Inicio AgendaDel Otro Lado. Migrar y ser víctima de explotación laboral

Del Otro Lado. Migrar y ser víctima de explotación laboral

Por Leticia Puente

Nueva York.- Laura desafió la política migratoria de la actual administración de Donald Trump al “brincar” el muro divisorio de México con Estados Unidos hace dos años y aunque ha logrado establecerse en la unión americana, lo cierto es que hoy es una mujer migrante que desafía los embates de la explotación laboral.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) en el informe Tendencias Sociales y del Empleo 2026 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicado a principios de año, señaló que tras analizar la situación de las mujeres migrantes en Estados Unidos, determinó que su situación las deja más propensas a caer trabajos forzosos y contratación abusiva. Incluso en retención de salario o amenazas. En la misma información colocó al servicio doméstico en el área de explotación con jornadas laborales excesivas.

Laura es una de estas mujeres migrantes mexicanas quienes llegaron a Estados Unidos en la era de Trump y lo hicieron sin documentos de estancia legal. Ellas emprendieron un proceso migratorio para contrarrestar la situación de precariedad con la que viven en sus comunidades pero al llegar al lugar de destino las condiciones de vulnerabilidad con las que viven, las hacen susceptibles a la explotación laboral.

Laura es mexicana, nombre al azar, pidió no ser identificada por razones de seguridad. Emigró a este país por la pobreza con que se vivía en la Costa Chica, de Guerreo.

Ahora Laura, quien ya se quiere regresar a México, se encuentra en un dilema porque logró obtener un trabajo remunerado en Estados Unidos y puede enviar remesas a sus hijos pero a costa de explotación laboral. Además enfrenta un miedo latente a las detenciones por elementos de el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, mejor conocido como ICE ya sea en su empleo, en un aeropuerto o incluso si decide emprender el viaje de retorno a casa.

La precarización

Laura habla de su estancia, de sus primeros días en Nueva York: —Aquí no es fácil encontrar trabajo. Le hace uno de todo. Hasta que encuentra.

Actualmente, los precios de la gasolina aumentaron 21.2% en Estados Unidos tras las intervenciones militares que ha tenido ese país en otros territorios del mundo. Situación no se veía desde 1967. El galón de gasolina está a 4.35 dólares, frente a 2.98 dólares del día anterior al que comenzara la guerra.

Además, el Departamento del Trabajo, explicó que los precios al consumidor, subieron 33 por ciento. Comparado con el mismo mes del año pasado. Este es un incremento que no se había presentado desde 2004.

Esto también viene a cuentas, dado que Laura, quien ante la falta de empleo que enfrentó, señala:

—Empecé con mi negocio—Vendía tortas por la Quinta Avenida de Brooklyn. Caminando. Nos iba más o menos. Días que no se terminaban. Sacaba uno la pura inversión y no había ganancia.

—¿Cuánto invertía?

—Invertia como 70 dólares

—¿Cuántas tortas hacía?

—20 ó 25. Las daba a ocho dólares.

—¿Quiénes eran sus clientes?

—Las personas que caminaban en la calle, principalmente hispanas. 

—¿A qué hora salía?

—Temprano unos días desde las siete de la mañana o siete y media. Muy tarde a las ocho. Y terminábamos a las dos o una de la tarde.; siete o seis horas.

Pero el clima cambió

 —Cuando se pone frío o nieva ya no pude caminar por mucho tiempo. Por el frío y la migra.

—¿Cuánto paga de renta?

—Al principio estábamos por la Quinta, rentando con mi hermana. Ella también vendía y hacíamos la lucha de pagar la renta. Pero lamentablemente nos cobraban caro.

Por un cuarto pequeño nos cobraban mil dólares. Había momentos en la que la vimos difícil. No encontramos para pagar la renta porque lo que vendíamos a veces, no nos alcanzaba.

Con el frío se vino todo abajo. Ya no salía a vender. Teníamos muy poca venta.

— Y, ¿también migración, verdad?

—Exacto, así es. Ya en el transcurso que andábamos vendiendo había personas que nos decían:”a ustedes fácilmente las van a agarrar”. Entonces, decidimos buscar otro tipo de trabajo.

En febrero de este año, La Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) informó que las deportaciones, se cuadruplican y los arrestos del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) en la vía pública aumentan once veces, de acuerdo con un estudio del Proyecto de Datos sobre deportaciones, conocido por su nombre en inglés, Deportation Data Proyect.

Las conclusiones claves de este documento señalan que: (1) las deportaciones de personas arrestadas dentro de Estados Unidos se cuadruplicaron. (2) Las nuevas tácticas de control migratorio, menos centradas en personas con antecedentes penales, provocaron un aumento de 11 veces en arrestos en la vía pública. (3) La probabilidad de ser liberado de la detención dentro de los 60 días posteriores al arresto disminuyó del 16 por ciento al 3 por ciento. (4) Las salidas voluntarias entre personas detenidas aumentaron más de 21 veces, ya que más personas están abandonando sus casos de inmigración.

La explotación laboral

La necesidad, se hizo presente y con ella la explotación laboral. Para Laura, su salario por hora inició con 5 dólares, trabajaba 13 horas, de las 8 de la mañana a las 9 de la noche. Así le daban 540 dólares a la semana. Logrando más tarde que le pagaran 650 dólares la semana.

—¿Ya les alcanza?

— Ahorita, este día estoy de vacaciones. Ya nos pagaron. Ya más o menos nos alcanza. Nos cooperamos entre las dos.

—¿Y ya les manda a sus hijos?

—Pues sí, lo que nos sobra se los mandamos.

—¿Es mucho lo que hace?

—Sí. Entramos a las ocho de la mañana y salimos a las nueve de la noche.

—¿Qué hace?

—Limpiamos, acomodamos las camas, rapeamos, aspiramos, lavamos los baños la cocina, planchamos. Hacemos de todo. Estoy con otra chica, también está de interna. Hacemos todo. A veces una se aguanta, son muchas horas.

Laura está buscando trabajar en un lugar donde no la exploten. 

—¿No conoce a más gente que la pueda ayudar?

 — Hace uno días platiqué con unos hermanos. Porque yo soy cristiana. Y les di mi número de teléfono por si hay una posibilidad de cambiar de trabajo. Porque eso de estar encerrada pues una se deprime.

Aquí no gano ni el mínimo son 15 dólares la hora. Haciendo cuentas por los seis días de trabajo de ocho a nueve de la noche. Serían ….

—¿Y qué tal su inglés?

Cuando puedo tomo clases de inglés, los miércoles. No sé mucho. Se me ha dificultado. No se si sea por la edad.

—¿Cuánto tiempo piensa quedarse aquí?

Laura — Yo pienso quedarme aquí, unos cinco años. Pero creo que no vale la pena quedarse tanto tiempo. Antes decían que se ganaba mucho, pero la realidad es otra. Aquí se batalla para encontrar trabajo y tengo mis hijos adolescentes. Ellos me necesitan. Quiero estar más tiempo con ellos.

—¿Ya pagó lo que le prestaron?

—Sí, ya salí de mi deuda. Pagué los 200 mil pesos mexicanos. Que son diez mil dólares.

El cruce

—Dejé mi Costa Chica de Guerrero por pura necesidad.

El gobierno de Guerrero ha estado tratando de cerrar la brecha de desigualdad que existe en esta zona con los programas del bienestar y obras en la región de Costa Chica, para este año informes estatales indican que hay una inversión histórica de mil 900 millones de pesos. Con todo y su empeño, la emigración se ha incrementado en la última década.

La migración femenina de Guerrero, se da por razones económicas, inseguridad e incluso desplazamiento forzado. Una vez que se han instalado en el nuevo territorio, las mujeres inmigrantes de la región envían sus remesas y están consideradas como pilares en el sostén de sus hogares. En su gran mayoría son mujeres afrodescendientes e indígenas.

Laura es viuda y con tres hijos que dejó encargados a su mamá.

—Soy viuda.

Hace dos años llegó a Estados Unidos y cualquiera diría que ante los cambios pregonados de bienestar de la Cuarta T de “por el bien de México primero los pobres” era cierta, a medias.

Laura indica que en su pueblo hay mucha pobreza. “Si hay beneficios, sí. Pero no llega para todos”.

—Me vine con una cuñada a Puebla. Ahí, una señora nos prestó la mitad del dinero para venirnos, cien mil pesos de 200 mil que pagué. Eso se paga por cada persona. 200 mil pesos.

Laura explica que en el cruce de la frontera entre México y los Estados Unidos de América (USA):

 —Me dio mucho miedo. No recuerdo mucho. Primero en Puebla nos subimos a un bus y nos trajo a Nogales en Sonora. Crucé el muro. Tardamos una semana para poder tener el cruce y sí, nadie se imaginaba que uno iba a pasar por ahí. La verdad.

—Y ¿cómo fue? ¿De eso si se acuerda bien?

—Una cosa es lo que dicen y otra muy diferente la realidad. Una emigra por necesidad.

Llegamos a Nogales en compañía del coyote. Y pensamos que el coyote era el que nos iba a pasar, pero no es así. Él no se arriesga. Ellos tienen a otras personas que te llevan y te cruzan y te llevan a una casa y de ahí te transportan otro carro para llegar al muro. Y en el camino no sabes con qué clase de persona vas a ir. En el transcurso iban tres hombres y yo sola. Arriesgando mi vida. Y ellos drogándose en el camino.

—¿La lastimaron?

 — No. Estuvimos cerca del muro esperando a que los de migración se fueran. Cuando ellos se fueron, dijeron: ya, ya, ya. Rápido, rápido. Pusieron una escalera de lado de Nogales, para que subiera alto, como una altura de dos pisos o más. Y ya en la punta, miré del otro lado y miré, no había ni con qué bajarse. Ellos solo ponían sus manos para que yo pusiera el pié. Eso no basta para salvarte la vida. Sólo le pedía a Dios que me cuidara.

Porque no es todo como te cuentan. Arriesgas tu vida.

—¿Finalmente bajó?

—Sí, bajé y corrí hacia los arbustos. Entre las espinas. Ellos se comunican con un celular. A mi me dieron uno. Y ellos a alguna altura te hablan. Te maltratan. Te dicen groserías. En una ocasión me dijeron escóndete. Están buscando los de la migra. Te hablo dentro de 20 minutos.

—¿Fue de día?

— Sí, era de día. Yo me escondí en medio de un arbusto. Del pasto alto. Y fue en el tiempo en el que salen las víboras cascabel. Yo tenía miedo de que hubiera una ahí, pero nada pasó.

Me quedé escondida por un buen rato. Después de dijeron por dónde caminar y que vendría un carro por mi.

—¿Estabas sola?

—Sí, sola.

Al otro lado pasó un carro por mi. A eso le llaman: “el aventón” así es como le dicen.

Ahí fue donde me dijeron ponte bien. Vienen por ti. Sales caminando y te subes. Llegó la camioneta. Con mucho miedo me subí. Con pánico al saber que me iban a agarrar. Ya subí y me llevaron a un terreno de carros. Ahí me subieron a otro carro. Y cuando llegué habían muchas personas. No era la única. Ahí, una chica estaba llena de sangre. Se había lastimado con el alambrado que ponen en el muro.De ahí esperamos un rato. Vino una mujer en un carro y con ella nos fuimos tres mujeres con ella.

Y ella le dijo a una chica que estaba un poquito mas blanca que se fuera con ella adelante. Y le dijo que se pusiera, que se arreglara. Y así fue. Solamente llevábamos mucho miedo las tres. Nos decía: no tengan miedo, todo va a salir bien. En una ocasión venía una patrulla detrás de nosotros.

Agáchense, viene migración atrás, nos dijo la señora. Gracias a Dios que no, que no nos vieron. La verdad yo no sé que rumbo agarramos. No pasamos por retén y llegamos a Fenix, Arizona. Nos trasladaron con otra persona. Nos llevaron a un trailer y más personas estaban ahí. A Fenix, llegamos como a las doce de la noche. Ahí nos ofrecieron comida y bebida.

Trump

—A todo esto, qué piensa del gobierno de México. Decían que ya no se venía gente para acá.

Laura — El gobierno de México siempre va a decir. Te hablan con bonitas palabras para que uno no emigre. Te dicen que todo está de maravilla. Lamentablemente las cosas no suceden como ellos dicen. Tal vez sí sucede, pero para pocas personas. Porque nosotros estamos en un pueblo chico: la Costa chica. A veces los recursos del gobierno no llegan allá. 

—Y el gobierno de Estados Unidos

— Y el gobierno de aquí, me encantaría que tuviera otra forma de darnos la oportunidad como mexicanos, nosotros solo venimos a trabajar.

—¿Qué siente cuando dice que los mexicanos son criminales?

—Miedo, no sé como que nos intimidan. Pero no somos criminales. Simplemente venimos a trabajar.

—¿Qué piensa del presidente Trump en términos generales?

—Pienso que por una parte, está mal porque no nos da la oportunidad por lo menos que nos diera la oportunidad de trabajar un tiempo. De que el gobierno dijera a los mexicanos, tienen permiso para trabajar por lo menos dos o tres años.

Mucha gente no expondría su vida, no se arriesgaría por cruzar.

—¿Siempre pensó que iba a llegar aquí?

—No. En mi mente no estaba venir a los Estados Unidos, Nunca me imaginé que iba a llegar a ese lugar. Pero la ocasión y el destino me hizo llegar aquí. Yo creo que si mi esposo estuviera con vida, yo no estuviera aquí.

—Si la llegaran a detener, ¿firmaría para irse?

Llegamos ilegalmente y no se qué vaya a pasar. Ya no sé qué. Sé que no es fácil irse así nada más. Como está migración en los aeropuertos no sé.

—Se iría ya…

—Mis hijos me necesitan mucho y pues el dinero no lo es todo en la vida. Pero sí, ya me quiero ir.

¿Usted, podría investigarme todo lo que se tiene que hacer y ver que no me vayan a detener? Que nos detengan a mi hermana y a mi. Por favor. Se lo encargo.


También en Cimacnoticias

Este Web utiliza cookies propias y de terceros para ofrecerle una mejor experiencia y servicio. Al navegar o utilizar nuestros servicios el usuario acepta el uso que hacemos de las cookies. Sin embargo, el usuario tiene la opción de impedir la generación de cookies y la eliminación de las mismas mediante la selección de la correspondiente opción en su Navegador. En caso de bloquear el uso de cookies en su navegador es posible que algunos servicios o funcionalidades de la página Web no estén disponibles. Acepto Leer más