Ciudad de México.- De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) Mujeres, en pleno 2026, algo que ha permanecido inmutable en los últimos 150 años son las revisiones ginecológicas, esto señala un rezago de más de un siglo frente a las mujeres, de parte de la ciencia y la tecnología, quienes poco se han detenido a actualizar el instrumental y la posición en que las mujeres viven sus exámenes médicos aceptando la introducción de aparatos en la vagina que pueden provocan dolor, incomodidad, rechazo, tensión muscular, ansiedad, miedo, vergüenza y hasta traumas.
Es decir, hoy en pleno 2026 cuando el mundo ha vivido revoluciones tecnológicas a través de las cuales se ha logrado comunicar todas las latitudes en tiempo real, automatizar decisiones a través de la inteligencia artificial, manipular el ADN, erradicar enfermedades a través de la medicina moderna, vivir una carrera aeroespacial, a las mujeres las siguen revisando ginecológicamente igual que lo hacían en 1876.
Hay que decir que en 1876, Porfirio Díaz proclamó el Plan de Tuxtepec, iniciando la era del Porfiriato. En ese año Alexander Graham Bell patentó el teléfono. Fue el fin de la reconstrucción tras la Guerra Civil en Estados Unidos. Se consolidaron ideas de Charles Darwin.
A lo largo de este tiempo, lo cierto es que han sido las mujeres quienes han producido algunas opciones alternas a las ya conocidas, no obstante, en la mayoría de las consultas ginecológicas se sigue utilizando el espéculo tradicional.
Además del tiempo, se suman barreras financieras para continuar con la investigación sobre la salud de las mujeres, pues de acuerdo con la Task Force Interamenricana solo el 1% de los fondos destinados a la investigación sanitaria se enfoca en afectaciones específicas de las mujeres.
Una prueba de ello es que el diseño del espéculo, la herramienta usada en exámenes pélvicos, es casi idéntico al que se utilizó por primera vez en el siglo XIX y aunque se han creado otras alternativas menos dolorosas, la organización apunta que el cambio y adopción de éstas es lento.
La investigación «Consideraciones históricas sobre la evolución de la ginecología» apunta que debido a que la disección de cadáveres no estuvo permitida en la antigüedad por razones religiosas y de higiene, la información sobre la estructura de los genitales humanos no era del todo conocida, la mayoría de las veces se basaban en estudios de animales. Esto permaneció así hasta que los dibujos de Leonardo Da Vinci sobre la anatomía humana en el Renacimiento impulsaron un cambio en la investigación de los cuerpos humanos.
Es así que comienza la construcción del espéculo, el cual está estrechamente vinculado con la historia de la ginecología.
Aunque ya era una herramienta utilizada por los egipcios y hebreos bajo otras formas y nombres, el profesor Jean Astruc de la escuela de médica en París lo reintrodujo en 1761, hasta que el norteamericano Marion Sims presentó un nuevo diseño en forma de pico de pato generando el diseño que conocemos ahora y lo que le dio una colonialidad en los cuerpos de las mujeres al nombrarlo como «el padre de la ginecología».
Sin embargo, para llegar a este resultado Marion Sims llegó a practicar con ese instrumento en el cuerpo de las mujeres esclavas que tenía prisioneras detrás de su hospital y sin el uso de la anestesia.
El diseño nació tras el uso de dos cucharas que fueron introducidas en el canal vaginal de estas mujeres para separar sus paredes y observar mejor, de forma que, históricamente su uso ha sido empleado de forma violenta hasta nuestros días.
El espéculo está compuesto por valvas, es decir, un mecanismo de apertura y un mango que permite separar y mantener abiertas las paredes de una cavidad vaginal para realizar una observación pélvica. La investigación apunta que, el espéculo de Sims no fue construido para que ambas valvas se introdujeran en la vagina, sino que se hacía solo en un extremo mientras que el otros servían de agarradera o manija.

Crédito: Canva
Además, las mujeres eran colocadas en posición genupectoral, consiste en que la mujer se coloca boca abajo, apoyando su peso sobre las rodillas y pecho, mientras coloca su cabeza en la camilla o superficie. Hasta que Marion Sims comenzó a usar una posición lateral que fuera cómoda para el examinador y la paciente.
A lo largo de su historia, el espéculo sufrió varias modificaciones, por ejemplo, se hicieron prototipos con tres o hasta cuatro valvas, en 1855 se inventó un cilindro de cristal para la inspección vaginal interna ampliada, se modificó el propio modelo de Marion Sims para agregar un mango con peso para facilitar al operador la práctica de maniobras dentro de la cavidad vaginal, y surgió un modelo de tipo telescopio cuyas funciones se asemejaban a un efecto de zoom.
No obstante, estas modificaciones se hicieron desde una mirada masculinizada pensada solo en mejorar la maniobra del personal médico y no en la comodidad de las mujeres. Se trata de una costumbre que permanece hasta el Siglo XXI, pues aún genera dolor e incomodidad.
La reciente investigación de Adriana Izcara, egresada de la Facultad de Ingeniería de Diseño Industrial de la TU Delft, en los Países Bajos, junto con su supervisora Tamara Hoveling, arrojó que entre el 30% y el 35% de las mujeres experimentan dolor durante los exámenes ginecológicos y esto es relacionado con el uso del espéculo.
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El rediseño del espéculo por mujeres
Ya han sido varias mujeres quienes han logrado rediseñar el espéculo de una forma que no provoca dolor o incomodidad. Desde San Francisco, cuatro mujeres llamadas Sahana Kumar, Hailey Stewart, Rachel Hobart y Fran Wang crearon el espéculo llamado Yona. Lo lograron después de compartir varias experiencias incomodas sobre sus visitas al ginecólogo y su ansiedad cuando el instrumento era empleado en ellas.
De acuerdo con su sitio web, su diseño está compuesto de tres hojas que proporcionan un campo de visión claro sin abrir el espéculo a los anchos, tiene la capacidad de proporcionar espacio entre la mano del proveedor y la mesa de examen, cuenta con un botón de pulsar el pulgar para bloquear y desbloquear la posición, no cuenta con tornillos visibles que pellizquen, es de acero inoxidable cubierto por silicona autoclavable reduciendo el frío y dolor, y posee una luz.

Recientemente, en 2025 desde los Países Bajos, Adriana Izcara, egresada de la Facultad de Ingeniería de Diseño Industrial de la TU Delft, en los Países Bajos, junto con su supervisora Tamara Hoveling trabajaron en un dispositivo elaborado con caucho TPV semi flexible de grado médico al que denominaron Lilium. Su material permite la resistencia necesaria para soportar la presión de las paredes vaginales y da pie a la flexibilidad para abrir suavemente sus pétalos.
Lilium consta de dos componentes: uno con tres pétalos, que remiten a la forma de una flor, y otro en forma de tubo que facilita su apertura. Puede ser utilizado de dos formas, por autoinserción, similar a la colocación de un tampón, o por un profesional de la salud.
Gracias a la retroalimentación de enfermeras y médicas, se concluyó que Lilium mejora la visualización del cuello uterino y facilita su uso, ya que, a diferencia del espéculo tradicional, no es necesario usar los dedos para abrir ligeramente las paredes vaginales y reducir la incomodidad de la paciente. Otro punto en su favor es su diseño sostenible: es reutilizable y compatible con desinfección de alto nivel a diferencia del espéculo convencional.
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En México también se han creado alternativas, por ejemplo, en 2022, Cimacnoticias conversó con Adriana Rosales Dávila egresada de Diseño Industrial de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco quien para titularse creó un espéculo que fuera útil para las mujeres denominado Ninfem, su nombre es debido a las ninfas de la mitología griega.
La historia dice que una de las ninfas, Eco –quien estaba enamorada de su propia voz– fue castigada por la diosa Hera, quien la condenó a repetir la última palabra que escuchaba de los demás y a no poder hablar o pronunciar ninguna otra cosa. Para Adriana Rosales Dávila su producto es nombrado Ninfem por su intención de «devolverle la voz» y la comodidad a las mujeres para cuidar su propio cuerpo.
El diseño cilíndrico de Ninfem está inspirado en la forma de la copa menstrual, la cual se dobla para poder introducirse y luego adopta la forma del canal vaginal. De hecho, al igual que la copa, el espejo diseñado por Rosales Dávila está fabricado con silicón de grado médico, un material más amigable al tacto y con una temperatura ambiente.
La creación de la diseñadora cuenta con dos barras de acero inoxidable que no entran en contacto directo con la vagina, pues están “ahogadas” dentro del silicón. Estas barras tienen la rigidez necesaria para poder dar soporte al cilindro del espejo durante la exploración sin provocar una sensación incómoda en las pacientes.

Para ONU Mujeres, mientras no se repiense la forma en que ocurren las consultas ginecológicas y se investiguen a profundidad la salud de las mujeres, no solo habrá un progreso lento, sino que el sistema de salud se verá limitado para atenderlas.




