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Ser cuidadora aumenta la desigualdad y limita las oportunidades de las mujeres en México

Por Georgina Monroy Vázquez

Las responsabilidades de cuidado reducen las posibilidades de estudiar, trabajar y mejorar los ingresos de las mujeres.

En México, las labores de cuidado no solo sostienen la vida cotidiana de millones de familias; también perpetúan la pobreza y reducen las oportunidades de las mujeres para estudiar, acceder a mejores empleos y mejorar sus condiciones económicas, advirtió el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY).

En el marco del Día Internacional del Trabajo Doméstico, que se conmemora cada 22 de julio, el organismo llamó a acelerar la creación de un Sistema Nacional de Cuidados y garantizar el acceso de las personas cuidadoras a la seguridad social, al considerar que el cuidado es uno de los principales factores que frenan la movilidad social en México.

De acuerdo con el informe Movilidad social y cuidados: un vínculo inseparable, la organización social del cuidado determina buena parte de las oportunidades de vida. Las responsabilidades de cuidado afectan el tiempo disponible, el acceso al empleo, la educación, los ingresos y el bienestar físico y emocional de quienes las realizan, una carga que continúa recayendo principalmente sobre las mujeres.

Mónica Orozco Corona, investigadora asociada externa del CEEY y directora de GENDERS, explicó que por cada hora destinada al trabajo remunerado es necesaria otra hora de trabajo doméstico y de cuidados dentro de los hogares, una realidad que suele permanecer invisible para la economía, aunque resulta indispensable para que el resto de las actividades productivas funcionen.

Las cuidadoras tienen menos posibilidades de salir de la pobreza

Los hallazgos del CEEY muestran que las personas que asumen tareas de cuidado enfrentan mayores obstáculos para mejorar su situación económica.

Entre quienes nacieron en los hogares con menos recursos económicos, 73% de las personas cuidadoras permanece en los dos estratos más bajos de ingresos, mientras que entre quienes no realizan estas labores la proporción disminuye a 64%. Apenas 3% de las personas cuidadoras logra alcanzar el nivel económico más alto.

Además, la desigualdad de oportunidades pesa más sobre quienes cuidan. El estudio estima que al menos 44% de la desigualdad en los ingresos responde a circunstancias fuera del control de las personas y que ser cuidadora aporta alrededor de 9% a esa desigualdad. Entre quienes realizan cuidados, las condiciones de origen explican 52% de la desigualdad de ingresos, frente a 37% entre quienes no cuidan.

El trabajo de cuidados también limita la educación y el empleo

La investigación revela que las responsabilidades de cuidado reducen las posibilidades de continuar estudiando y participar en el mercado laboral.

Las personas cuidadoras cuyos padres solo cursaron la primaria tienen menores probabilidades de alcanzar estudios profesionales que quienes no realizan labores de cuidado. Asimismo, las responsabilidades de cuidado disminuyen la participación laboral, especialmente cuando se trata del cuidado de personas adultas mayores o cuando la persona es la cuidadora principal.

La situación afecta principalmente a las mujeres. El informe identifica que 76% de las personas cuidadoras actuales son mujeres, mientras que casi la mitad de ellas se encuentra fuera del mercado laboral.

Además, los roles de género continúan reproduciéndose entre generaciones: 37% de las hijas de mujeres dedicadas al trabajo de cuidados no remunerado terminan realizando la misma actividad, mientras que entre los hombres esta proporción apenas alcanza 0.4%.

Sistema de Cuidados, una política para romper el ciclo de desigualdad

El informe sostiene que la falta de servicios públicos de cuidado profundiza la desigualdad y mantiene atrapadas a las familias en condiciones de pobreza.

Las personas que viven en localidades donde existen servicios de cuidado tienen mayores probabilidades de mejorar su posición económica respecto de quienes habitan en comunidades sin esa infraestructura. Incluso, disponer de servicios para personas adultas mayores o con discapacidad incrementa en 53% la posibilidad de que las personas cuidadoras abandonen los estratos de menores ingresos.

Por ello, el CEEY concluye que construir un Sistema Nacional de Cuidados no solo representa una medida de justicia social para las mujeres, sino una estrategia indispensable para reducir la desigualdad, fortalecer la movilidad social y garantizar el derecho de todas las personas a cuidar, recibir cuidados y también autocuidarse.

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