Ciudad de México, 22 mayo 2026.- Ubicado al sur de la Ciudad de Mérida, Yucatán, dentro del Fraccionamiento Reparto Las Granjas, se encuentra uno de los vestigios arqueológicos más antiguos de la civilización maya: Dzoyilá, una zona que pese a ser patrimonio cultural, actualmente se encuentra cerrada, amurallada y en peligro de demolición.
La directora de Equis Justicia para las Mujeres y también defensora de la tierra Fátima Gamboa Estrella, quien se ha coordinado con más vecinas y vecinos de este lugar para su defensa, explicó en entrevista con Cimacnoticias las condiciones en las que se encuentra el sitio, que, con el correr de los años, ha quedado olvidado y sumergido dentro de la mancha urbana de Mérida pues contrario a otros sitios arqueológicos que se ubican en comunidades y pueblos tradicionales como Chichen Itzá o Uxmal, Dzoyilá se encuentra en la zona urbana de Mérida, rodeado por cerca de 10 colonias.
“Son alrededor de 15 hectáreas y es uno de los pocos que quedan en Yucatán que son de los más antiguos, los arqueólogos los llaman de la época preclásica, son tan antiguos que fueron habitados por más de 2 mil años, era una ciudad, era como una zona habitacional maya, entonces por el valor que tiene, la zona ha estado en constante vulnerabilidad justo por estar dentro de Mérida”, explicó Gamboa Estrella.
La defensora dijo que desde mayo las y los vecinos del lugar han visto entrar maquinaria pesada y aunque al principio permanecía abierto, la presencia constante de lugareños y prensa, llevaron a amurallarlo con láminas y ahora permanece completamente cerrado; sin embargo, se alcanzó a observar el derrumbe de árboles y vegetación del lugar.

Cabe señalar que de acuerdo con OXFAM en Voces de Vida. Defensoras de la tierra, detalla que los pueblos originarios, especialmente las mujeres indígenas, son quienes históricamente han defendido el territorio y la preservación del medio ambiente, ya que el 80 % de la biodiversidad mundial está en sus territorios.
«El cuidado del territorio y su ecosistema es una labor realizada principalmente por mujeres, cuyo trabajo de cuidados tiene un impacto global ya que, al proteger los recursos naturales de sus comunidades, contribuyen significativamente a la mitigación de la crisis climática en el mundo».
Gamboa detalló que sin información que transparente cuál es el destino de este sitio histórico, ni consultas a la población para saber si aprueban la construcción de algún proyecto, las y los vecinos van recopilando información a cuenta gotas. Ahora están en espera de la respuesta a una solicitud de información presentada el pasado 7 de mayo y dirigida al Ayuntamiento de Mérida, al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y al gobierno del estado.
“Cuando se construye en Mérida hay una obligación de poner una tabla de información afuera de la construcción y nosotros las y los vecinos buscamos esa tabla y no hay ninguna información, entonces lo que hicimos fue meter una solicitud de información al Ayuntamiento, al INAH y al gobierno del estado. Al Ayuntamiento porque es quien da las licencias para todo lo que tiene que ver con el uso de suelo y para construir”.

Gamboa Estrella dijo que en la búsqueda de respuestas este grupo de 40 vecinas y vecinos de la zona así como especialistas en biología y arqueología, acudieron en 2 ocasiones al INAH, pero las remitieron a la plataforma de transparencia; también lograron entrevistarse con la arqueóloga responsable de la zona sur y de Dzoyilá, maestra Eunice del Socorro Uc González, quien les expuso que la zona “ya está liberada”, lo que significa que como en el predio aparte del sitio arqueológico algunas zonas son terrenos de propiedad privada, los dueños de esa parte desde hace mucho tiempo insisten en construir porque les pertenece.
De acuerdo con la defensora, desde el 2006 existía el riesgo de que esto sucediera y si bien el INAH ha frenado las obras y no las había autorizado, como son propiedad privada los dueños tienen el derecho a hacer lo que quieran con su parte, por lo que los procedimientos que se tenían que hacer ante el INAH como salvamientos, perímetros de protección para que los edificios principales no tengan ninguna afectación, ya se hicieron y al liberar la zona, el particular ya puede ir con el Ayuntamiento y obtener una licencia para construir, que es lo que se presume, ocurrió.
“Para nosotras la zona maya es parte de nuestro patrimonio cultural y también advertimos que no se hizo una consulta. A mí me parece que tanto el Ayuntamiento como el INAH, no pensaron que este lugar tenía un valor patrimonial importante y una relación con la gente que vive ahí y ahí es el sur de Mérida, pero dentro de la Ciudad, como si en la ciudad las autoridades no tuvieran la obligación de hacer procesos de consulta”, expresó la defensora.
Piden que se reconozca como patrimonio biocultural
“Lo que estamos pidiendo es que se reconozca como patrimonio biolcultural y que por lo tanto, nosotras no estamos conformes con que se dejen, por así decirlo, las piezas principales o las piezas o las zonas restauradas y se destruya el entorno del lugar porque para nosotras todo el entorno, la vegetación los animales, los caminos, digamos todo el paisaje cultural hace parte de Dzoyilá. Estamos defendiendo toda la extensión del territorio aunque sea propiedad privada, que se convierta en un bien público y queremos que sea un parque que habría que definir con más comunidad de alrededor, cómo va a ser ese parque”.
Gamboa Estrella agregó que desde hace varios años ya se había trabajado un proyecto con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Universidad Autónoma de Yucatán, para que ese lugar se volviera un parque arqueológico o un ecoparque arqueológico en toda su extensión que incluía la construcción de un auditorio pequeño para dar talleres a infancias sobre arqueología, un hospital que rescatara la medicina tradicional y que al mismo tiempo ayudara a curar algunas enfermedades no graves de la gente del sur de Mérida, un restaurante donde habitantes de las comunidades pudieran vender comida típica y que al mismo tiempo reactivara la economía comunitaria del lugar, pero este proyecto no prosperó porque es propiedad privada y porque a decir de la defensora, no ha habido voluntad política pero tampoco se destinaron recursos económicos para darle a Dzoyilá el valor que realmente tiene.
Recursos legales
Gamboa Estrella explicó que actualmente preparan un amparo cuyo argumento principal es la afectación al patrimonio biocultural en toda su integralidad que no ha sido protegido porque no saben si se hicieron estudios hidrológicos, para saber cómo iba a afectar a la zona del sur la captación del agua; de la tala de esa parte de los árboles porque ese lugar era un pulmón verde para el sur de Mérida, por lo que debió analizarse qué tipo de árboles había para ver si no había típicos o tradicionales que están protegidos; también un estudio de impacto ambiental para saber si eso iba a afectar el clima de la zona.
Recordó también que este lugar ha sido un refugio para especies que están catalogadas como amenazadas según la SEMARNAT y la NOM 159, como los loritos de cabeza amarilla, los de cabeza blanca, el tolok (que es una iguana negra con espinas en la cola) y las zarigüeyas, que son la especie más amenazada con el despojo inmobiliario que hay en Yucatán. Todos ellos se están quedando sin lugar para habitar, por lo que el impacto no sólo es en la fauna sino en el refugio de estas especies.



En los últimos años en México, varios megaproyectos ferroviarios, de turismo y desarrollo inmobiliario, han alertado por el impacto que tienen en zonas consideradas como arqueológicas y de patrimonio cultural que amenazan la flora, fauna y todos los ecosistemas en distintos asentamientos.
La defensora no duda en el valor de este sitio: “fue habitado por nuestros ancestros, eran sus casas y ahí están todavía dispersos pequeños centros ceremoniales, también puedes encontrar los pozos o las cisternas que se utilizaban, todo ello con una antigüedad de más de 2 mil años, y ese mismo lugar sirvió para enterrar a los muertos. Entonces es muy delicado porque ahí están nuestros ancestros enterrados y ahí pretenden construir. Para nosotros es una gran falta de respeto”, concluyó.




