Ciudad de México.– El pasado 13 de enero, murió a los 86 años, activista y pionera del movimiento contra la segregación racial en Estados Unidos, tras desafiar en 1955 las leyes racistas al negarse a ceder su asiento a una persona blanca en un autobús, un acto que marcó un antecedente clave en la lucha por los derechos civiles.
El activismo de Colvin inició el 2 de marzo de 1955 en Montgomery, Alabama. Tenía quince años cuando, tras subir a un autobús de regreso a casa desde su escuela y ocupar un asiento, el chofer le ordenó que se levantara para cederle su lugar a una mujer blanca. Sin embargo, se negó, por lo que fue puesta bajo la tutela del Estado y se le impuso libertad condicional indefinida.
Cabe señalar que en esa época imperaba una ley segregacionista que establecía que cada autobús debía contar con una sección destinada a personas afroamericanas. Esta sección no tenía un tamaño fijo, sino que variaba según la colocación de un cartel. Las cuatro primeras filas estaban reservadas exclusivamente para personas blancas, mientras que los asientos traseros eran asignados al resto de la población, que representaba más del 75 % de las y los usuarios.
Las personas que no eran blancas solo podían sentarse en las filas intermedias si no había personas blancas de pie. En caso de que subiera una persona blanca, debían desplazarse hacia la parte trasera, permanecer de pie o incluso bajar del autobús. El conductor tenía la facultad de reducir el espacio permitido o retirar por completo el cartel de delimitación.
De acuerdo con la organización Claudette Colvin, la negativa de la activista a ceder su asiento fue uno de los mayores triunfos de su vida, ya que desembocó en que, junto con otras tres mujeres ; Aurelia Browder, Susie McDonald y Mary Louise Smith, presentaran una demanda contra la segregación de asientos en los autobuses de Montgomery, el 1 de febrero de 1956.
El caso prosperó y marcó un precedente histórico en Montgomery, ya que las leyes estatales y locales que exigían la segregación en los autobuses de Alabama fueron declaradas inconstitucionales. Si bien este fallo representó un triunfo tanto para la comunidad afroamericana como para su activismo, el registro de su arresto y la sentencia de delincuencia no fueron eliminados por el tribunal de distrito sino hasta diciembre de 2021.
Cabe señalar que, de manera paralela a este suceso, también hubo otra mujer que contribuyó a este cambio trascendental en la historia de Alabama y dio continuidad al legado de Claudette. Rosa Parks, el 1 de diciembre de 1955, también se negó a ceder su asiento a un hombre blanco. Este hecho detonó un boicot impulsado por dirigentes afroamericanos para dejar de utilizar el transporte público y, posteriormente, se dio la creación de la Asociación para la Mejora de Montgomery (MIA, por sus siglas en inglés), con el objetivo de defender los derechos civiles de la comunidad afroamericana.
Resiliencia ante el racismo sistémico
El racismo ha excluido históricamente a las mujeres afrodescendientes, negándoles sus derechos a través de la segregación y la criminalización. Según el Diagnóstico de la Agenda de las Mujeres Afrodescendientes, esta ideología, arraigada en la estructura económica, ha construido justificaciones culturales y sociales que posicionan a otras etnias con mayores privilegios, como el supremacismo blanco.
Como resultado, los países de la región han perpetuado un modelo racista que mantiene a más de 200 millones de personas afrodescendientes en condiciones de exclusión económica.
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De acuerdo con el informe, las mujeres afrodescendientes enfrentan una doble discriminación: por su género y por el color de su piel. Desde un enfoque interseccional, se observa cómo la interacción entre género, raza o etnia y clase social configura sistemas combinados de opresión que influyen en su posición socioeconómica. Esto se traduce en una discriminación estructural que limita sus oportunidades y refuerza las desigualdades étnico-raciales y de género.
Las mujeres afrodescendientes también enfrentan mayores dificultades para acceder a servicios de salud reproductiva y a información confiable sobre anticoncepción, lo que se refleja en una mayor incidencia de maternidad adolescente, especialmente entre quienes viven en condiciones de pobreza. Como consecuencia, se profundiza la exclusión educativa que ya afecta a las adolescentes en situación de vulnerabilidad, amplificando la transmisión intergeneracional de la desigualdad.
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En materia educativa, el informe señala obstáculos en el acceso y la permanencia de la población afrodescendiente en sistemas de educación de calidad, derivados de la escasez de políticas educativas culturalmente pertinentes que valoren las identidades y culturas afrodescendientes desde su especificidad.
Por otra parte, se reconoce que, aunque en la última década ha aumentado la presencia de mujeres afrodescendientes en los niveles educativos más altos, sus logros académicos no han sido recompensados de manera equitativa en el mercado laboral.
El racismo ha perdurado durante siglos, casos como el de Claudette Colvin evidencian la opresión sistémica que miles de mujeres afrodescendientes enfrentan, quienes luchan por conquistar espacios que históricamente les fueron negados. Sin embargo, esta problemática continúa vigente, sostenida por sistemas y naciones que siguen vulnerando la dignidad humana.
Un legado imborrable
Claudette Colvin nació el 5 de septiembre de 1939 en Birmingham, Alabama. Sus padres biológicos fueron C. P. Austin y Mary Jane Austin (Gadson) y era la mayor de ocho hermanas.
Durante su infancia, vivió con sus padres adoptivos y sus tíos abuelos biológicos, Q. P. y Mary Ann Colvin, en la comunidad rural de Pine Level, Alabama, el mismo pueblo donde creció Rosa Parks. Claudette asistió a la Escuela Primaria Bautista Springhill, ubicada entonces en la Ruta 1 de Ramer.
Posteriormente se mudó a Montgomery donde residió en una zona conocida como King Hill. Asistió a la Escuela Booker T. Washington de 1949 a 1956. No concluyó el último año de secundaria, aunque posteriormente obtuvo su certificado GED. Más tarde cursó un año en la Escuela Normal Estatal de Alabama, en Montgomery.
Claudette trabajó durante 30 años en un asilo católico de ancianos como auxiliar de enfermería. Fue madre de dos hijos; el mayor falleció en su casa en 1993. El menor obtuvo un doctorado en Administración de Empresas por la Universidad Estatal de Georgia y actualmente es profesor adjunto en la Universidad Texas A&M–Kingsville.
Los cambios trascendentales impulsados por Claudette no fueron reconocidos sino hasta dos décadas después, cuando comenzó a ser mencionada en 1979 durante el Mes de la Historia Negra. En 1990, el gobernador de Nueva York le otorgó la Medalla de la Libertad Martin Luther King Jr., el máximo reconocimiento del estado para personas con logros sobresalientes en el ámbito de los derechos civiles y humanos.
Asimismo, el Museo e Instituto Nacional del Derecho al Voto incorporó una exhibición fotográfica sobre Claudette en 1994. Además, su historia ha sido recogida en diversos libros, como Freedom’s Children de Ellen Levine, Parting the Waters de Taylor Branch, Bus Ride to Justice del abogado Fred D. Gray y El boicot de autobuses de Montgomery y las mujeres que lo iniciaron: memorias de Jo Ann Gibson Robinson.
“El legado de Claudette perdura en el tiempo y sus acciones intrépidas siguen siendo cruciales hoy. Como ella misma afirmó con firmeza: ‘Cuando se trata de justicia, no hay una manera fácil de conseguirla. No se puede edulcorar. Hay que tomar posición y decir: esto no está bien’”, rememoró la organización Claudette Colvin.




