La tristeza embarga a Maribel (nombre ficticio para proteger su identidad). Recuerda su tierra mexicana, la muerte de su mamá y la depresión postparto que vivió. A pesar de la crisis migratoria que se vive en Estados Unidos, ella iniciará los trámites para solicitar su residencia.
Maribel llegó a los Estados Unidos hace 22 años. Salió junto con su esposo de su «pueblito» en Oaxaca. Muy retirado de la capital. Migró y dejó México «por necesidad, por la pobreza». Aspira el retorno a casa.
Maribel forma parte de la comunidad migrante mexicana en Estados Unidos que no tienen documentos de estancia legal. A principios del 2026, las estimaciones sugieren que la población indocumentada total en en ese país supera los 13 a 14 millones de personas. Datos del Centro de Estudios de Migración (Center for Migration Studies, CMS) indican que las mujeres representaban aproximadamente el 46% de ese total.
—Soy de un pueblito muy chiquito. Quien trabaja en el campo gana sólo 80 pesos al día. En el 2004 apenas nos estaban poniendo el drenaje. No había escuelas para seguir estudiando, no teníamos oportunidades. Y además me casaron a los 16 años y migré junto con él.
Maribel y su esposo. Cruzaron por el desierto.
—Pagamos más dinero para que no camináramos. Llegamos a través de carros y sólo caminamos media hora. Y así llegamos hasta Phoenix, Arizona. De ahí tomamos el avión para Nueva York. Antes, no había problema para viajar en avión. No te pedían nada de papeles. Relativamente no costó tanto. La pasada, como le señalan a cruzar la línea fronteriza, les costó cuatro mil dólares por persona.
—¿Cómo consiguió el dinero?
—En el pueblo todos somos muy unidos. Lo consigues con un conocido o primo. Se hace ‘el favor’. Cuando alguien se va a venir (USA), empiezan a llamar. Por ejemplo, me voy a traer a mi primo, a mi hermano. ‘Hazme el favor, préstame tanto’, Y como ya te conocen que eres del mismo pueblito, pues te prestan. Así se hace, porque si alguien te hace ‘el favor’ tú estás en deuda con esa persona. Porque cuando él necesite, tienes que devolver ‘el favor’.
—¿Se ayudan?
—Sí, y así se fue haciendo la cadenita y ahora ese pueblito es ahora una pequeña ciudad. Todos fueron trayendo gente y todos se han venido y ahora tienen sus casas de dos pisos. Pavimentaron las calles, además de que están bien limpias. Tienen luz y todo. Todo mundo tiene carro, taxis. Ahora ya están bien.
Maribel resalta que —toda la gente ya tiene su casa con baño adentro y teléfono. Antes poquitas casas tenían lavadora, refrigerador y televisor a color. Esa era la casa del maestro. En mi casa no había televisor. Recordó.
Poco a poco se vio el progreso del pueblo, gracias al envío de remesas.
«El ingreso por remesas tiene un efecto positivo en la economía mexicana, al aliviar la restricción de presupuesto de millones de familias receptoras y reducir sus niveles de pobreza. Las remesas permiten que dichas familias alcancen un nivel de vida más elevado, contribuyendo al financiamiento de su gasto en bienes de consumo, educación, salud, vivienda y, en algunos casos, de inversión en negocios familiares». Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos (CEMLA).
El mismo Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos, señaló que en el caso de las remesas enviadas por hombres como por mujeres, el principal grupo beneficiario de esas transferencias son mujeres. En el caso de las remesas enviadas por mujeres son otras mujeres las beneficiarias. Tales receptoras estarían integradas principalmente por madres de las remitentes, hermanas y posiblemente hijas.
— Ya puedes ver que las y los niños tienen zapatos y sus mochilas. Antes, cuando yo estudié la primaria, sufrimos carencias. Íbamos a la escuela con esas sandalias de pata de gallo y con bolsitas de plástico. Ahí llevábamos nuestros cuadernos. A mi me tocó el cuaderno que dejaba mi hermano y yo lo reciclaba. Eramos muy pobres.
A Maribel le tocó ayudar a dos sobrinas y a su hermano para que pudieran cruzar la frontera de México con Estados Unidos.
Maribel retoma su cruce de México a USA:— Nosotros éramos 12 y yo la única mujer.
Le llamaron a todos los de acá para que respondieran por el dinero. Y así se podía venir la gente. Porque tienes palabra de que si tu no puedes pagar, tu familia o tu padre se tiene que hacer cargo de la deuda. El dinero no es perdido. En el pueblo todos nos conocemos.
¿Así se hace en todo Oaxaca?
Sí, y a mi me encanta mucho mi pueblo. Mi pueblito está reconocido como indígena. Somos mixtecos de la costa. Muy unidos y protectores con la gente. Muy protectores. Antes, me acuerdo, que si mi mamá mataba una gallina, le compartía un plato de comida a la vecina.
Y la vecina, aveces tenía frijolitos refritos o salcita con huevo. Recibía el plato de mi mamá y lo vaciaba. Lavaba el plato y le ponía lo que había hecho y se lo devolvía. Era como un trueque. Bien bonito. Al igual que cuando alguien tiene un compromiso o cumpleaños. Se pasa la voz y ya toda la gente va. Dos días antes de la festividad, llevamos un kilo de azúcar, de café, leña. En caso de no contar con recursos, la vecina ayuda con las labores de cuidado, lava o echa tortillas.
Maribel en estas dos décadas no ha podido regresar a Oaxaca.
Ahora las formas han cambiado en su pueblo. Cuando toca festividad. La comunidad llega y cada quien le da 500 pesos a la quinceañera o la festejada. Ya no llevan azúcar y eso. Ahora dan dinero. La de la fiesta se sienta con una libreta. Recibe y apunta la cantidad. Para que cuando le toque a esa persona, lo va a devolver. Todo se regresa. Así se acostumbra ahora.
—Sí, quiere vivir allá. Porque allá, además de que comen bien, todo natural, todo fresco. La gente es muy especial con ella. Muy amorosa.
—El pueblo muy unido, ¿verdad?
—Sí, cuando hay necesidad de arreglar una obra o calles. Se hace el anuncio en la tarde se convoca a todos y todos a trabajar; calles, tubería, escuela, todo. Además, cuentan con un comité de salud que pasa a revisar cada fin de semana, las calles que estén limpias. Que no tengan estancamiento de aguas. Pues, cuando llueve, para evitar los zancudos. Y quien tenga estancamiento de agua, lo multan.
Oaxaca es un estado con una alta tasa de emigración internacional y nacional. Datos del Gobierno de México, consolidan a la entidad como uno de los principales estados expulsores de su población y con alta migración hacia Estados Unidos.
Maribel indica que ella se iría a su pueblo “encantada” si tuviera esa opción.
El gobierno
¿Qué opina de Trump?
—No soy ciudadana, pero si hubiera sido ciudadana, no hubiera votado por Trump.
—¿Por qué?
Porque considero que es una persona que no muestra empatía hacia los demás. No se preocupa por las personas, no le duele. A veces siento de que lamentablemente, así son algunas personas. Yo digo que está bien que limpie su país. Es verdad que uno viene ilegal. Pero habemos personas de bien. Es cierto que cometimos un error en venir de manera ilegal, pero nadie sabe las historias del porqué. Habemos personas buenas que solo cometimos ese error porque no tuvimos otra opción. Ninguna alternativa, debido a la pobreza.
Nadie que dijera: “aplícate para una visa”. En México es bien difícil que te den una visa si no muestras tus ingresos. Y fíjese que llegamos a este país, así como yo; se viene a trabajar a salir adelante. Se viene por la necesidad que estamos viviendo y sufriendo allá en nuestro país, la pobreza.
Y hasta en eso, hemos pagado impuestos. Yo llevo 20 años viviendo aquí. Hemos pagado impuestos. Mi esposo, trabaja y paga los taxes (impuestos).
Sabemos que no debemos de abusar del sistema. En su momento me ofrecieron los programas sociales cuando estaba embarazada. Y lo acepté. Miraba que pedían muchos requisitos. Cada seis meses ingresos. Lo dejé. Nosotros estamos acostumbrados a depender de nosotros solos. Preferible de comer y vivir al día que estar dependiendo del gobierno.
—Cuando dice Trump, que son criminales. ¿Qué piensa?
—Que no, que él nos mete a todos en el mismo paquete, por el hecho de venir aquí. No somos todos así. Es cierto. Como todo hay gente mala y viene a este país escondiéndose. Posiblemente cometieron un delito. Y yo digo que si él fuera un poquito más razonable, más justo lo haría diferente.
Está bien que limpie su país. Que saque a esa gente. Pero que averigüe sus récords. Su historial y si tiene las pruebas de que es gente mala, que la saque. Que se castigue. Estamos mucha gente que requerimos que nos dé la oportunidad de ayudar a legalizar. Nadie estaría ilegal si nos dieran la oportunidad de contar con permisos de trabajo.
—¿Qué piensa del dinero?
—El dinero no es la felicidad completa. Me gusta el estilo de vida que mis hijas tienen aquí, comparado con Oaxaca. La entidad tiene muchas riquezas naturales pero no la educación y salud que hay aquí (Estados Unidos).
Las escuelas en mi pueblito necesitan más. Un solo maestro dando dos o tres grados. Están muy bajos en cuestión de educación.
—¿Si mejora México se regresa?
—Sí.
Maribel no habla muy bien el inglés, más se defiende y lo que lamenta es el no hablar mixteco. En su casa, en su pueblo, sus papás le hablaban en español. Sus hijas tampoco lo hablan aún y cuando su esposo sí lo habla.
—¿Ha sufrido racismo?
—No, yo no he tenido ese problema. Nadie me ha dado ese trato. Siempre estoy al lado de gente muy buena.
Doble jornada
A principios de este año Maribel se vio obligada a conseguir trabajo fuera de casa para completar para los gastos. El salario de su esposo ya no es suficiente.
La connacional mexicana, originaria de Oaxaca, trabaja en una lavandería de seis de la mañana con horario corrido y descansa martes y sábado
—A veces salgo a las seis, otras a las tres o cuatro de la tarde. Todo depende de qué tantos pedidos tengo.
La lavandería cuenta con otra persona, quien cubre el turno de la tarde.
—¿Te dejan propia?
—Sí claro, me dejan cinco, diez y cuando me va bien el cliente me da hasta 18 dólares.
A ese establecimiento llega gente de todos los países. Quien llega a dejar su ropa, tienen buenos trabajos. Pueden pagar. Explica Maribel.
—¿Cuánto le pagan?
—Me aumentaron a 16 dólares la hora. Empecé ganando 15. Antes no había pedidos en la mañana. Desde que entré ahora hay muchísimos.
A todos los clientes les ofrece el servicio de lavado y doblado. Hoy hice 5 órdenes de 120 libras. Bastante.
Se da cuanta la manager. Y me dijo:— le voy a subir a 16, pero no le digas a nadie.
Yo estuve muchos años sin trabajar fuera de casa. Estuve con labores de cuidado en el hogar y así se trabaja mucho y sin paga. Se lava, plancha, arregla, barre, cocina, trapea y el cuidado de los niños y del esposo. No descansa una. Ahora no me da tiempo de mantener la casa.
Maribel es casada con cuatro hijas. Dos ya mayores y dos niñas.

El dinero ya no alcanza, por eso empecé a trabajar. No salíamos con lo que gana mi esposo. La renta son como dos mil dólares, incluyendo la electricidad y el agua caliente. Está difícil. A la semana son otros 260 dólares tan solo de comida. Trato de no pasarme.
Maribel busca las ofertas de alimentos en diferentes tiendas. Y al hablar de los gastos de vestido y calzado, aclara: —No compro mucho. He educado a mis hijas como me educaron a mi. Mis hijas estrenan 2 veces al año. Las grandes ya no crecen. Y la chicas. Cada seis meses compro dos pares de zapatos. Un par de zapatos y unos tenis. Para la escuela. Estamos hablando de unos 300 dólares al año.
El trabajo de Maribel está a seis minutos en carro de su casa. Maneja y comparte un carro con su hija la mayor quien ya no estudia. Tiene un trabajo de medio tiempo.
—¿Es más difícil su vida con el actual presidente, Donald Trump?
—Sí, porque todo ha subido mucho. Especialmente las rentas. Todo en general.
Salud mental
—¿En este país ha sufrido de tristeza? ¿Extraña su pueblo, su familia?
—Al principio sí. Yo soy la más pequeña de ocho hermanos. Allá en el pueblito todos te cobijan. Todos son protectores. Todos te cuidan. Al ser la más pequeña. Me acostumbré a hablar todos los días con mi mamá. Y al año que llegué mi mamá murió de una enfermedad crónica, del asma. Sus pulmones estaban muy dañados. Y como mi bebé tenía cuatro meses de nacida, se me desencadenó depresión postparto En este país estaba yo sola. Sin familia, sin nadie. Siempre estaba sola. Y eso me afectó mucho.
Maribel rememoró sus días familiares en su pueblito. Resaltando la gran diferencia que se presenta en este país. Totalmente opuestos.
—Por eso mi hija cuando fue allá, dijo: “mamá allá me iba a casa de una señora que no conocía me decía: —ahorita te voy a hacer unos huesitos. Pásate, siéntate. Otra señora ofrecía cocos”. Te tratan como si fueras alguien super especial.
— Aquí cada quien está en su mundo. Yo ni tiempo tengo de estar en la casa, ¿ve?
—¿Sigue cocinando comida mexicana?
—Sí, de lunes a viernes cocino y los fines de semana no.
—¿Cuenta con servicio médico?
—Tenemos una clínica que te dan descuento como inmigrante. Cuentan con especialistas en ginecología o psicología. Te cobran 30 dólares por la consulta y te dan receta y tú compras las medicinas.
—¿Ahí fue donde la atendieron de su depresión?
—Sí, me pusieron con un psicólogo. Aquí me siento muy tranquila por la atención de salud. Dan solución y ayuda. Aunque después tú pagues. Te dan el remedio y la solución.
—¿Va a sacar papeles, ahora que su hija es mayor de edad?
—Sí, es también que por eso estoy trabajando. El proceso sale caro. Y nuestros ahorros los hemos estado invirtiendo, comprando propiedades en México.
Invertimos en una casa en Huatulco a unos 15 minutos de esa zona turística. Ahora mi meta es este año meter mis papeles. Con mi hija de 21 años dicen que ya se puede arreglar. En dos años me voy. Nos vamos para México. Ya tengo en México mi casa y algunas cosas.
Si no se me arregla mi estatus, sí me voy.
—¿A qué se dedicará en México?
Voy a poner un negocio. Un spa. Dos sobrinas ya están estudiando cosmetología y otra corte de pelo.
Espero y no se complique lo de mis papeles. Aunque quién sabe, con este presidente todo puede pasar. Es difícil que te den papeles.
Veremos qué pasa, concluyó Maribel.




