una iniciativa legislativa formal, especialistas advierten que refleja el avance de narrativas que buscan reposicionar los roles tradicionales de género y cuestionar derechos conquistados tras décadas de lucha feminista.

¿Qué es el movimiento tradwife?

El debate no surgió de manera aislada. Desde hace algunos años, el movimiento tradwife —abreviatura de traditional wife o «esposa tradicional«— ha ganado presencia en plataformas como TikTok, Instagram y YouTube mediante creadoras de contenido que promueven un estilo de vida centrado en el cuidado del hogar, la crianza de hijas e hijos y la dedicación exclusiva al esposo.

En agosto de 2024, Cimacnoticias documentó que esta tendencia recupera el ideal del llamado «ángel del hogar», un modelo surgido durante la época victoriana que asignaba a las mujeres el deber de ser madres, esposas obedientes y cuidadoras, subordinando su proyecto de vida a las necesidades de los hombres.

El fenómeno alcanzó notoriedad internacional durante la pandemia de COVID-19 y ha encontrado un espacio importante entre influencers que muestran rutinas domésticas altamente estetizadas, donde cocinar, limpiar o criar a los hijos se presentan como la máxima expresión de la feminidad.

Sin embargo, investigadoras advierten que este contenido suele omitir las desigualdades estructurales que enfrentan millones de mujeres que realizan trabajo doméstico y de cuidados sin reconocimiento ni autonomía económica.

Del hogar al cuestionamiento del voto femenino

Lo que comenzó como una tendencia en redes sociales ha evolucionado hacia discursos políticos más amplios.

Durante la cumbre organizada por Turning Point USA, algunas participantes defendieron que el hombre debe ser el líder del hogar y que un solo voto familiar sería suficiente para representar los intereses de toda la familia. Estas posturas fueron difundidas ampliamente en redes sociales y medios de comunicación, generando críticas por representar un cuestionamiento directo al sufragio femenino.

El planteamiento retoma una visión jerárquica de la familia donde la autoridad masculina concentra la representación política, una idea que diversos sectores consideran incompatible con los principios de igualdad y ciudadanía individual.

Los algoritmos también amplifican estas narrativas

Especialistas han señalado que la expansión del movimiento tradwife no puede entenderse sin el papel de las plataformas digitales.

Los algoritmos de recomendación favorecen contenidos aspiracionales y estéticamente atractivos que presentan la vida doméstica como una elección libre y deseable, mientras invisibilizan las relaciones de poder que históricamente limitaron la participación social, económica y política de las mujeres.

Como lo hemos documentado en Cimacnoticias este discurso suele apoyarse en el llamado «feminismo de elección», es decir, la idea de que asumir roles tradicionales siempre constituye una decisión individual, sin considerar las condiciones económicas, sociales o culturales que atraviesan esa elección.

El voto femenino, una conquista histórica

El derecho al voto de las mujeres en Estados Unidos fue reconocido en 1920 con la aprobación de la Decimonovena Enmienda a la Constitución. En México, el sufragio femenino fue reconocido constitucionalmente en 1953, mientras que las mujeres participaron por primera vez en una elección federal en 1955, un hecho que marcó un cambio en la representación democrática del país.

La 19.ª Enmienda convirtió en ley el sufragio femenino a nivel nacional, pero mucho antes de su ratificación, las mujeres solteras que poseían propiedades en Nueva Jersey ya podían votar entre 1776 y 1807, y así lo hicieron.

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