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Presentan agenda para reparar y restituir derechos de sobrevivientes de trata de personas con fines de explotación sexual

Por Arantza Díaz

Ciudad de México.- El jueves 5 de junio defensoras presentaron la «Agenda integral de política pública: Acceso a la justicia reparación del daño y restitución de derechos delas personas sobrevivientes a la trata de personas con fines de explotación sexual», un diagnóstico que evidencia la falta de voluntad política para abolir la trata y entender cómo ésta se liga con algo aún más complejo: El sistema proxeneta y su nexo con el patriarcado.


Desde esta premisa, se construye una primera guía de trabajo que, se pretende, sea utilizada por las distintas entidades del país y adoptadas según las necesidades de la población; no se puede comprender como un documento universal a causa de las distintas experiencias de vida de las víctimas y la operatividad de los sistemas. Por ejemplo, no funciona igual la trata en Tlaxcala que en la frontera sur de Chiapas.


Existe una cifra negra alrededor de la trata que oscila entre la clandestinidad y normalización, lo que ha dificultado a las organizaciones e instituciones gubernamentales tener un número exacto de cuántas víctimas hay en México y el mundo, sin embargo, algunas proyecciones refieren que hay 49.6 millones de personas que viven bajo estas condiciones; el 30% están América Latina y el Caribe. 270 mil, en México.
Según aproxima el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México, son las mujeres y menores de 18 años la población más vulnerable (48.8%), si se segrega por género el 65% de las víctimas son mujeres y el otro 35% hombres.


La conexión entre el género y la trata es evidente: Prostitución. Con tendencias particulares a niñas y adolescentes, según refiere el diagnóstico, esto se debe a que son las menos propensas a exigir medidas de protección, exponiéndolas a enfermedades de transmisión sexual y embarazos; a nivel federal, 9 de cada 10 víctimas de prostitución ajena y otras formas de explotación sexual son niñas, adolescentes y mujeres.


De esto, se deriva que México se encuentre en el primer lugar de producción de pornografía de niñas y adolescentes, según datos del Senado de la República. Cuando se mira a la justicia y qué tanto el Estado garantiza una reparación, el escenario resulta desolador, pues el 99% de los casos de trata con fines sexuales quedan impunes.


Durante su presentación en la Cámara de Diputados, se acotaron algunas de las necesidades más esenciales para crear verdaderas políticas públicas y no «de piñata» como refirió el investigador tlaxcalteca Oscar Montiel. Y el primer gran reto es virar hacia territorios que, aunque parezcan una obviedad, son necesarios: Detrás de la trata hay personas que padecen y como todo fenómeno, no es un hecho aislado, sino resultado de muchas otras violencias estructurales que subyacen en el patriarcado.


Precisamente la maestra Ixchel Yglesias González Báez, investigadora y perita antropóloga atajó que la trata con fines de explotación está engarzada a la violencia feminicida y más allá de la mirada punitiva, resulta necesario cuestionar qué conforma, propicia y solapa la existencia de estos sistemas de prostitución.


«La trata como una forma de violencia estructural no sólo es mirar la mano que mata o que explota, es entender que hay un sistema y que compete al Estado la prevención y la atención (…) no se quieren destinar recursos y porque la trata, al hablar de un Estado proxeneta, se vuelve redituable» (Ixchel Yglesias)


Las causas de la trata que se han identificado son diversas; estructuras que vulneran y permiten la dominación como única herramienta para obtener seguridad económica, alimentaria, patrimonial, de protección, de sobrevivencia o cuidados. Algunas son:

  • Desigualdad social: Este se liga al sistema capitalista – patriarcal, que coloca por encima de las personas la mercantilización de los cuerpos si son explotados y empobrecidos.
  • La pobreza y la discriminación por razón de género, esto, a sabiendas que las mujeres en situación de pobreza tienden a vivir con mayor incidencia circunstancias de discriminación, exclusión y desigualdad.
  • La violencia de género como resultado de una cultura patriarcal, en nuestro país 7 de cada 10 mujeres menores de 15 años ha sido víctima de violencia según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares. A causa de estos facotes, muchas niñas y adolescentes huyen de espacios violentos buscando refugio y se convierten en objetivos de proxenetas.
  • Una cultura androcentrista que considera subordinados a las y los niños; no escucha sus necesidades de cuidado y protección, colocándoles en situaciones de riesgo.
  • Una posición cultural etnocéntrica que privilegia a la mayoría dominante y rezaga a las comunidades diversas, vulnerando sus derechos, por ejemplo, a la educación o el territorio, claves para alcanzar la autonomía.

Estos y otros efectos más identificados en el diagnóstico, esbozan una realidad inherente: La prostitución es un sistema de violencia que reduce a las mujeres y niñas a mercancía.


Este es uno de los posicionamientos más férreos dentro del documento, pues se sostiene que mientras exista la prostitución, se continuará mermando el alcance de la igualdad.


«Las mujeres y niñas prostituidas suelen tener una situación irregular y carecen de acceso a asistencia, protección, servicios u oportunidades de subsistencia efectivos. Muchas carecen de hogar, carecen de una vivienda segura y a menudo son desahuciadas. La mayoría sufren pobreza, experiencias en su niñez adversas, indigencia y abuso de sustancias»

A la vez, de que la prostitución tiene un nexo evidente con la violencia; da paso a las violaciones más atroces, implicando una cooptación al derecho a una vida libre de violencia; no se puede hablar de libertad, si las mujeres en la prostitución son deshumanizadas y tratadas bajo márgenes del trato inhumano, cruel y degradante.

Un hecho que acotó la doctora Alicia Mesa Bribiesca:


«Estamos tan habituadas a hablar de violencia que dejamos de sentir lo que en ella subyace que es el sufrimiento de las personas.
Aún cuando se ha hecho algo sobre la violencia de género, no alcanzamos a crear verdaderas políticas que cambien la mirada deshumanizante por la desproxenetización y despatriarcalización. La violencia sexual, es violencia feminicida»

Según enmarca el diagnóstico, la prostitución se nutre de la sexualización y la racialización de la pobreza, y se centra en las mujeres, especialmente las de minorías y entornos marginados. El derecho percibido de los hombres a comprar un acto sexual normaliza la violencia sistemática infligida a las mujeres a través de la prostitución, incluso en la pornografía, ya que borra los límites entre lo que cuenta como sexo y lo que cuenta como violencia sexual.

El sistema proxeneta y su conexión con el patriarcado

Durante la presentación, el académico tlaxcalteca Oscar Montiel refirió que, el sistema proxeneta es una organización compuesta por una tríada de actores primarios prostituidores, prostituyentes y mujeres en situación de prostitución; de lógicas y poderes de dominio para reclutar, someter, explotar y controlar a mujeres que tienen como fin último la esclavitud sexual para prostituirlas, mediante mecanismos y estrategias que se nutren del sistema patriarcal.

El sistema proxeneta que expone Oscar Montiel y su par, la doctora Alicia Mesa Bribiesca, se constituye con el siguiente esquema:
Fin: La esclavitud a fin de prostituir a mujeres y niñas

  • Los actores primarios: Proxenetas o prostituidores, no precisamente tienen que ser personas, pues en ocasiones, pueden ser entidades.
  • Actores secundarios: Personas cercanas a los primarios que permiten, encubren y se benefician de este sistema, pueden ser empleados de estos espacios o funcionarios que reciben retribuciones económicas a cambio de silencio.
  • Poderes de dominio para reclutar, someter, trasladas y esclavizar


¿Y cómo se hila con el patriarcado? Las propuestas más interesantes presentadas alrededor de estos ejes de trabajo, los esbozó la doctora Alicia Bribiesca. quien explicó que para hablar de verdaderas políticas públicas tienen que existir dos punteros: Una despatriarcalización y una desproxenetización. Y el primer paso para hacerlo, es entender que la trata va más allá de números o fenómenos que parecen aislados; es devolverle la humanidad a las sobrevivientes y entender, que es una problemática estructural que nos atraviesa a todas y a todos.

«Estamos tan habituadas a hablar de violencia que dejamos de sentir lo que en ella subyace que es el sufrimiento de las personas.
Aún cuando se ha hecho algo sobre la violencia de género, no alcanzamos a crear verdaderas políticas que cambien la mirada deshumanizante por la desproxenetización y despatriarcalización. La violencia sexual, es violencia feminicida” (Alicia Bribiesca)

Las estrategias que se traen a colación son múltiples, sin embargo, se destaca la exigencia para que cada entidad del país -y la respectiva voluntad del poder federal- despliegue acciones inmediatas de prevención, cuidados y emancipación de las sobrevivientes. Rescatando algunos de los siguientes puntos:

Crear un refugio especializado en atención a víctimas de trata de personas con fines de explotación sexual; que dependa directamente del gobierno estatal y que trabaje en coordinación con las Procuradurías de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes, responsables de elaborar un diagnóstico y un plan de restitución de derechos de las mujeres, así como de personas menores de 18 años y coordinar su implementación
Incidir en la política pública del Estado en Prevención a partir de diversas instancias encargadas de cumplir con los derechos de las niñeces y adolescencias.
Creación de varias casas de medio camino para sobrevivientes, sus hijos e hijas.
Realizar un programa de capacitación constante que incluya una visión multidisciplinaria del fenómeno con perspectiva de género, la diversidad sexual, enfoques de derechos de las niñeces y adolescencias, derechos humanos, interseccional, y antirracista
Designar y aprobar los recursos en beneficio de las víctimas, previstos para el Fondo de Protección y Asistencia a las Víctimas de los Delitos en Materia de Trata de Personas señalado en el artículo 81 de la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas y para la Protección y Asistencia a las Víctimas de estos Delitos.


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